Dice Soraya Bayuelo

“No se puede pedir perdón por obligación”: líder de víctimas

La líder de víctimas de los Montes de María asegura que una vez se dé el acuerdo final con las Farc, el reto será atender las regiones en donde históricamente se ha desarrollado la guerra.

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Soraya Bayuelo, líder de víctimas de los Montes de María.
Soraya Bayuelo, líder de víctimas de los Montes de María.
Archivo El Espectador

Soraya Bayuelo se ha convertido en los últimos años en una de las líderes de víctimas más destacadas de una región en la que el conflicto armado estuvo enquistado por décadas: los Montes de María. Su lucha es la consecuencia de dos experiencias trágicas que la convirtieron a ella y a su familia en afectados directos de la violencia.

En julio de 1998 su hermano, Milton Bayuelo, murió en una de las masacres perpetradas por estructuras de las autodefensas en Carmen de Bolívar. Dos años después, en agosto de 2000, su sobrina tuvo un final trágico al estallar un artefacto explosivo que el frente 37 de las Farc había puesto en una ferretería de la plaza principal del Carmen de Bolívar. Soraya se dedicó a trabajar para darles voz a las víctimas a través del Colectivo de Comunicaciones Montes de María, con el que, en 2003, ganó el Premio Nacional de Paz. Además, el año pasado hizo parte de una de las delegaciones de víctimas que viajó a La Habana (Cuba) para reunirse con los equipos negociadores.

En entrevista con El Espectador habla de la importancia de la reparación integral y de los retos de cara al posconflicto.

 

¿Qué sensación le queda tras conocer el acuerdo sobre víctimas?

Lo saludo con mucha alegría. Siempre he sido optimista respecto a lo que se está haciendo en Cuba y le voy a apostar cien por ciento. En los Montes de María, desde nuestra labor, vamos a apoyar el proceso.

¿Siente que lo pactado cumple las expectativas?

Destaco que se haya cerrado el punto de las víctimas y sobre todo que haya quedado establecida la creación de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad porque en últimas de eso se trata todo, de obtener verdad. Por eso es importante la escogencia de quienes la integrarán, porque debe ser una comisión éticamente bien conformada. Y eso debe servir para que todos los actores que ayudaron a hacer esta guerra injusta se animen a decir la verdad. Si hay verdad hay justicia y si hay justicia hay reparación.

En el acuerdo se habla de medidas de reparación integral ¿cree que las propuestas son satisfactorias?

Más allá de la reparación económica, debe haber una reparación simbólica que ayude a reconstruir el imaginario colectivo y a desestigmatizar los territorios que, como los Montes de María, son vistos únicamente como zonas de conflicto. Esa es una reparación integral.

Qué papel jugarían entonces los actos de perdón público que tanto Gobierno como Farc acordaron realizar…

Yo trabajo en temas de reparación simbólica y sé lo valioso que es eso para las víctimas. Sin embargo no puede ser un perdón obligado, un simple cumplimiento. Para que sea significativo y se produzca una reparación integral debe ser un perdón sincero, ético y sobre todo político para no seguir revictimizando. Yo sí creo en lo simbólico, los perdones se tienen que vivir en conjunto. Si están arrepentidos deben decir primero toda la verdad.

¿Cuál es el rol de las víctimas en ese caso?

Estamos dispuestos a contribuir en esa reconciliación porque si no lo hacemos vamos a seguir en las mismas por décadas. Sin embargo, hay que entender que la firma de un acuerdo con las Farc no significa la inmediata consecución de la paz. Los conflictos en Colombia van a seguir mientras no se resuelvan los problemas sociales, de pobreza y miseria que se viven en muchos territorios, sobre todo en aquellos que vivieron la guerra. Hay que pensar en cómo se puede reconstruir de nuevo todo eso.

¿Cuáles son los principales puntos que destaca del acuerdo firmado?

Me parece importante el tema de la jurisdicción especial para la paz y las comisiones que se encargarán de obtener el máximo de justicia para que crímenes de lesa humanidad no queden en la impunidad. Sin embargo, en este país de leyes la preocupación es que eso en realidad se cumpla. Nosotros, las víctimas, vamos a ser veedores y le haremos seguimiento a todo.

¿En qué cree que se deben invertir esfuerzos para que lo acordado sea una realidad?

Yo creo que se debe bajar la corrupción para que se pueda empezar a invertir en los territorios más afectados por el conflicto armado y se dé una transformación real de lo que la guerra devastó. Pero todo lo que ha pasado, lo que se ha hecho, lo veo con optimismo.

¿Cuál será el mayor aporte de las víctimas en un escenario posacuerdo?

Nosotros, a pesar de haber sido golpeados por la injusticia de la guerra le apostamos a la paz, y la estamos construyendo día a día desde las regiones y los territorios. Este es el primer proceso de paz en Colombia que tiene como eje central a las víctimas, y eso es un gran avance. Y si nosotros, quienes sufrimos el conflicto en carne propia, le estamos apostando a este proceso, pues todos los sectores de la sociedad deberían poder hacerlo también. Ya pusimos la cuota de muertos, de devastación y llanto y somos los que estamos llevando la bandera de la paz.