Dice que es un indígena urbano

Un juez wayuu para la paz

Juan José Cantillo es la cuota de los wayuu en la Jurisdicción Especial para la Paz. Fue el primer coordinador del equipo de defensores públicos que asistió a las víctimas que querían participar en los procesos de Justicia y Paz.

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Juan José Cantillo Pushaina. / Departamento Administrativo para la Prosperidad Social

Juan José Cantillo Pushaina es lo que hoy llaman un indígena urbano. Es decir, un indígena que se adaptó a las ciudades sin olvidar sus costumbres y tradiciones. “Yo soy wayuu, de la comunidad shooin en la Alta Guajira y nacido en Manaure. Respeto mis usos y costumbres, a pesar de esa urbanidad que tengo”, le dijo a este diario el nuevo magistrado de las salas de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).  Es uno de los cuatro representantes de las comunidades indígenas en el sistema de justicia transicional y cree que su arraigo cultural no fue su único mérito para entrar a este selecto grupo de jueces, sino que además reúne todas las capacidades y méritos.

Cantillo sostuvo que su carrera como abogado defensor de derechos humanos la ha construido a pulso y sus puestos se los ha ganado por concurso de méritos. En 2001 fue escogido como defensor público en La Guajira y en 2005 llegó a Bogotá. Ahí tuvo, según él, la experiencia que le da las credenciales para ser magistrado de la JEP: coordinar en la Defensoría del Pueblo la defensa de las víctimas de Justicia y Paz.  “Empecé a cambiar el chip. No se podía entender la justicia transicional de la misma forma que el derecho penal tradicional. Teníamos que pensar más allá de la justicia retributiva para buscar la restauración del daño”, manifestó el wayuu.  

Para Cantillo ese proceso permitió tener las bases para construir la JEP. Insistió en que había que continuar con lo hecho hace más de 10 años: descentralizar la justicia y llegar a los territorios. “Entendimos que la representación de víctimas no podía hacer desde Bogotá. Capacitamos a los abogados con organizaciones como la ICTJ y la Comisión Colombiana de Juristas. Y para 2010 me enviaron a Guaviare e hice el mismo proceso hasta 2013. Era necesario llegar a los territorios donde no había presencia estatal y eso me mostró la realidad del conflicto. Hay que mejorar ese acercamiento en la JEP”.

El nuevo magistrado agregó: “Se requiere que las víctimas deben sentir que la verdad se conoce plenamente y que existe justicia. Deben sentir que están siendo reparadas. Las sentencias de Justicia y Paz, frente al tema de la reparación, son muy problemáticas. Eso no se puede repetir con la JEP. Además, el enfoque étnico es importante porque la diversidad étnica y cultural son derechos protegidos por la constitución. El respeto empieza con el reconocimiento del otro, que existe otra visión y otros comportamientos, otros usos y costumbres y otros sistemas de justicia”.

Una de las experiencias que más marcaron a Cantillo fue haber trabajado con el Comité de la Cruz Roja Internacional (CICR) en terreno. Según él, es un organismo que demostró la necesidad de trabajar de forma imparcial para tener garantía de éxito. “Me relacioné con ellos y me mostraron que hay que llegar a todos los lugares donde las personas no tienen la protección del Estado. Descentralizar la defensa pública es permitirles a las víctimas que puedan acceder a la justicia y la verdad”.

Frente a los problemas que se puedan presentar entre la justicia indígena y la JEP manifestó que lo más importante es mantener un diálogo intercultural, “en el que se evalúe la gravedad del daño ocasionado, las violaciones a derechos humanos que se cometieron y la determinación de conductas punibles contra los miembros de comunidades. La teoría de los derechos humanos no se mueve en la universalidad, sino que ahora se mueve en la unidiversalidad para poder reconocer al otro”

Finalmente, explicó que en la cultura wayuu no hay jerarquías y existe la figura del “palabrero”, la persona designada para intervenir cuando existen conflictos entre castas, clanes y familias. “Ese ‘palabrero’ se convierte en instrumento para que no exista conflicto y se mantenga paz estable y duradera entre los wayuu, como lo propone el acuerdo de paz. Eso me da una visión mucho más amplia de la justicia transicional”.