“En las redes me decían que me había autosecuestrado”: Consuelo González ante la JEP

Este jueves también rindió testimonio Jorge Eduardo Géchem, quien fue secuestrado en 2002. “Me hicieron sentir como en los peores campos de concentración”.

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Consuelo González de Perdomo en compañía de su hija, Patricia Helena Perdomo, durante la diligencia ante la Sala de Reconocimiento, Verdad y Responsabilidad de la JEP.

Al hablar de uno de los momentos más difíciles de su vida ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), Consuelo González no duda en recordar el 10 de septiembre de 2001, cuando fue secuestrada por las Farc. Ese día, cuando transitaba por la vía Pitalito-Neiva (Huila), un grupo de hombres que pertenecía a las milicias urbanas de esa guerrilla interceptaron el vehículo en el que se movilizaba y, con granadas y armas de fuego en mano, la redujeron y le vendaron los ojos. En ese momento inició el viacrucis de su secuestro que se prolongó hasta el 10 de enero de 2008.  “Doce días después del secuestro de Orlando Beltrán se presenta mi secuestro”.

Esa noche estuvo custodiada por una guerrillera en una habitación, y al día siguiente, luego de haber sido transportada en distintos vehículos, le dijeron que la necesitaba el jefe de esos sujetos, a quien llamaron el camarada Jorge Briceño (el Mono Jojoy).  Emprendió una travesía selva adentro durante horas.  “Hasta que llegamos a un sitio en el que me acomodan en un cambuche con un plástico en el suelo y me encadenan de un tobillo a un árbol y me dicen que tengo que esperar hasta el otro día a que llegue el señor Jorge Briceño”.

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Asegura que no sabía qué había hecho para pasar por esas circunstancias. No paraba de llorar. Y desde el primer día, cuando reclamó un poco de intimidad para ir al baño le respondió el grupo de guerrilleros que la vigilaba: “Claro, puede ir al baño, pero con nosotros cinco”. González de Perdomo no se sintió capaz de ir y, a partir de ese momento, empezó a sentir cómo se vulneraba su dignidad humana. Intentó aguantar, era imposible.

Discurrieron dos horas hasta el Mono Jojoy apareció en el campamento acompañado de un ejército de acompañantes. “Me notifica que mi secuestro es político, que van a seguir cogiendo políticos porque el Estado no le puso atención al tema de los militares y policías, que si con el secuestro de parlamentarios se mueven”.

-¿Cuál fue la razón para pensar en mí?, le preguntó a Jojoy.

-Usted hace parte del establecimiento.

-Yo no hago parte del establecimiento. Yo tengo una representación popular de mi departamento en la Cámara.

-De todas maneras, usted sale de aquí cuando haya un hecho político, que es lograr el intercambio humanitario.

Jojoy afirmó que podía estar secuestrada durante tres meses si se llegaba a un acuerdo humanitario o hasta 20 años. “Sentí hundirme…”. En ese instante escuchó por primera vez lo que la guerrilla llamaba “la cárcel del pueblo”, es decir los encerramientos con alambres de púas, denominados campos de concentración, que instaló al interior de la selva para tener secuestrados a los ciudadanos.

-¿Por qué a la cárcel si no he cometido ningún delito?

-Se va a la cárcel del pueblo.

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Allí estaban los militares y policías en compañía Alan Jara y Orlando Beltrán. En caso de que contemplara la posibilidad de escapar, Jojoy le recordó que la única opción era pegarle un tiro. “Lloré las 24 horas del día. Lloraba porque no sabía el desenlace, porque me angustiaba y me dolía profundamente el dolor de mis hijas. Me dolía más eso que mi mismo dolor”.

Se vio obligada a acostumbrarse a las dinámicas de la cárcel. A bañarse en compañía de otros secuestrados, a comer sin cubiertos, a alimentarse a diario con lentejas y agua, a no tener medicamentos. “Nos visitaba Grannobles (Noé Suárez Rojas), una persona totalmente dura, cínica y violenta con todos. Pero con nosotros los políticos era impresionantemente duro (…) Las Farc propiciaron la cosificación de los colombianos para utilizar al ser humano como un elemento de financiación de la guerra”.

Dijo que a mucha gente ajena al conflicto se les hubiera podido evitar su muerte si el Estado se hubiese sentado con la guerrilla a pensar una salida humanitaria. “No hubiéramos perdido gente tan valiosa como la que murió en Urrao (Antioquia); no hubiéramos perdido a los diputados del Valle, quienes estarían en su tarea política; no hubiéramos perdido policías”.

El miedo era permanente. Si había un intento de fuga, un intento de rescate, la orden era fusilarlos. Pero el miedo iba más allá, porque también sufrieron los rigores de la guerra. Sintieron los bombardeos encima de sus cabezas y fueron testigos de permanente tiroteos. Por eso, pide que los victimarios no sean el centro del proceso: “La víctima debe juzgar su propia historia”.

Aunque logró ser recibida en las selvas del Guaviare por una comisión internacional que la llevó hasta Venezuela, cuando se reencontró con la sociedad se dio cuenta que sobre sus hombros pesaban cuestionamientos sobre lo que había vivido. “Eso, porque no salí arrastrándome, lisiada. Pero como ya existían las redes sociales, recibí correos en los que se me decía que me había autosecuestrado y que había estado en la selva aprendiendo a hacer bombas. Pero, además, que era la amante de los señores de la cúpula de las Farc. Por Dios. Una sociedad con algunos elementos que piensan de esa manera…ante una víctima que tuvo que enfrentar lo que afortunadamente mucha gente no ha tenido que hacer”.

Para González de Perdomo, esta es la oportunidad para que los guerrilleros reconozcan su responsabilidad y para que rindan cuentas sobre los desaparecidos. “También es la oportunidad para que los guerrilleros reivindiquen mi nombre ante el departamento del Huila. En el común del comentario dicen: ¿por qué la habrían secuestrado? ¿En qué estaría metida? Son rumores que deben contrarrestar”, asegura González de Perdomo quien le pide a la exguerrilla que demuestre con hechos y pronto su voluntad de paz.

Patricia Helena Perdomo, hija de Consuelo, pidió que estos hechos no se vuelvan a repetir.

“Todo este drama hacía ver una muerte inminente”: el relato de Jorge Eduardo Géchem

El 20 de febrero de 2002 un comando de las Farc tomó el control de una aeronave en la que viajaba el senador Jorge Eduardo Géchem y obligaron a que aterrizara en un corredor vial desolado a la altura del municipio de Gigante (Huila). En ese momento, los miembros de las Farc secuestraron al parlamentario y con esta acción se puso fin al proceso de paz que entonces adelantaba el Gobierno de Andrés Pastrana con esa guerrilla.

Hoy, 16 años después, Géchem narró ante la JEP el calvario que vivió mientras estuvo secuestrado y habló de las secuelas que quedaron en su mente y en su cuerpo.

“He traído como constancia mi historia clínica del primer examen riguroso que me hizo la clínica Cardioinfantil sobre mi crítico estado de salud una vez fui liberado en 2008, donde certifican mis dificultades con cuatro hernias discales en la columna lumbar, úlcera pélvica, dificultades cardiacas, registrándose enfermedad coronaria en dos vasos con dos placas en la arteria descendiente anterior, una de ellas calcinada con compromiso del 50 por ciento y otra con densidad en tejidos blandos y compromiso del 60 %”.  

Por todo padecido mientras estuvo secuestrado, Géchem les pidió a los magistrados de la Sala de Reconocimiento, Verdad y Responsabilidad que se aplicara el mayor castigo a la cúpula de FARC. "Se les debe castigar ejemplarmente como asesinos de tanta gente de bien. Profundo dolor causó la muerte del capitán Julián Guevara; por los asesinatos de los diputados del Valle; no debe quedar impune el asesinato del gobernador de Antioquia, del exministro de Defensa y de soldado; el atentado del Club El Nogal; el infame asesinato del exgobernador del Huila Jaime Lozada”, aseguró Géchem, quien aseguró que perdona a las Farc pero que se niega a dejar estos hechos en el olvido.