La meta: US$3.300 millones de aquí a 2020 en cooperación para el posconflicto

Alejandro Gamboa, director de la Agencia Presidencial para la Cooperación, habla sobre la necesidad de aximizar la entrada de recursos por parte de la comunidad internacional y orientarla hacia donde más se necesita en el periodo posterior a la firma de la paz con las Farc. 

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Alejandro Gamboa, director de la Agencia Presidencia para la Cooperación, APC-Colombia.
Óscar Pérez

La cooperación internacional no reembolsable es uno de las muchas ventanas por las cuales recibe recursos el fondo Colombia en Paz. De cara al periodo de implementación de los acuerdos entre gobierno y Farc, es necesario maximizar la entrada de ese tipo de cooperación para aportar a la transformación del país. El responsable de esta misión es Alejandro Gamboa, director de la Agencia Presidencial para la Cooperación, APC-Colombia. Hablamos con él sobre las metas de la cooperación financiera y técnica para el posconflicto en Colombia.

-¿Cuáles son los principales fondos internacionales con los que contamos para el posconflicto?

Hablamos de fondos internacionales no reembolsables para el posconflicto. Tenemos unos grandes socios que nos han apoyado en la construcción de paz durante el conflicto y han mostrado la voluntad de seguir estando con nosotros durante el posconflicto. El principal cooperante de Colombia es Estados Unidos, a través de Usaid. Son aprobaciones del congreso estadounidense dentro de su ley de apoyo internacional, que se discute año a año. Ahora se discute un paquete de entre 560 y 590 millones de dólares para construcción de paz en Colombia. Esa es una expresión de cooperación con Colombia, en el marco de una relación muy sólida que viene de tiempo atrás. Con EE.UU. no pretendemos que toda la plata la utilicemos por los fondos, sino aprovechamos el andamiaje ya existente. Ese es el principal cooperante de Colombia y se irán adicionando paquetes en el contexto del posconflicto.

Le sigue la Unión Europea (UE), el segundo cooperante más importante de Colombia en los últimos cinco años. Están comprometidos con la construcción de paz. Han dado una señal clarísima de acompañamiento político y como señal de apoyo económico optaron por la creación de un fondo multidonante para la construcción de paz. Los otros donantes son países como Canadá y algunos europeos entre los que está Alemania, Suecia y España. Si uno suma a EE.UU, la UE, Alemania, Suecia, Siuza y Canadá y España, ahí está más o menos el 80% de la cooperación internacional no reembolsable.

También el sistema de ONU nos ofrece un fondo que le genera también confianza a los donantes, que buscan llegar de manera organizada y coordinada. La ONU crea canales e institucionalidad para crear proyectos. Ese fondo tiene tres ventana: la del Gobierno, la de ONU, y la no gubernamental, en la que el objetivo es facultar a esas tres ventanas para que uno tenga socios implementadores para el posconflicto con el gobierno, el sistema de ONU incluidas sus agencias, y las organizaciones de la sociedad civil, que tienen que ser actores muy importantes en el posconflcito. Estamos en el proceso de habilitar esas ventanas.

Además, está el fondo del Banco Mundial (BM) y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), los cuales también dan credibilidad para cooperantes y canalización de recursos.

-Entonces, tenemos cuatro fondos…

Tenemos cuatro fondos administrados por los mejores socios que uno quiere tener a nivel global para el desarrollo: BM, BID, UE y ONU. Cada fondo tiene una vocación. Naciones Unidas se dedica a implementación temprana y estrategia de respuesta rápida. Hemos oído hablar al ministro Rafael Pardo de la estrategia de respuesta rápida, de 26 líneas gruesas de atención a lugares altamente afectados por el conflicto, cuya filosofía base es que desde que se apruebe el acuerdo, en 18 meses tenemos que hacer acciones que le cambien la vida a esos habitantes. Esas son acciones de respuesta rápida. El fondo de ONU apoya algunos de esos proyectos.

El fondo del BM busca aprovechar el conocimiento de ese Banco. Con ellos buscamos utilizar los recursos que se canalizan ahí para prefactibilidad y factibilidad, para infraestructura social en zonas altamente afectadas por el conflicto y también para necesidades de desmovilización y reintegración. Y finalmente, para llegarle también al sector privado.

Sigue el fondo del BID, que es el denominado Colombia Sostenible, su norte es maximizar los dividendos ambientales de la paz. Uno lo ubica territorialmente en zonas muy ricas en biodiversidad o que deben ser recuperadas porque eran muy ricas en biodiversidad y debemos reforestar. Eso nos lleva a tareas reforestación de conservación, de pagos por servicios ambientales, o de actividades con un criterio altamente sostenible y de uso inteligente de la biodiversidad, que nos conduzca a biotecnologá, bioturismo o biocomercio.

Y finalmente está el fondo de la UE, que es uno que capitaliza en la experiencia de la UE en Colombia, que durante años ha participado en los laboratorios de paz y desarrollo, que básicamente son proyectos de desarrollo rural comunitario. Fue como el incubador de la Red Prodepaz. La vocación del fondo de la UE es desarrollo rural, pensado desde la agricultura familiar, soluciones de educación para el desarrollo rural y proyectos productivos de conexión y acceso al mercado.

-¿La cooperación de EE.UU. por dónde llega?

Hay socios que no van a meter e esos fondos todos sus recursos, o ninguno de sus recursos en estos fondos, como Estados Unidos, porque ya tiene una práctica y un volumen grande. Vamos a seguir trabajando con ellos a nivel bilateral. Con ellos nos sentamos a trabajar en territorios particulares. Hasta ahora, Usaid le ha dado énfasis a alrededor de 50 municipios. 

-¿Cuánto tenemos hoy en cooperación no reembolsable?

A hoy tenemos aproximadamente 100 millones de euros en el fondo de la UE, que solo puede empezar su ejecución una vez se firmen los acuerdos. Un poco más de 50 millones de dólares en el fondo de la ONU, que ya está empezando a pensar en aprobación de recursos y proyectos para la respuesta rápida, porque se necesitan inmediatamente. El del BID está en creación, tenemos una expectativa de 600 millones de dólares pero está en proceso de aprobación. Y finalmente el del BM ya ha contado con una donación superior a los 10 millones de dólares pero necesitamos capitalizar.

-¿Y cuál es la meta?

Conseguir 3300 millones de dólares de aquí a 2020 en recursos no cooperación no reembolsable. Se necesita mucha más plata y hay muchas más fuentes. Este es un pequeño capitulo que se llama cooperación internacional no reembolsable, que hace parte de ese fondo de fondos Colombia en Paz, que además se alimenta de deuda que se adquiere a través del Ministerio de Hacienda y Planeación Nacional los que lo hacen, de recursos de regalías, del presupuesto nacional y otras fuentes en todo el ámbito subnacional. Mi capitulo es la cooperación internacional no reembolsable, tenemos que maximizar ese apoyo de la comunidad internacional para el posconflicto.

-Es ambiciosa la meta…

Un poco más de 500 millones es lo que nos trae cooperación internacional por año en circunstancias de conflicto. En los últimos años ese ha sido el promedio. Si pensamos que esto es una ventana de oportunidad, un tiempo determinado en el que va a haber atención en Colombia y el país va a ser una noticia positiva, nadie va a querer estar fuera de la foto. Tenemos que maximizar a la cantidad de cooperantes en un periodo de tiempo corto, de tres o cuatro años. Hablamos de aquí al 2020 de la maximización de recursos. Si a esos 500 millones los ponemos a crecer a un 30%, más o menos llegamos de aquí al 2020 a los 3300 millones. Tiene sentido, en el marco de la ayuda que reciben los países en posconflicto en un periodo de tiempo relativamente corto. Esa es nuestra apuesta.

 

 

 

-En mayo la UE ofreció un paquete de 575 millones de euros. ¿Por qué solo contamos hoy con 100 millones?

Porque los restantes son créditos. El fondo Colombia en Paz abarca todo el financiamiento para el posconflicto, la parte de nosotros es sólo la de cooperación no reembolsable. Pero en todo el Fondo se crea un patrimonio autónomo que da ciertas flexibilidades para la ejecución y cuenta con recursos de crédito, de presupuesto nacional, de eventuales regalías, privados, en fin, busca maximizar recursos públicos, privados y no reembolsables para el posconflicto. Se amplía la capacidad de recibir recursos. Una porción importante de los recursos de financiamiento, podría ir por ejemplo a vías terciarias, que es infraestructura. Pretender financiar infraestructura con recursos no reembolsables es una locura, porque la infraestructura es muy costosa.

-¿Cuánto se necesita en total para el posconflicto?

Hay algunos intentos de cálculos, pero sería de alguna manera irresponsable hacer un cálculo porque faltan detalles. Para qué especular en algo que sabemos que va a costar mucho y que va a ser transformador para el país. Lo que sabemos es que hay que maximizar recursos, reorientar y finalmente estar comprometidos con el posconflicto. Planeación nacional hizo un ejercicio interesante de los dividendos de la paz, que ayuda a pensar en positivo, diciendo que si hacemos la tarea bien en el posconflicto podemos tener muchos dividendos.

-¿Qué es lo que hay que reorientar?

Muy claramente le digo que, desde la perspectiva de la cooperación internacional, debemos hacer todo el esfuerzo para que esos recursos vayan a los territorios más afectados por el conflicto. Si un cooperante está haciendo algo aquí en Bogotá, pues mejor no lo haga, porque Bogotá tiene capacidad, instituciones, gobernabilidad, contribuyentes… Es mucho más el foco que hay que ponerle a los territorios. La cooperación genera cambios muy importantes pero es minúscula dentro del todo. Para ilustrarle, los más de 500 millones de dólares que recibimos el año pasado en cooperación equivalen al 0.35% del PIB nuestro y al 0.58% del presupuesto nacional. Es muy poco. No se puede descalificar a la cooperación pero hay que reorientarla u orientarla a donde más se necesita, a donde más valor agregado genera, a donde hace más diferencia.

-¿Quién vigila toda esta canalización de fondos?

Parte de la tranquilidad de la cooperación internacional es estos socios para el desarrollo que tenemos. Uno podría hacer la pregunta a la inversa: ¿por qué los cooperantes no le meten la plata a la institucionalidad colombiana y que esta ejecute todo con su andamiaje propio? Pues los cooperantes quieren ver para dónde van sus recursos, cuáles son los proyectos, qué tipo de visibilidad tienen, y por eso hemos creado estos fondos en donde está la responsabilidad fiduciaria de esos socios para el desarrollo. Cada socio tiene sus normas y su sistema de ejecución, de supervisión y de reporte. Entonces cada uno va a poder reportar cómo se están invirtiendo los recursos. Tienen normas de contratación clara, procesos de transparencia y métodos de rendición de cuentas. Ahora, en el contexto de la alta consejería para el posconflicto, se monta un sistema de transparencia para todos los recursos del fondo Colombia Paz.

-¿Y cómo vamos en cuanto a la cooperación no económica?

En esa cooperación que no es financiamiento, se nos abren mucho más las oportunidades. Es además una cooperación más adaptada para el nivel de desarrollo de Colombia. Colombia tiene que estar en la línea de compartir y recibir conocimiento. La cooperación también es conocimiento. ¿Cómo podemos capturar buenas prácticas para impulsar el desarrollo, para aumentar la capacidad de generación de empleo, para innovación tecnológica? Hay un espectro infinito de posibilidades para replicar y eso lo dispara el intercambio de conocimientos bien estructurados. Vienen de otros países, identifican qué tenemos, hay intercambios técnicos en donde entran actores más amplios. Entran países en desarrollo y otros. A nosotros países como Brasil, Tailandia, China, tienen mucho que enseñarnos. Entra el panorama de la cooperación sur-sur o la cooperación triangular, entra el posibilidad de intercambios y aprendizajes que también pueden transformar los territorios.

Dentro de ese mapa amplio, ¿cuáles son los ejemplos a resaltar de la cooperación no financiera?

Tenemos muy buenos intercambios con todo Mesoamérica, sobre todo Centroamérica. Nosotros les aportamos muchas prácticas y experiencias nuestras. Por ejemplo, llevamos a Centroamérica toda la política de emprendimiento que Colombia ha hecho, todo el ecosistema que el Ministerio de Comercio ha creado e impulsa, el trabajo del fondo de emprendimiento con el Sena, todo ese andamiaje es una política exitosa por la que nos admiran y quieren aprender. Así que montamos todo un programa de aprendizaje en donde ayudamos a montar la política de emprendimiento de siete países, y toda una política de emprendimiento regional a través del Sistema de Integración de Centroamérica (Sica). Ahora con la agencia alemana de cooperación y la UE nos asociamos y estamos en la fase de implementación de esas políticas de emprendimiento en Centroamérica. Es el poder del conocimiento el que puede llegar a transformar prácticas en distintos países.

-¿Qué cooperación no financiera existe para Colombia en cuanto a la salida del conflicto?

Tenemos Saber Hacer Colombia-Paz, ahí hacemos levantamiento de las primeras experiencias. Hay 16 en terreno colombiano y 4 en el exterior que nos sirven. Una es de una población en El Salvador que se llama Suchitoto, que se blindó de toda la violencia posconflicto. Es un pueblo que a diferencia del resto del país está blindado y ha progresado en medio de la crisis de seguridad. ¿Cómo lo hizo? No es un tema de recetas mágicas, sino de asuntos básicos como trabajar con la comunidad, incluir a la mujer, trabajar de abajo hacia arriba,el alcalde terminó siendo hacedor de la comunidad, tuvieron continuidad en gobierno y en políticas.

Otro es el caso de desminado en Azerbaiyán, que logró montar una institucionalidad buena. La lección aprendida es que los cooperantes son importantes, pero más importante es lograr tener una institucionalidad, lograr controlar y dirigir la tarea de desminado, que la institucionalidad regule y determine esos procesos, involucre a los gobiernos territoriales y al territorio en la toma de decisiones. No sólo es desminado, sino que con el desminado llega una serie de ofertas adicionales para generar opciones de vida. Hoy tienen a la comunidad internacional como validadores y socios, pero es un trabajo 100% de Azerbaiyán.

El otro es el de Filipinas, que es básicamente la firma de paz de ellos. Ha sido interesante con el ejemplo filipino ver nuestro propio afán. La negociadora de paz decía que notaba en los colombianos un afán por tener el posconflicto implementado ya. En Filipinas ha tomado mucho tiempo. Para lograr los cambios institucionales hay que superar burocracias, llegar a acuerdos políticos.

Y el último es Ruanda, con un programa de integración a la sociedad de excombatientes discapacitados. El tema es cómo se les da opciones de vida a esas personas. Ya estamos replicando un laboratorio de ese estilo en Colombia.