"El acuerdo de La Habana contiene transformaciones que el país necesita": Álvaro Balcázar

El exdirector de la Unidad Especial para la Consolidación Territorial afirma que con la paz hay una oportunidad de crecimiento económico pero este no será gratuito sino que dependerá de varios factores, entre ellos una reforma fiscal.

alvaro_balcazar_consolidacion_territorial_cut.jpg

Álvaro Balcázar, exdirector de la Unidad Especial para la Consolidación Territorial, afirma que los acuerdos de La Habana ayudarán a impulsar el crecimiento económico.
Consolidación Territorial.

Mucho se ha hablado de la bonanza que llegaría con el posconflicto y de la oportunidad de desarrollo que representaría, especialmente para el sector agrícola. Pero también hay muchas dudas: ¿Qué expectativas realistas pueden tener los colombianos en el mediano plazo? ¿Cuál es la manera más eficiente en que el Estado puede invertir los recursos del posconflicto?

Para responder estas y otras inquietudes Colombia2020 entrevistó a Álvaro Balcázar, exdirector de la Unidad Especial para la Consolidación Territorial, que el presidente Juan Manuel Santos creó en 2011. Antes de eso, durante el gobierno de Álvaro Uribe, Balcázar estuvo a cargo del desarrollo rural y lideró el Plan de Consolidación Integral de La Macarena.

El economista también ha trabajado como consultor para la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) así como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), entre otros. Afirma que con la paz hay una oportunidad de crecimiento económico pero este no será gratuito sino que dependerá de varios factores, entre ellos una reforma fiscal.

-¿Cuál es el reto que enfrenta el desarrollo rural en Colombia en el posconflicto?

El reto es iniciar un proceso de cierre de brechas entre la población rural y la urbana. También entre poblaciones rurales. Hay unos desequilibrios extremos no solo entre municipios y ciudades, también entre municipios muy ricos y otros completamente inviables. Es necesario corregir los vacíos de presencia estatal que es la razón por la que el conflicto armado se profundizó.

-¿Cómo se puede lograr esa meta?

Hay que integrar esos territorios rurales con carreteras, conexión a internet y desarrollo agrícola. Luego hay que potenciar la capacidad del Gobierno de control, hay que volver vigente el Estado de derecho en esos territorios. Por último debemos desarrollar una sociedad más participativa, que se de cuenta de que las decisiones políticas afectan su día a día y sepa cómo presentar propuestas que mejoren su acceso a derechos fundamentales.

Para eso es vital corregir el centralismo desde el que se toman las decisiones. Hay que abrir la política pública para que la ciudadanía influya más.

-Desde épocas de Santander se discute el tema del centralismo y muchas veces se ha dicho que es uno de los problemas más grandes de Colombia.

Así es, pero para corregirlo no basta con entregarle más presupuesto a los gobernadores y alcaldes para que lo gasten como crean conveniente. Descentralizar el país significa entregar el poder de decisión a los ciudadanos para que se auto gestionen. Para eso hace falta mucha educación.

-¿Cuál es la inversión más eficiente que el Estado puede hacer?

El Estado se debe dedicar a proveer los bienes públicos, esos son la plataforma para un desarrollo rural. Cuando el Gobierno se pone a invertir en subsidios para unos pocos campesinos, el proyecto tiene un impacto muy limitado. Para generalizar el bienestar debe proveer los bienes públicos y los servicios complementarios que hacen que las pequeñas y grandes empresas puedan producir mejor. Entonces los mismos campesinos verán las oportunidades de desarrollo. Es necesario cambiar un enfoque de población atendida de manera directa a uno de servicios proveídos.

-¿El bien general sería entonces la mejor inversión?

Claro. Tiene que haber una solución general. En el caso de La Macarena vimos que cuando se mejoraron las carreteras los mismos campesinos desarrollaron sus iniciativas productivas y el Estado no tuvo que cargarse con el éxito de las nuevas empresas. Lo mismo pasó con la electricidad. Fueron incentivos para los campesinos.

Por poner un ejemplo sencillo: la leche. Antes los campesinos ni se molestaban en ordeñar las vacas ¿para qué si la leche se perdía? Cuando tuvieron los medios, no solo ordeñaron las vacas sino que empezaron buscar maneras de mejorar la calidad de la leche y a buscar nuevos compradores.

-¿Qué piensa del plan de respuesta rápida que impulsa Rafael Pardo?

Es una estrategia que impulsa la recuperación de confianza de la ciudadanía en el Estado. Eso significa que la población ve al Estado y siente que puede proteger sus derechos. Esa confianza que se construye tiene unos dividendos económicos. Hay territorios en los que la costumbre es que el Estado no cumple.

El Estado también confía poco en las entidades territoriales. El plan no es una estrategia con grandes proyectos que generan transformaciones profundas, es el primer peldaño de la escalera, si no ponemos los siguientes no vamos a llegar a ningún lado.

-¿Qué expectativas realistas pueden tener los colombianos sobre el crecimiento económico en los próximos años?

Hay que tener en cuenta de que la firma del acuerdo es una oportunidad de hacer las transformaciones pero quedan pendientes de conflicto armado -Bacrim, Eln, etc.-. Sin las Farc es menos difícil acometer las tareas de transformación del territorio pero para hacer esta oportunidad real es necesario un esfuerzo fiscal. ¿Estamos dispuestos a hacer esa reforma?

El otro gran factor es si estamos dispuestos a cambiar las prioridades de inversión del Estado. Hay que disminuir el gasto público que beneficia a los privados incluyendo a los pequeños productores. Hacer concesiones para acabar con paros, no solo los incentiva, sino que no soluciona los problemas de fondo.

También es ilógico pensar que solo el sector agrícola impulsará la economía. Son las inversiones en los territorios las que jalonarán otros sectores como el comercio, la construcción y la industria. Solo con un crecimiento transversal se podrá realmente aumentar el PIB. 

-¿Qué cree que le falta a las políticas públicas en este momento?

Más armonía entre la agenda de la política pública y la agenda que resultará de los acuerdos de La Habana. Ese acuerdo no es una concesión a las Farc, son transformaciones que el país necesita. Es de la conveniencia del buen desarrollo de Colombia. El problema de la tenencia de la tierra, por ejemplo, es algo que hay que resolver. Pienso que esas prioridades todavía no se ven en las políticas públicas pero espero que eso cambie con la firma del acuerdo final.