Los pasos de Aura María Díaz para encontrar a los desaparecidos

'Millones de pasos hasta encontrarlos' es el poema que escribió Aura María, la coordinadora de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (Asfaddes). El proceso de búsqueda y reclamación de los restos de su hijo le ha tomado 16 años.

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/Luis Benavides - El Espectador

"He perdido la memoria para contar

los millones de pasos y los zapatos desgastados

recorriendo campos y ciudades para encontrarlos".

Su primer paso lo dio el 5 de septiembre de 1994, el último día en que Aura María Díaz vio a su hijo César Ariel: en la mañana, cuando él salió de su casa en Bucaramanga hacia Oiba (Santander). Fue detenido en la carretera por dos hombres armados y vestidos de civil y no se supo más de él. La versión que le dieron a Aura fue que había sido secuestrado, pero seguía vivo. ¿Por qué? En esos años todavía no existía el delito de desaparición forzada.

El camino que recorrían sus zapatos la llevó a tres sitios: su casa, el lugar donde pudiera encontrar información sobre su hijo y a las oficinas de las autoridades. Así fueron ocho meses investigando y aportando información para su caso.

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En eso le presentaron a Noelia Parra, una mujer que desde 1989 tenía desaparecido a su esposo Isidro Caballero, un líder del M-19. Ella le dio $5.000 y la dirección de Asfaddes (Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos) en Bucaramanga. Esa fue la primera vez que Aura María contempló la posibilidad de que su hijo fuera un desaparecido.

"He gastado miles de zapatos en la búsqueda

A veces infructuosa pero firme,

porque los duelos congelados nos

dan el valor para no desfallecer ante la muerte".

Ella siempre fue líder. Como maestra en escuelas rurales siempre fungió como secretaria de la junta directiva, porque, dice ella, “no trago entero, reclamo, sé cuándo hay que reclamar. Sé cuándo hay que dar el abracito y cuándo el garrotazo”. Además, sabe gestionar y hacer alianzas. A los dos meses estaba sobre una tarima, con megáfono en mano, hablándole a la Cruz Roja sobre desaparición forzada. De esa manera lideró iniciativas y exigencias desde Asfaddes en Bucaramanga, donde tienen más de 300 casos documentados, aunque según el Registro Único de Víctimas hay 872. Y en todo Santander hay conocimiento de 3.232 desaparecidos.

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Su dolor, entonces, lo encaminó a la movilización. Pero a su lado su madre se sentía morir de “legítima tristeza”, como le llama Aura María. La tristeza motivada por la incertidumbre, porque no podía enterrar a su nieto, hacerle una misa e ir al cementerio a llevarle flores.

"La estrella de la esperanza nos mostrará algún día

Que los desaparecidos no son tumbas sin nombre,

Que los desaparecidos ya no son nombres y estadísticas

Sino que son seres humanos que extrañamos y esperamos".

Y tuvieron que pasar 16 años sin perder la esperanza para que, finalmente, en abril de 2010, supiera que el cuerpo que había sido exhumado de un cementerio en El Palmar (Santander) bajo la cruz que decía “NN. septiembre 19 de 1994”, y al que le habían practicado pruebas de ADN, era el de su hijo César Ariel.

Ahí comenzó la lucha por una entrega digna.

"Algún día Colombia entenderá que valió la pena

Dar millones de pasos y gastarán miles de zapatos

Por buscarlos, encontrarlos y entregarlos dignamente".

La búsqueda que había liderado el funcionario de Medicina Legal Euclides Díaz había terminado. Ahora, desde esta institución le daban una respuesta y un paso final: encontramos a su hijo y los vamos a entregar tal día.

Nuevamente le tocó pararse en la raya: a su hijo se lo iban a entregar dignamente, cuando ella procesara la noticia y pudiera tener apoyo.

"Algún día la sociedad estática e indiferente entenderá

Que la lucha de las familias, que las lágrimas derramadas, 

Que los pasos a veces en falso,

Valieron la pena para descongelar el dolor

Y seguir dando millones de pasos por la paz".

Su primera condición fue cambiar el lugar de entrega. No iba a ser en Bucaramanga sino en San Gil, donde había sido identificado. Y de ahí ella tenía que ir a la fosa en El Palmar donde estuvo 16 años. Además, su madre, católica, sentía la necesidad de ir a pagar el diezmo por todos esos años de su hijo en el cementerio. A esos recorridos que pensaron se empezó a sumar gente.

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Finalmente, 200 personas las acompañaron en la entrega digna de César Ariel. Fue un evento en el que cantaron el himno de Asfaddes, ella se encontró perifoneando nuevamente. Entre la tristeza de enfrentarse a la muerte y el alivio de terminar una búsqueda.

"Por eso hoy estarán abuelas y abuelos

Que aún en su enfermedad e impotencia

No cesan de buscarlos.

Por eso hoy estarán hombres y mujeres

Que siguen dando pasos, porque siguen soñando

Con su reencuentro, porque siguen soñando con abrazar

Así sea un puñado de huesos desteñidos por el tiempo".

"Cuando una madre ve el certificado de defunción ya se encuentra con la muerte", dice Aura María. Pero eso para su madre significó descansar, porque ahora tendría una tumba para llevarle flores a su nieto todos los meses.

Hoy, Aura María sigue gastando las suelas para apoyar a las familias que continúan en esa incertidumbre.

"Por eso quienes han dado pasos

Por Cristian, por Carmenza, por William

Por Josefito, por Benjamín, por Nilson

Y por una lista interminable de desaparecidos

Hoy colgarán sus zapatos desgastados por el tiempo

Como una muestra artística de amor y resistencia".

Aura María Díaz Hernández/agosto de 2017