De Justicia y Paz nos quedan 7.000 cuerpos encontrados y patrones de macrocriminalidad

Lo docente y fiscal de Justicia y Paz, Zeneida López, explica lo que puede aprenderse de este sistema transicional que escuchó la verdad paramiliar en aras de buscar a los desaparecidos. 

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Zeneida López investigó los crímenes de desaparición forzada en Justicia y Paz. / Mauricio Alvarado - El Espectador.

Más de 10 años después de que Zeneida López investigaba cómo, dónde y por qué había ocurrido la desaparición forzada a manos de los paramilitares, puede hacer un balance de lo que significó esta ley y qué aprendizajes dejó. Ahora, cuando se pone en marcha la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, creada con el acuerdo de paz entre el Estado y las Farc, hay varios puntos fundamentales que esta profesora explicó en el conversatorio "El reto de encontrar a los desaparecidos del conflicto armado", organizado por Colombia2020 de El Espectador y realizado con el apoyo de la Embajada Alemana en Colombia, en asocio con la Unión Europea,

Patrones de macrocriminalidad

En la aplicación de la Ley 975 de 2005, o Ley de Justicia y Paz, los paramilitares que se desmovilizaron de las Autodefensas Unidas de Colombia rindieron versiones libres sobre sus crímenes. López explica que esto y la investigación fueron claves para empezar a responder por qué, para qué y cómo este grupo presuntamente desapareció a más de 26.000 personas.

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“Se trataba de las luchas antisubversivas. Había frases lapidarias, como la de Hernán Giraldo, porque me tocó recibir su declaración, en la que dijo que “todo lo que oliera a guerrilla había que desaparecerlo”. Y en la Región Caribe fueron pocos los combates, siempre fueron ataques contra la población civil. Esto se debió a la conquista y la dominación territorial”, explica esta docente.

¿Para qué se hacía? “Era el control social, homogenizar la población, que todos hicieran caso. Nada más terrorífico que desaparecer a una persona, que no se podía llorar, que no había sepultura, que no se podía preguntar, porque les decían que los iban a desaparecer a ellos”.  ¿Y cómo lo hicieron? “Se construyeron las formas refinadas que, con los investigadores del cuerpo técnico y con la memoria de los postulados a la ley, pudimos definir que el desmembramiento estaba tecnificado. Que los cuerpos había que dividirlos en 14 fragmentos, que las fosas fueron de 40cm x 40cm,  porque no se podían hacer grandes porque ya eran demasiadas. Supimos que no se podían dejar los cuerpos expuestos porque la comunidad internacional iba a reclamar por eso”.

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Agrupar los casos

Pero sobretodo, explica la docente, pudieron establecer que era muy importante armar los casos, no presentar víctimas de manera individual. “Las enseñanzas no solo son resultados de búsqueda, que son 7.000 cuerpos, es la asociación de casos. Hubo uno que recuerdo particularmente. La embajada italiana decía que tenían un ciudadano italiano desaparecido en la Sierra Nevada, luego una madre que decía que su hijo se había ido a la Finca Los Naranjos y en Bogotá teníamos una mamá que decía que su hijo era ambientalista y se dedicaba al turismo en la Sierra Nevada. Eran tres víctimas y un solo caso. Preguntábamos por el italiano y los postulados no sabían, pero luego preguntamos por la finca y dijeron que a la finca Los Naranjos los habían sacado (los cuerpos) con dos hippies más que estaban ahí”.

¿Dónde buscarlos?

López le llama el “listado de la infamia”. “Los desaparecidos son, por ejemplo, los menores que fueron reclutados para el conflicto y fueron ejecutados por sus mismos grupos o muertos en combate… o siguen vivos. Tengo un caso de unos niños que quedaron huérfanos y una persona desmovilizada de las Farc dice hoy: Los chicos están ahí, se acaban de desmovilizar, y ese caso es una condena por desaparición forzada”, explica.

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También enumera fosas comunes (porque fueron presentados como subversivos muertos, mal llamados falsos positivos); “o murieron en combates los soldados (que ya no es secreto que había colaboración con fuerzas irregulares). Fueron arrojados al río (donde iniciaban su peregrinaje de pueblo en pueblo), a los mares. O están en cementerios, en las fosas revueltas de los cementerios municipales donde es cierto que se han hecho bóvedas encima de estas fosas. A los cuerpos nunca se les puso las manillas diciendo cuál era cul, según el protocolo de necropsia. Fueron mezclados”. Esos son, más que obstáculos, dice, desafíos que tiene que tenerse claros para lograr encontrar a las personas dadas por desaparecidas.