Museos para reivindicar la memoria del conflicto

En el país han surgido seis museos de la memoria. Un recorrido por el sentido de estos espacios de duelo y reconciliación.

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Taller de memoria con víctimas militares y sus familias. / Mónica Echeverría

La larga violencia en Colombia, que ha dejado más de ocho millones de víctimas, logró el silencio y el olvido durante décadas. Hoy hay una estrategia para recuperar las memorias del conflicto armado. Una de esas han sido los lugares de la memoria como espacios de duelo y reconciliación. Sobre estos temas se conversará hoy en la Universidad Nacional en el panel: Museo, reconciliación y arte. Pero, ¿cuál es el papel que juegan los museos de la memoria?

Hay que tener claro primero que “los museos de la memoria no son procesos homogéneos del ejercicio del recuerdo”, dice Cristina Lleras, diseñadora metodológica del Museo Nacional de la Memoria. “Los museos se centraron primero en el horror, pero empezaron a dar un giro para provocar reflexiones”, agrega.

Pero, ¿representar y recordar hechos dolorosos del conflicto provoca más violencia? Para Cristina Lleras “la función de esos museos (los de la memoria) es ayudar al visitante a comprender y a complejizar los hechos violentos dentro de un contexto: por qué pasó, cómo la gente resiste”, afirma. Lleras insiste en que para lograr el objetivo debemos comprender que los museos son mucho más que una acumulación de imágenes de horror y de objetos.

Por ejemplo, en el Museo de la Fiscalía General de la Nación están expuestos los cheques del Proceso 8.000, el computador del Mono Jojoy y hasta el celular de Otto Bula ¬protagonista del caso Odebrecht-. Este es un museo institucional en el que buscan representar a través de objetos simbólicos los casos más emblemáticos que la Fiscalía ha investigado en los últimos 25 años.

¿Son esos objetos obras de arte? ¿Quiénes son los artistas? Víctor Quinche, miembro del equipo que se encargó de la primera exposición del Museo de la Fiscalía, inaugurado en julio, sostuvo que para él esos objetos no son ni pretenden ser arte, son objetos que comunican. “Hay objetos que tienen una carga simbólica muy fuerte, hay objetos que representan el narcotráfico, la corrupción y la violencia. Pero los hemos ordenado en líneas de tiempo de modo que hay una secuencia de cómo entran a armar parte de las investigaciones de la Fiscalía, al igual que un contexto que no los presenta como solo objetos”, dice Quinche.

Un espacio para el duelo

Los museos de la memoria cumplen una doble función. Por un lado son museos conmemorativos y por el otro son espacios de duelo. Esas dos funciones las define Cristina Lleras: “una que invita a la reflexión, a la comprensión y la transformación. Y el otro rol es que puede ser un espacio de duelo, de recogimiento y de reconocimiento, no solo de las víctimas, sino de quienes han logrado sobrevivir”.

En el proceso de memoria se empieza por el reconocimiento. Diana Pérez hizo la curaduría de la sala de víctimas militares del Museo Militar, llamada Sargento Primero Libio José Martínez Estrada. En esta experiencia entendió la importancia que tiene para una persona reconocer que es una víctima: “Ellos ni siquiera habían percibido que necesitaban hacer un proceso de memoria. Yo me acerqué a ellos antes del proceso de paz y les dije que, a la luz del DIH, ellos también eran víctimas. Me dijeron que eran héroes, no víctimas. Fue un proceso de construcción en el que se dieron cuenta de que sí era importante reconocerse como víctimas y que eran parte fundamental de la construcción de una política de víctimas y de memoria”. Ese proceso también fue para ella el reto de desmontar imaginarios y reconocer un ser humano detrás del uniforme.

Tras ese reconocimiento, el arte logra ser un vehículo testimonial, un instrumento para decir lo que en otros lenguajes no se puede expresar. Un museo de memoria es una experiencia que solo se completa con lo que aportan los visitantes. Es decir, que el impacto se genera a partir de la mezcla de experiencias personales con los insumos que ofrecen estos espacios de la memoria.

El museo se piensa como un lugar de diálogo y no como un escenario de combate. “En el momento en que tu conviertes un museo de memoria nuevamente en escenario de combate de alguna manera estás revictimizando a las personas que ya sufrieron por el conflicto.”, dice Diana Pérez.

Entonces, ¿el duelo puede ser colectivo? ¿el duelo es un paso hacia la reconciliación? ¿La reconciliación es el último paso para la paz? Las respuestas y la memoria siguen en construcción y por esa razón iniciativas como el Seminario Arte, Duelo y Reconciliación, que se desarollará entre el 9 y 10 de agosto, son espacios que abren la puerta a estos debates.