La danza de la oscuridad: reconocer para sanar

Gloria Ramírez y Xiomara Navarro, artistas de Zajana Danza, piensan que aceptar la sombra nos integra y ayuda al proceso de sanación colectiva.

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Performance en la obra Amorfia / Cortesía Museo Nacional de la Memoria

La sombra es la parte oscura de todo ser humano, lo que es desconocido y no queremos mirar. Pero la sombra también es colectiva, es una herencia psíquica, avasalladora. Es grande y solo empieza a desaparecer cuando se acepta, así la han descubierto Gloria Ramírez y Xiomara Navarro de la compañía Zajana Danza. A través de la obra Amorfia han exteriorizado la investigación sobre este concepto y han explorado sus sombras. A cerca de su iniciativa estuvieron conversando en el Seminario Arte, Duelo y Reconciliación organizado por el Museo Nacional de la Memoria.

En el escenario aparecen Gloria, Xiomara y sus diferentes sombras. Practican la danza Butoh o danza de la oscuridad, una práctica oriental que no es un lenguaje corporal establecido, sino la manifestación en movimiento de una energía activa. Luchan por aceptar sus sombras para que estas desaparezcan.

Performance de la obra Amorfia. Fotos cortesía Museo Nacional de la Memoria

El Proyecto Sombra, que comenzó en el 2015, no es solo escénico, también trabaja a nivel de laboratorio y de talleres con más personas. Esa es la apuesta por la sanación personal y colectiva. “Nosotras no proponemos una solución, es un llamado de conciencia, de observación y de integración a través de estas herramientas corporales e investigativas que hemos desarrollado”, dice Navarro.

En Zajana piensan en la colectividad, por esto han trabajado temas que, aparentemente, no les afectan. Uno de esos temas estuvo en Alabao, una obra que cuenta la Masacre de Bojayá (Chocó); y narra cómo ahí se perdió la infancia en los niños, pero también un poco en todos. Xiomara Navarro dice que todo nos afecta, aunque no haya sido directamente. “Yo no estuve en Bojayá, no me pasó nada y podría decir que a mí no me tocó, pero sí porque es información y soy parte de esto. Ese proceso de conciencia de la colectividad podría ser muy sanador, porque ya no soy el individuo tratando de cuidarme y de protegerme”.

El trabajo sobre la sombra viene desde el concepto de la psicología, Gloria Ramírez dice que “es más o menos todo lo que tú no reconoces en ti mismo porque consideras que es destructivo o malo, entonces se lo atribuyes al otro. Siempre está contigo, pero nunca la ves”. La sombra es entonces personal, pero como presencia colectiva aparece en la guerra. Ramírez dice que esa información no reconocida siempre vuelve y nos hace reaccionar mal, con violencia. ¿Qué es lo que actúa?, ellas en Zajana lo llaman “La cosa”.

La sombra, la cosa, la violencia nos hace señalar, estigmatizar y multiplicar los “enemigos” que buscamos. “Si tú reconocieras eso como tuyo entonces no podrías señalar a nadie”, dice Ramírez.

Desde su idea de la colectividad aparece el nuevo reto del Proyecto Sombra, y tienen una nueva iniciativa para esto: Monumentos de sombra. Xiomara Navarro lo define como “monumentos arquitectónicos que tienen una carga histórica particular en la ciudad y su sombra”. Esos lugares son el Palacio de Justicia, el Centro de Memoria Paz y Reconciliación y el Museo Nacional.

Ahí, desde afuera, en el trabajo con la ciudadanía que observa, se nutre la obra, trabaja con la información de los otros y del territorio. Y también quisiera nutrirse del trabajo con víctimas y victimarios, pero el reto es involucrar al público indiferente, el que no se conecta porque piensa que el conflicto está lejos. “Cuando la realidad es insoportable, aparece la negación. Es absolutamente humano”, dice Gloria Navarro. Ahí está la sombra.