“Escribir es decir que las palabras son más fuertes que las balas”

Ave Fénix, una iniciativa de mujeres víctimas del conflicto armado que usan la escritura como una forma de sanación.

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Lucelly Giraldo llegó a Ave Fénix buscando medicina para las heridas que la guerra dejó su alma. /Cortesía Centro Nacional de Memoria Histórica.

Diez mujeres víctimas del conflicto armado se reunieron en el Museo Casa de la Memoria en Medellín en talleres de víctimas y se encontraron con una forma de sanar sus heridas: escribir. Hoy, como una iniciativa sólida, siguen pensando que es importante la reconciliación y que es el momento preciso para empezar -o continuar- el camino hacia ella. Esta semana Lucelly Giraldo estuvo dialogando, en representaciónn de ellas, en el Seminario Arte, Duelo y Reconciliación que se realizó en la Universidad Nacional en Bogotá.

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Lucelly Giraldo llegó a Ave Fénix buscando medicina para las heridas que la guerra dejó en su alma. Ahí se encontró con un grupo de mujeres que ya habían adelantado su proceso de duelo y de reconciliación escribiendo sus historias, las historias atravesadas por el conflicto.

¿Cómo se materializó la iniciativa de Ave Fénix?

Hubo una convocatoria por parte del Museo Casa de la Memoria para mujeres que quisieran contar sus historias, porque eran muchas que tenían dolor y amargura en sus corazones. La condición era que aceptaran que sus historias fueran publicadas y traducidas al inglés. De ahí salió el libro Refugio del Fénix: El final de una noche de agonía, que es escrito por mujeres que pertenecemos al grupo Ave Fénix. En ese momento yo aún no pertenecía al grupo.

Aquí están plasmadas sus historias, sus vidas y eso de alguna manera fue un mensaje hacia las personas que nos hicieron tanto daño, fue no quedarnos calladas y no favorecerlos con la impunidad.

¿Por qué escribirlo?

Escribirlo queda para siempre. Y ahí es donde van a tener la oportunidad nuestros nietos y nuestros hijos de saber que hubo un conflicto terrible, más terrible de lo que oralmente se podría comunicar. También es nuestra forma de pedir que nunca más se repita y de decir que las palabras son más fuertes que las balas.

¿Y ayuda a sanar?

Sí, a medida que uno escribe siente que es como una medicina y que las cosas no van a quedar impunes. Se da cuenta de que a muchas personas les pasa lo mismo. Se relaja el cuerpo y el alma vuelve a ese cuerpo. Es bonito escribir con nuestras propias capacidades.

Escribirlo es dejar las tristezas en el papel y recordar sabiendo que ya pasó.

¿En el contexto actual de Medellín por qué sigue siendo importante una iniciativa de mujeres como Ave Fénix?

Porque nos culturizamos y podemos replicar lo que aprendemos. Puede ser con nuestros vecinos, amigos o con otro grupo de mujeres. Hacemos réplicas de escritura y socializamos los problemas, nos acompañamos, a veces lloramos juntas, nos abrazamos en nuestras tristezas y podemos mejorar y sanar, porque esto ya tiene que quedar acá y empezar una vida nueva.

¿Qué la hizo escribir?

La desaparición de un hermano. Como a los 18 años lo desaparecieron, no supimos nada de él, tratamos de preguntar dónde podría estar y nos dijeron que si era que queríamos que nos pasara lo mismo que a él.

También fuimos desplazados. Somos de Granada, Antioquia, pero vivíamos en una vereda que estaba en los límites con San Carlos, entrábamos por el río Caldera. Nos fuimos cuando mi papá comenzó a ver que iban grupos de personas armadas, con muchos morrales y que le decían que tenía unas hijas muy bonitas y que tenía que guardar silencio, entonces decidieron irse para Barrancabermeja. Él vendió la finca, aunque nunca se la pagaron y después mataron al nuevo dueño en la propia finca.

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Hace poco tiempo volvimos. La casa estaba completamente en ruinas, llena de telarañas y de mugre. La casa que dejamos ya no estaba. No fuimos antes porque nos daba miedo, pero nos dijeron que ya todo estaba tranquilo, que estaba libre de minas.

Cuando escribo me siento bien, siento que me gusta lo que escribo. Aunque son corticos siento que con más aprendizaje podría llegar a escribir cosas más bonitas y más organizadas. Siento que puedo transformar mi vida de muchas maneras y sentirme más tranquila. No he escrito esa historia, pero escribí algo cercano:

Un señor

Un señor labriego andaba jubiloso, colina tras colina recorría, en el mundo parecía victorioso; pero algo en su vida se rompía.

En las piedras blancas de un río se escondían, confundidos en el verde natural, cargando tulas inmensas en sus hombros, quién sabe Dios a dónde llegarán. En su saludo el silencio advertían, porque este mundo tendrían que cambiar. “Con tu ayuda más fuertes nos haremos y sin sapos no tendremos novedad”. Cabizbajo el labriego proseguía, entre dientes murmuraba “Sí, señor, solo trabajo y lucho por mis hijos, solo me rijo por ese único afán”.