Semilla de paz en el norte del Chocó

Con la visita a este departamento de Eamon Gilmore, enviado especial de la Unión Europea para el proceso de paz, se empezó a ejecutar el proyecto “Fronteras de selva y mar para la paz” en Bahía Solano, Juradó y Nuquí. 

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Indígenas emberas en una de sus comunidades ubicadas en el norte del departamento de Chocó. / Fotos: Brújula Comunicaciones

En Chocó, algunos olores, sabores y colores son únicos. Sus habitantes, con orgullo, aseguran que no se encuentran sino en ese departamento: un fruto color café con olor a vainilla, una piña blanca más suave y dulce que la que normalmente se consigue en el mercado, un jugo con un sabor tan diferente a los tradicionales que obliga a preguntar con cuál fruta lo prepararon. “Con lulo del Chocó”, es la respuesta. Estas frutas únicas las cultivan en un territorio que, agregan, es “el más hermoso del país”, en una zona rica en biodiversidad única “en todo el planeta”.

Con estas pequeñas demostraciones reciben algunos pobladores a sus visitantes. Y no terminan ahí. Destacan que el Chocó es único en organización política, debido a los resguardos indígenas y a los territorios colectivos; y en organización medioambiental, por las áreas protegidas, por el turismo sostenible, por la zona exclusiva para la pesca artesanal. “Esto no lo tiene nadie”, dice Mauricio Mira, jefe de la Oficina de Negocios Verdes y Sostenibles del Ministerio del Medioambiente. “Es un espejo para otras comunidades del país”.

Con estas impresiones se encontraron, por primera vez, Eamon Gilmore, enviado especial de la Unión Europea (UE) para el proceso de paz, y 11 periodistas de diferentes medios de comunicación de Europa durante una visita de dos días en los municipios de Bahía Solano y Nuquí, subregión del Pacífico norte de Colombia. Con ellos estaba Ana Paula Zacarías, embajadora de la UE, quien ya había estado allí en agosto de 2016, y representantes de los ministerios de Desarrollo Rural, Medioambiente y Turismo. 

El recorrido comenzó en el coliseo de Bahía Solano el jueves 6 de abril. La razón principal de la visita de Gilmore era la firma del proyecto “Fronteras de selva y mar para la paz”. Antes del acto protocolario de la firma, los visitantes conocieron, en una especie de feria, algunos de los proyectos sostenibles de la zona. Se informaron sobre la Zona Exclusiva de Pesca Artesanal (Zepa), única en Colombia, impulsada por los pescadores de la región. Conocieron un amplio menú de productos autóctonos y escucharon las propuestas de los agricultores. Por ejemplo, sacar vinagre del plátano y procesar la vainilla natural.

Los expositores (fueron ellos quienes definieron los proyectos a fortalecer) no ocultaron su alegría con la visita de los representantes de la Unión Europea. “El proyecto va a aportar mucho al posconflicto, porque con este vamos a volver nuevamente al campo. La violencia sacó a los productores de la región”, dijo el campesino José Ruperto Mosquera Murillo.

Ana Paula Zacarías, embajadora de la UE, junto a Eamon  Gilmore, enviado especial de la UE para el proceso de paz, durante su recorrido por Chocó.

 

De las palabras a los hechos

Tras ver durante más de una hora las iniciativas y escuchar las historias de los creadores, Gilmore, quien dijo que tenía el honor de ir en representación de 500 millones de personas de 28 países, expresó que él comprende lo difícil que es conseguir el sustento en el campo o en el mar. Contó que creció y trabajó en una granja del norte de Irlanda y que allí aprendió que los campesinos no se rinden. “Esas son las cualidades que necesita tener Colombia en este momento, mientras el proceso de paz está siendo implementado”. Entre tanto, Zacarías dijo que la presentación del proyecto significa pasar “de las palabras, de los papeles, a los hechos”.

Y los hechos se dieron con la firma del contrato entre la Unión Europea (UE) y el Instituto de Investigaciones del Pacífico (IIAP), en conjunto con los municipios de Bahía Solano, Juradó y Nuquí. Se llegó a este punto luego de 12 reuniones de concertación entre la UE y diferentes instancias del Gobierno y de 19 reuniones de consulta con las comunidades. 

El proyecto, por un valor de cuatro millones de euros (3,2 aportados por la unión Europea y 800 por Colombia), hace parte del Fondo Fiduciario para la Paz en Colombia, creado en Bruselas (Bélgica) el 12 de diciembre de 2016. Este fondo para el posconflicto tiene un presupuesto de 95 millones de euros (100 millones de dólares) para apoyar concretamente el Acuerdo Política de Desarrollo Agrario Integral, enfocado en territorios rurales marginados.

Los cuatro objetivos del proyecto son fortalecer las economías locales, ordenar el territorio, contribuir al cierre de las brechas sociales y culturales y promover la cohesión social. En concreto, beneficiará a unos 3.000 pescadores, a 1.900 familias agricultoras, a 1.950 usuarios de servicios básicos de educación, salud y recreación, y apoyará a diferentes organizaciones.

En 30 meses, período de ejecución, se conocerán los resultados. Sin embargo, estos deben ser el inicio de un modelo de desarrollo sostenible. Se trata entonces, como dijo la embajadora Zacarías, de una semilla que permita que “cuando se termine el proyecto, la gente pueda seguir adelante con lo que aprendió, con lo que ganó”.

Experiencias diferentes

El viernes 7 de abril, los visitantes continuaron su recorrido por algunos de los terrenos donde ha de germinar esa semilla. Primero visitaron el Parque Natural Utría, un lugar de 54 mil hectáreas, considerado uno de los lugares más bellos y misteriosos del Pacífico colombiano, ubicado en los municipios de Bahía Solano, Bojayá, Alto Baudó y Nuquí. En este escenario, que existe desde 1987 y donde se vive el ecoturismo desde 1996 tras la creación de la Ley 300, hay además tres resguardos indígenas.

Desembarcaron en la playa La Aguada. Allí visitaron el modelo ecoturístico Mano Cambiada, creado por Josefina Klínger, mujer Cafam 2015. Mientras desayunaban, cada comentario era halagador sobre las instalaciones del ecohotel, los alimentos, la atención, la sonrisa de Josefina.

Más adelante, ella diría que todo eso que veían y sentían se debía a la apuesta por el ecoturismo para el desarrollo local. “Nosotros entendimos que el mundo necesita experiencias diferentes”, como el sabor de esa “negrura” y el amor de los indígenas por su territorio.

Luego, los visitantes vieron un video en el que se representa parte de la magia del parque, donde hay 100 especies de peces, 270 especies de aves, 105 crustáceos, visitas de ballenas jorobadas, cachalotes, tortugas milenarias. Después recorrieron los manglares por un sendero peatonal de 780 metros (pronto se construirán 400 más).

En este lugar, en 2016 estuvieron casi seis mil viajeros. Los viajeros dejaron el parque Utría y fueron a la etnoaldea Kiphara Te Embera, con capacidad para alojar 24 visitantes en tres tambos. Allí fueron recibidos por la guardia indígena y con cánticos por algunas de las 380 personas (de 75 familias) que viven en este resguardo de 80.500 hectáreas.

La etnoaldea existe desde hace tres años y es financiada por el Viceministerio de Comercio y por el IIAP. Luego de ver artesanías, bailes, los visitantes almorzaron pescado bañado en especias, acompañado con patacón, yuca, queso, jugo de borojó, piña blanca y postres de papaya y coco.

Obstáculos a superar

La etnoaldea y el Parque Nacional Utría son algunos de los lugares del norte del Chocó donde comenzará a germinar la semilla sembrada por la UE. Sin embargo, la belleza y la riqueza en biodiversidad de estos lugares y en general de todo el norte del Pacífico no ocultan los enormes riesgos que hay allí.

En diferentes momentos, los alcaldes de Bahía Solano y el director del IIAP, William Klínger, hicieron llamados de alerta. Dijeron que si no se controla la inseguridad de la región, de poco servirá la inversión. “Todas las riquezas no se pueden aprovechar si no existe tranquilidad”, dijo Everto López Perea, alcalde de Nuquí. Alberto Achito, alcalde de Juradó, agregó que los actores armados tienen control. “No hay garantías de seguridad”, aseguró.

La ubicación estratégica de Chocó, y en este caso de la subregión del norte, es un atractivo para todo tipo de organizaciones criminales. “En esta región acopian la droga que va para Centroamérica”, dice Jimmy Gamboa, concejal de Nuquí.
Un informe de la Defensoría sobre las Zonas de Frontera, publicado en enero de 2017, dice que una ruta de los traficantes identificada es Bahía Solano-Juradó-Panamá. “Esta travesía puede tardar aproximadamente dos horas desde Juradó y cuatro horas desde Bahía Solano”, indica el informe. En este sentido, las autoridades locales dicen que “no es posible que el proyecto sea exitoso si no se controla la inseguridad”. Creen que puede ser un condicionante para el desarrollo del proyecto.

Por otra parte, Josefina Klínger comenta que no es posible hacer proyectos ecoturísticos en lugares con necesidades insatisfechas. El Plan de Desarrollo de Chocó 2016-2019 reconoce que este “es el departamento que presenta mayor rezago social y el más bajo nivel de desarrollo humano en todo el país”. En este departamento, las necesidades básicas insatisfechas (NBI) son del 79,2 %, mientras que en el país son del 27,7 %. “No puede haber paz si no hay buena alimentación, comunicación (…), transporte, infraestructura, conectividad, salud, educación…”, dijo el alcalde Achito.

¿Y cómo evitar que se desvíen lo recursos? Para la embajadora Zacarías, una de las ventajas de este proyecto es que se construyó de abajo a arriba con las comunidades. “Entonces ellos mismos saben que están participando (…), que el dinero va a llegar y sobre todo tenemos confianza en la entidad que lo va a implementar (IIAP)”.

Agregó que hay varios mecanismos de verificación. “Así como hemos hecho varias misiones para estudiar lo que sería el proyecto, tendremos varias misiones para ver cómo está siendo implementado”, dijo. Y Gilmore agregó que por eso él está visitando los territorios, porque quiere ver dónde y cómo se está invirtiendo el dinero.

Tras dos días de visita en Bahía Solano y Nuquí, Gilmore expresó que quedó impactado con la labor de protección de medio ambiente de las comunidades y con el trabajo conjunto de comunidades indígenas y afrocolombianas. Y les explicó a los propios habitantes por qué la UE estaba allí. Porque “la biodiversidad que ustedes están protegiendo aquí es necesaria para proteger el planeta”… porque “los alimentos que están produciendo y protegiendo son necesarios para alimentar el mundo”, dijo.

“Hoy vi lo mejor”, dijo Gilmore en otro de sus discursos. Y es que en dos días de recorrido, él y sus acompañantes de la UE y los periodistas extranjeros conocieron lugares que son desconocidos hasta para los propios colombianos, incluso para muchos chocoanos. Lugares exóticos y mágicos.