Páez, el pueblo que resistió al conflicto y a las avalanchas

Empotrado en las montañas del oriente del Cauca y custodiado por el Nevado del Huila, este municipio será receptor del primer desembolso del fondo fiduciario para el posconflicto de la Unión Europea. El café y el turismo, dos de sus ventanas al futuro.

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La iglesia de Belalcázar, un municipio caucano que se ha sobrepuesto a desastres naturales y al conflicto armado.
Juan Camilo Serrano

Al llegar a Belalcázar, además del hermoso e imponente cañón del río Páez, el visitante es recibido con el aroma del café orgánico Pilamu que se vende en una sofisticada tienda. A una cuadra del parque central del municipio, se puede degustar un expresso de la misma calidad del que se vende en las tiendas del norte de Bogotá. Y mientras se decide entre un granizado o un capuchino, el turista puede observar al último grupo de extranjeros que se lanza en parapente desde la montaña más alta que resguarda al pueblo hasta una playa acondicionada para tal fin.

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Sería difícil para un visitante percibir a primera vista que este municipio fue atacado varias veces por la guerrilla, que su puesto de policía luce casi nuevo porque tuvo que ser levantado hace poco después de varios hostigamientos, que parte de su población tuvo que salir desplazada, que otros tantos fueron asesinados y que muchos niños y jóvenes se fueron a engrosar las filas de las Farc. Lo que sí se ve a simple vista es la marca que dejó la avalancha del río Páez en su lecho y sus alrededores.

Porque la historia de Páez se divide en dos: antes y después de la avalancha de 1994. “Antes de 1994 la población estaba incursionando mucho en minería ilegal y en cultivos de uso ilícito (coca, marihuana, amapola) y dicen los mayores que la reacción del nevado (del Huila) fue en defensa del territorio por todas las afectaciones que estaba sufriendo. De esa forma se subsana el daño. Hoy no hay cultivos de uso ilícito,”, relata el alcalde Marco Albeiro Gutiérrez.

Sentado en el café Pilamu, el mandatario se refiere a la tragedia que enlutó a este municipio cuando el terremoto del 6 de junio de ese año produjo deslizamientos y represamientos en el río Páez. Cerca de 1200 personas fallecieron y miles de parcelas quedaron sepultadas bajo el lodo. Los habitantes de Belalcázar se refieren al hecho como la reacción del Nevado del Huila ante los desmanes de los paeces que se estaban volviendo violentos y borrachos. Lo que aclaran todos es que “no se trató de un castigo, sino de un remedio para la zona que estaba afectada por esa enfermedad de cultivos ilícitos”, como advierte el alcalde.

Lo cierto es que después de escuchar las historias de boca de los paeces no queda duda de que a este pueblo le cae bien el apelativo de resistente. Dicen algunos entre risas, que entre el conflicto y las avalanchas, casi se acaba el pueblo. Hoy refieren con orgullo que ellos han resistido lo uno y lo otro y tienen muchas lecciones para mostrarle al mundo.

Frente a las Farc, fueron muchas las veces que se pararon para exigirle a esta guerrilla respeto por su población. Cuentan como anécdota que varias veces fueron hasta los campamentos a arrebatarles de las manos de los subversivos a sus hijos menores de edad que se habían llevado con engaños o bajo presión.

Frente a los eventos naturales, estas comunidades se convirtieron en referente por su sistema de gestión del riesgo. Después de la avalancha de 1994, se organizaron y crearon un método que combina los conocimientos ancestrales y la tecnología para reaccionar a tiempo y de manera eficiente cuando la naturaleza decide manifestarse. Crearon redes para disparar las alertas tempranas, construyeron vías de escape y refugios, además de un protocolo para la evacuación.

Fue tan exitosa su gestión, que en una avalancha posterior en 2008, más fuerte y más grande que la de 1994, solo se presentaron 12 muertos.

El alcalde Gutiérrez repite, con razón, que su municipio es ejemplo de resiliencia porque fueron capaces de levantarse después de los golpes fuertes del conflicto y de las avalanchas. Y ahora que disfrutan de la tranquilidad que les da el cese al fuego con las Farc, miran hacia atrás para hacerles homenaje las víctimas, para reconocer que su territorio fue estratégico para la confrontación por ser zona de paso hacia Tolima, Huila, Valle y Popayán, para no olvidar que el corregimiento de Riochiquito, fue una de las zonas donde nacieron las Farc hace 52 años.

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Por eso saludan la llegada del programa Pazadentro, financiado por la Unión Europea, con los primeros 4 millones de euros que se desembolsarán del fondo fiduciario para el posconflicto. “Tenemos muchas iniciativas, valoro que quieran ayudarnos a fortalecer nuestro camino hacia la creación de empresa, a apoyar la educación ancestral, entendida como la manera de reivindicar nuestras organizaciones y las autoridades tradicionales”, dice el alcalde.

Y recuerda que no es la primera vez que reciben el apoyo de la Unión Europea. Después de la avalancha del 94, se creó Siglo 21, el programa para rehabilitar la zona, y también fueron escenario de Segundo Laboratorio para la Paz.

“Tenemos la credibilidad porque tenemos resultados para mostrar”, dice el mandatario. Y recuerda, sentado en la tienda de café, que Pilamu (empresa que nació de ese primer apoyo de la UE) está en manos de una institución educativa y que allí los estudiantes realizan todo el proceso de la producción. Los más pequeños preparan la semilla, la siembran, los más grandecitos hacen la recolección de grano, el secado, y la llevada a la máquina para el trillado y la tostión, otros ayudan en el empacado y la comercialización. Los que ya casi se gradúan se encargan de la tienda.

“Queremos decirle a la comunidad que hay esperanza, que estamos construyendo un nuevo camino, que sí hay posibilidades para dejar atrás esas atrocidades, que no vamos a ser inferiores a estos retos”, concluye Gutiérrez.

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