Mesa de Jóvenes de Villavicencio, una lucha frontal contra el machismo

Viviana Palacios cuenta cómo el movimiento ha logrado cambiar la política pública para los jóvenes en el Meta y de la incidencia que han tenido en las mujeres que son maltratadas y que callan.

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Viviana Palacios es líder juvenil en el Meta y busca estrategias para acabar con la violencia de género.
Mauricio Alvarado.

Viviana Palacios es una de las voceras de la Mesa de Jóvenes de Villavicencio, una de las organizaciones que hace parte del movimiento juvenil departamental Nuestra Meta es la Paz. En la capital de esa región, la mesa se ha dedicado a concientizar a la Alcaldía y a la ciudadanía sobre la importancia de mejorar la salud sexual y reproductiva de las mujeres y niñas del municipio. Además, durante el 2016, se concentraron en explicar los acuerdos de paz de una forma lúdica y cercana a los jóvenes de los 29 departamentos que conforman el departamento.

Aunque el resultado del plebiscito en contra de los acuerdos de paz los desanimó en un principio, eso no fue obstaculo para que la mesa de jóvenes se interesara por los abstencionistas para hacer pedagogía. "Mucha gente empezó a preguntar sobre los acuerdos y esa fue el inicio de una nueva estrategia". Durante una visita a Villavicencio, Colombia2020 habló con la líder sobre la incidencia del movimiento juvenil en la política local del Meta.

¿En cuántos municipios del Meta hace presencia la Mesa de Jóvenes?

Tenemos representantes en siete municipios, pero hemos desarrollado actividades en los 29 que tiene el departamento. La mesa está conformada por unas 12 organizaciones juveniles e impulsamos el movimiento Nuestra Meta es la Paz, que construyó el manifiesto de la Juventud a la Paz. Eso es importante si se tiene en cuenta que el Consejo de Seguridad de la ONU afirma que, así como las mujeres tienen un papel fundamental en la construcción de la paz, los jóvenes también son fundamentales para este proceso.

¿Cómo hicieron para mantener un equipo de trabajo?

Llegamos a los jóvenes a través de lo que les gusta: las actividades lúdicas. Ellos tienen que entender que los derechos humanos no son una cátedra aburrida, sino que es parte de su día a día. Hicimos fogatas, lunadas, cine foros y otras cosas para demostrar la importancia de los Derechos Humanos. Hicimos viajes por todos los municipios incentivando a los jóvenes a participar en la construcción de una política pública para ellos mismos. Ahora podemos decir con orgullo que es gracias a nosotros que existe un documento que agrupa las mayores necesidades e intereses de los jóvenes del Meta.

¿Cómo recibieron las autoridades municipales y departamentales sus propuestas?

Tratar con ellos no ha sido fácil. Hay gobiernos locales que son mucho más cercanos al tema y otros que no les interesa, pero eso nos ayudó a aprender a negociar. Creamos un comité conjunto que tuviera la visión de los jóvenes para construir una política pública para la juventud. Hicimos toda una estrategia de incidencia para llegar a las secretarías y a la Asamblea Departamental para explicarles las problemáticas y exponer propuestas. Lograr ese documento nos costó mucho, pero ese trabajo nos ayudó a consolidar un grupo de líderes sólido en algunos municipios.

¿Cómo recibieron ustedes como grupo de líderes el resultado del plebiscito?

Fue muy duro porque habíamos hecho mucha pedagogía. Pero luego de llorar nos dimos cuenta de que es una oportunidad. Ese NO despertó a muchos jóvenes que antes no se habían interesado por el proceso. Ese resultado que parecía negativo nos ayudó a llegar a los muchachos que estaban alejados de la política por culpa de la politiquería. 

¿Crees que ese fervor se contagió a los jóvenes de Villavicencio?

En el casco urbano todavía no se ha visto tanto. Tal vez por ser la capital y estar un poco más alejada de las zonas rurales. Pero en los municipios alejados logramos que los jóvenes se emocionaran con la paz. Además, porque son ellos los que viven con los grupos armados, entonces allá nacieron muchas iniciativas para apostarle a la construcción de paz.

Otro tema que la Mesa de Jóvenes de Villavicencio ha trabajado mucho es la salud sexual y reproductiva de las adolescentes ¿Por qué fue necesario de trabajar este tema en particular?

Porque empezamos a analizar los Derechos Humanos desde el punto de vista de los jóvenes y lo que más identificamos fueron unas altas tasas de embarazo en adolescentes y violencia contra la mujer. Además, notamos que había poca formación en derechos y ciudadanía, así que nos propusimos cambiar eso.

¿Cuál ha sido el desafío para concientizar a las mujeres de sus derechos sexuales y reproductivos?

Es un tema que nace desde la formación patriarcal que hay en toda Colombia, pero que es más fuerte en el Llano. Aquí se promueven unos estereotipos del hombre macho intransigente y la mujer familiar y dependiente. Eso se ve en muchas manifestaciones culturales y puede generar relaciones de violencia intrafamiliar. Eso es muy difícil de transformar.

¿Cómo se manifiestan esos imaginarios en los jóvenes?

Identificamos, por ejemplo, que muchas jóvenes consideran normal que su novio controle sus redes sociales, sus comunicaciones personales. Le entregan sus claves y le permiten acceso a su intimidad en todos los niveles. Asimismo, hemos identificado otros imaginarios nocivos que en el fondo son violencia, las cuales se justifican por las construcciones sociales.

¿Es decir, que en el Llano es fuerte esa premisa de que la mujer se ha convertido en una propiedad del hombre?

Claro y eso genera violencia que también es visible en las estadísticas de explotación sexual, embarazos juveniles y violencia intrafamiliar. En lo que va corrido del año se han registrado más de 500 embarazos en menores de edad, muchos de ellos en adolescentes menores de 14 años.  Además, vemos que la gente todavía contempla la violencia física como una manera de enseñarle a sus hijas o mujeres cómo deben comportarse.

¿Cuál ha sido la respuesta institucional a estos problemas?

Las acciones de los gobiernos locales existen, pero no son tan representativas como el problema. Son discontinuas y no generan un proceso que cree un cambio real. Las rutas de atención hacia las diferentes violencias tienen muchos vacíos y limitantes. Por eso formamos a muchas mujeres sobre cómo denunciar esas agresiones. Sin embargo, cuando finalmente se animan a hacerlo se encuentran con una institucionalidad débil. En Villavicencio, por ejemplo, hay tres comisarías de familia que deben atender a siete comunas y ocho corregimientos. La gente va y les entregan citas para 2017. Una de las metas para este cuatrienio es abrir la cuarta comisaría de familia, pero todavía no ha empezado el proceso.

¿Qué sueñan los jóvenes de Villavicencio?

Queremos transformar la cultura en la que vivimos. Queremos apartarnos de la violencia y de la idea de que nos podemos enriquecer de forma fácil con la economía ilegal. Ese imaginario ha causado miles de muertos en nuestro departamento. Queremos seguir fortaleciendo otras organizaciones de jóvenes para que muchas más personas se sumen a ese sueño de construir una verdadera paz.