Mampuján, hilando memoria y perdón

Después de un largo proceso de reparación y de usar el arte como medio para llegar al perdón, las víctimas de Mampuján dicen estar listas para ayudar a otros a reconciliarse. Este sábado se reunen para buscar salidas hacia la paz después del plebiscito. 

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Gledys López es una de las tejedoras que llegó a la U. Externado a exhibir las telas.
Mauricio Alvarado

Este sábado se reunen 120 lideres de 36 organizaciones de víctimas de la región de Montes de María en el Espacio Regional de Construcción de Paz, para tratar de resolver las inquietudes de quienes votaron NO al acuerdo con las Farc y buscar soluciones que permitan cambiar lo que sea necesario en los acuerdos. Juana Alicia Ruiz, líder de las Tejedoras de Mampuján, que estarán en el encuentro, dice que esta iniciativa surge desde la comunidad que se siente responsable por los acuerdos de paz. "Mucho de lo que está en el texto es producto de nuestros aportes, así que ahora debemos escuchar a los del NO con atención para entender sus argumetos y hacer lo cambios necesarios".

Cuando se le pregunta a Rafael Posso qué piensa del resultado del plebiscito da un largo suspiro y dice “las víctimas de los Montes de María seguiremos trabajando por la paz”. No lo dice en tono desafiante. Solo categórico, seguro. Lo dice así porque el asesinato de su padre y dos hermanos en la vereda Las Brisas, municipio de San Juan Nepomuceno (Bolívar) en marzo del 2000, le enseñó que las pesadas y dolorosas cadenas de violencia solo se pueden romper con una firme decisión de paz.

 

“Cuando recién pasaron los hechos pensé en matar a los que asesinaron a mi familia. Reconocí a algunos de los verdugos porque eran los mismos muchachos nacidos en la zona. Me dieron ganas de empuñar un arma. Un día, cuando mi hijo cumplió los ocho años dijo "ojalá tuviera frente a mí a los que mataron a mi abuelito y mis tíos para matarlos a puños". Me di cuenta que le estaba irradiando ese odio por más de que había intentado aislarlo de los hechos”, dice Posso.

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Decidió empezar un proceso de recinciliación. El arte se convirtió en su medio para narrar, hacer catarsis y perdonar. Hizo cuatro dibujos en los que cuenta cómo mataron a sus familiares y cómo sacó los cuerpos a lomo de mula para sepultarlos. Su trabajo artístico le permitió unir esfuerzos con Tejedoras de Mampuján, un grupo de mujeres reconocidas por resguardar la memoria del conflicto zurciendo colchas que narran las masacres, el desplazamiento y el secuestro de los que fueron víctimas las comunidades afrocolombianas de la región, ubicada a tan solo dos horas de Cartagena, de los Montes de María. Juntos crearon una exposición de 11 tejidos, cuatro dibujos y una fotografía que narran la historia de la violencia que les tocó vivir.

Con esa exposición itinerante han contado en más de 23 escenarios cómo un grupo de 200 paramilitares del Bloque Héroes de los Montes de María, liderado por "Juancho Dique" y "Diego Vecino", cometió 56 masacres y ocasionó miles de desplazados en los departamentos de Bolívar y Sucre, en la costa del Caribe colombiano.

Con el arte como punto de apoyo, Rafael llegó a las mesas de reconciliación que se dieron en el 2010 con el firme propósito de perdonar a los agresores. “Los escuché y les conté todo lo que significaron para mí esas muertes. Al final logramos reconciliarnos y me tomé una foto con los victimarios. Recuerdo que en el evento había muchos medios y todos se lanzaron a registrar el momento. Yo los detuve porque esa foto era solo para mi hijo, para que él supiera que se puede conversar para no matarnos”, cuenta Rafael con ojos vidriosos mientras explica su obra.

Tanto para él como para las Tejedoras de Mampuján pasar del dolor y la rabia al perdón fue difícil. El proceso empezó cuando Teresa Geiser, una predicadora estadounidense de la Iglesia Menonita, llegó a la zona a enseñarle a las mujeres a coser cubrelechos. Pero las mujeres se aburrieron de las figuritas geométricas de tela rosada y le pidieron a Teresa que les enseñara a coser algo que representara su realidad. Así se convirtieron en las Tejedoras de Mampuján.

Por medio de estas telas no solo narraron sus tragedias, que datan desde la década de los 80, cuando las Farc controlaban la zona; también indagaron en el pasado de las comunidades afro en Colombia y cuestionaron los estereotipos de género a los que habían estado sujetas históricamente. Empezaron a explorar escenarios de participación política y cultural, y a buscar puestos de liderazgo dentro de su comunidad. Hicieron varios talleres de costura impartidos por instituciones como la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR), y algunas Ong.

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En 2008, durante un encuentro de víctimas en Sucre, Sincelejo, se encontraron con Juan Manuel Echavarría, creador de la Fundación Puntos de Encuentro, que apoya proyectos culturales en diferentes partes de Colombia. “Allí vi el tapiz titulado Desplazamiento y escuché por primera vez el nombre de Mampuján. Me di cuenta del poder que tienen esas telas. Las artes permiten ver el horror a través de una mirada indirecta y esta mirada indirecta es la que no nos petrifica del miedo. Así podemos reflexionar sobre el horror, analizarlo y sentirlo”, dice Echavarría. Ellas aceptaron la propuesta de tejer otros 11 tapices y la fundación invirtió $6 millones para que pudieran tener un espacio de creación y los materiales necesarios.

Con ese apoyo hicieron una serie de entrevistas en la región para conocer cuáles eran los casos de violencia en las diferentes veredas y municipios. Recopilaron la información y en una misma tela narraron los desmembramientos del corregimiento del Salado, en Carmen de Bolívar; la violencia contra las mujeres de la vereda Las Brisas, en San Juan Nepomuceno; y el despojo de tierras en Mampuján, en María La Baja. No olvidaron retratar la participación del Ejército y otros agentes estatales en las matanzas.

Las mujeres y sus telas han estado en más de 23 escenarios exponiendo su arte. Han estado en bibliotecas, galerías y universidades de Bogotá, Cartagena, Medellín, Bordeus (Francia) y Ginebra (Suiza). Se convirtieron en guardianas de la memoria de la guerra en los Montes de María. Por ello La Asociación para la Vida Digna y Solidaria (Asvidas), y su iniciativa Mujeres Tejiendo Sueños y Sabores de Paz de Mampuján, recibieron el Premio Nacional de Paz 2015.

Las tejedoras y Rafael Posso participan en la Red Colombiana de Lugares de Memoria para que otras comunidades que también vivieron tragedias puedan reconciliarse. “Este proceso que hicimos nosotros no es fácil, el perdón no se obliga. Somos un testimonio de una comunidad que fue masacrada, que fue torturada, pero perdonó”, explica Rafael.

Gledis López, una de las tejedoras, explica que para la Red Colombiana de Lugares de Memoria es más fácil ayudar a otras víctimas porque a lo largo de su proceso desarrollaron estrategias para lidiar con el dolor y los problemas. Eso, explica, es vital porque “cuando tienes un problema y lo guardas siempre vas a tener este problema. Pero cuando lo admites, lo cuentas y lo procesas llega un día en que te das cuenta que ya no te duele, ya sanaste esa herida”.

Proceso de reparación

Aunque las Tejedoras avanzaron en su proceso de reconciliación, la reparación no ha sido igual de ágil. Después de la entrada en vigencia de la Ley de Justicia y Paz, en 2005, la Corte Suprema ordenó una restitución a favor de las víctimas de Las Brisas y Mampuján, que implica no solamente una formalización de los títulos de tierras, sino también un acompañamiento de las instituciones del Estado para que los sobrevivientes tengan proyectos productivos con que sostenerse.

La sentencia fue la primera de este tipo en el país y se dictó a mediados de 2010 y se ratificó en abril de 2011. Con ese mandato, se buscaba solucionar la situación los 1357 sobrevivientes de los hechos. El liquidado Instituto Colombiano de Desarrollo Rural (Incoder) tituló 93 parcelas a igual número de familias en enero 2014, pero para los campesinos esto no es suficiente para recuperar lo perdido.

Además, la Corte ordenó algunas acciones de reparación colectiva: reemplazar la escuela, construir una iglesia, redes de acueducto y alcantarillado y pavimentar las calles que unen las veredas de Mampuján y Las Brisas. Pero el proceso se dilató por años mientras se consultaba con la comunidad, censaban a la población y se desembolsaban los recursos para la reparación.

Finalmente, a comienzos de mayo de este año, la Unidad para las Víctimas anunció que más del 90% de las medidas de reparación fueron implementadas con la participación de las víctimas en todo el proceso de ejecución. Esto lo constatan los sobrevivietnes como Gledis López, quien dice con orgullo que no solo logró salir adelante después de una experimentar la guerra en carne propia, sino que ahora esta lista para ayudar a otros a vivir con la tranquilidad de haber perdonado.

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