Donde hace cuatro años cayó un avión Super Tucano

La vida en Jambaló, Cauca, sin conflicto armado

Flor Ilva Tróchez, la primera alcaldesa indígena de este municipio, afirma que allí tiene importantes propuestas para fortalecer sus organizaciones sociales.  

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Los indígenas de Jambaló retiran los restos del avión.
David Schwarz

A Jambaló, Cauca, muchos colombianos lo recuerdan por las imágenes de un avión Super Tucano incrustado en las montañas de ese municipio. Cayó el 11 de julio de 2012, un día después de que la Guardia Indígena expulsara a los soldados del cerro El Berlín, en Toribío, y justo el mismo día en que el presidente Juan Manuel Santos visitó la zona para mediar en la tensión entre soldados y comuneros.

Entonces, las Farc afirmaron que el aparato consentido de la Fuerza Aérea Colombiana había sido derribado por sus hombres con una ametralladora calibre .50, mientras el Gobierno sostuvo que fue por fallas técnicas. Los dos tripulantes murieron, la caja negra se recuperó y la guerra con las Farc se intensificó en la zona.

Después del mediático episodio, el resguardo de indígenas nasas, que lleva el mismo nombre del municipio, sufrió varios enfrentamientos entre el Ejército y la guerrilla. Una de las arremetidas más fuertes fue el 21 de febrero de 2014, cuando una comisión humanitaria de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (Acin), quedó en medio del fuego y ocho guardias indígenas resultaron heridos.

Florilba Tróchez, alcaldesa de Jambaló, Cauca,  afirma que el municipio está listo para perdonar y reconstruir el tejido social. / APC-Colombia

Ahora el municipio despierta en medio del silencio de los fusiles y del liderazgo de una mujer que adelanta un plan de reparación colectiva en el marco de la implementación de los acuerdos de paz. Ella es Flor Ilva Tróchez Ramos, la primera alcaldesa indígena del municipio.

¿Cuál es el gran reto de Jambaló para el posconflicto?

Tenemos que consolidar las propuestas de las organizaciones sociales de base. Ellos llevan años trabajando proyectos de desarrollo social y nuestro trabajo es hacer la comparación entre lo que ellos han estado planeando, las estrategias que ha lanzado el Gobierno central y lo pactado en La Habana para ver qué puntos tienen en común y en cuáles todavía no nos vemos representados. Si vemos vacíos trabajaremos propuestas para implementar esos acuerdos de forma que nos beneficien a todos.

¿Cuáles son los retos que tienen las organizaciones de base para implementar esos proyectos?

Uno muy visible es el machismo que todavía se ve en la forma en que se critica el trabajo de las mujeres. Para poder construir unos planes sólidos debemos tener todas las voces empoderadas.

También consolidar nuestro plan de vida para los próximos 30 años. Queremos crear una estrategia que llegue a cada una de las comunidades a través del emprendimiento social, cultural y económico. Así se podrían tener los medios para reconstruir el tejido social dañado por la guerra. El Plan de Desarrollo se convertirá en una herramienta técnica para desarrollar los planes de vida de las familias de Jambaló y superar la violencia.

¿Cómo ha sido la experiencia de ser alcaldesa indígena?

Muchas veces me siento sola, sin tener a quién explicarle mis vivencias y preocupaciones como alcaldesa, porque la mayoría de los líderes locales son hombres. El desafío es romper ese hielo, generar estrategias y convocar a reuniones sin sentirme menos por ser mujer. 

¿Cómo la tocó el conflicto a usted?

La violencia tocó lo que más me duele: mis hijos. He sido amenazada por mi rol de líder y eso ha truncado los planes de vida de mis hijos, quienes han tenido que huir por amenazas de secuestro. Las Farc me señalaron de desobedecer sus protocolos y dijeron que me iban a ajusticiar. Menos mal no me hicieron daño, pero mis hijos tuvieron que salir de Jambaló a estudiar en Popayán. 

¿Cree que Jambaló está listo para perdonar?

Hay que vivir el dolor, pero hay que sanar el espíritu y sacar la fortaleza para decir que la guerra no nos puede acabar. Los conflictos sociales deben ser una herramienta para reconstruir los tejidos sociales. Las mujeres nasas decimos que nosotras ayudamos a hilar la vida y también es nuestra responsabilidad no decaer aun frente a retos tan fuertes como perdonar. Si callamos la violencia gana.

De igual manera, debemos ser muy insistentes con nuestros jóvenes en la idea de que las armas nunca son la solución. Muchos se unieron a la lucha armada por problemáticas sociales y como respuesta al rencor que causan las desigualdades sociales. No quiero excusar la guerra, pero sí debo hablar desde los contextos reales, y la realidad es que muchos todavía no confían en las instituciones. 

Tras el silencio de los fusiles, ¿qué viene ahora para los pobladores de Jambaló?

Ahora debemos perdonar y usar los acuerdos de La Habana para ganar confianza en la institucionalidad. Olvidar es imposible. No podemos enterrar la memoria, pero sí derribar rencores, egoísmos y odios para tejer la reconciliación.