La paz en el Catatumbo pasa por la sustitución ya

“Rubén Zamora”, uno de los jefes históricos de las Farc en el Catatumbo, presenta su visión de esta conflictiva región y las claves que tendrá el diálogo del Gobierno con el Eln, a partir de su propia experiencia como delegado en La Habana.

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El Mecanismo de Monitoreo y Verificación confirmó ayer el arribo de las Farc a la zona de Caño Indio.
/ Cortesía MMV

El penúltimo traslado de guerrilleros a las zonas donde dejarán las armas se dio ayer. Cerca de 180 subversivos llegaron a Caño Indio, en medio de dificultades logísticas y de seguridad por las que, incluso, el Mecanismo de Monitoreo y Verificación de Naciones Unidas dijo que enviaría a un grupo especial para vigilar el desplazamiento del Frente 33, que en esa área tendrá 268 guerrilleros en tránsito a la vida civil.

Allí, en el Catatumbo, una región en el noroeste de Norte de Santander, entre la cordillera Oriental de Colombia y el lago de Maracaibo (Venezuela), la guerra no parece ceder. Inteligencia militar calcula que hay más de 1.400 hombres armados de forma irregular entre las dos facciones subversivas del Epl y el Eln, así como la presencia de cuatro bandas criminales: clan del Golfo, los Rastrojos, Águilas Negras y los Puntilleros.

Estos se disputan las casi 16.000 hectáreas de coca que hay cultivadas en la región, las cuales han aumentado en los últimos cinco años.

Este año, Emiro del Carmen Ropero Suárez (alias Rubén Zamora) cumple tres décadas de haber ingresado a las Farc. Tenía 24 años y por ser natural de Norte de Santander fue enviado por el Secretariado a la zona del Catatumbo, que en ese entonces ya era un hervidero social.

A pesar de que Zamora conoce palmo a palmo el área, paradójicamente no ha estado en el Catatumbo durante esta movilización, uno de los momentos más cruciales para el Frente 33, la facción que siempre comandó y que históricamente estuvo ligada con el narcotráfico. Desde enero del 2015, y siendo delegado de las Farc en La Habana, está en el Meta cumpliendo labores de pedagogía de los acuerdos con los subversivos del bloque Oriental.

“Estar lejos no me impide conectarme con la zona. Sigo vinculado. Es una región que se ha caracterizado por ser una de las de mayor conflicto social producto del abandono por parte del Estado. Cuando ha hecho presencia, ha sido con la Fuerza Pública”, señala.

A la par de los movimientos insurgentes, en el Catatumbo nacieron también los cultivos ilícitos, debido a la crisis económica que sufrían los campesinos y el auge del narcotráfico, asegura este guerrillero.

La movilización hacia Caño Indio

El traslado de guerrilleros a la zona de Caño Indio se hizo bajo rumores y amenazas de grupos paramilitares. Zamora explica que las comunidades dicen que se trata de Águilas Negras y que, tras la movilización de la tropa guerrillera, su presencia se ha sentido con mayor influencia en municipios como Ocaña, Puerto Santander y Cúcuta. También intentaron hacer presencia en el municipio de Convención, pero allí fueron replegados por la Fuerza Pública, reconoce Zamora.

“El problema no es que hayamos elegido mal Caño Indio como zona de concentración de nuestra gente. La dificultad es que estos grupos se están disputando las rutas del narcotráfico y ahora también amenazan a dirigentes sociales y a comunidades. Insisto: no se trata de una mala elección del sitio, lo que se debe garantizar son las medidas de seguridad”.

El jefe guerrillero añade que, pese a que el Gobierno Nacional anunció que 68.000 efectivos militares cubrirían las zonas dejadas por las Farc, este fenómeno de paramilitarismo en zonas veredales no sólo se presenta en el Catatumbo, sino que tiene información de que ocurre en Apartadó y Briceño (Antioquia), Cauca y Nariño.

“En una zona como estas, la mayor garantía que se puede encontrar para resolver las problemáticas en el territorio es la aplicación de los acuerdos. La sustitución de cultivos de uso ilícito es fundamental, pues de esta forma se neutralizan todos los factores de amenazas, como el económico, el político y de orden público. El Catatumbo será sin duda una de las regiones claves”, dice.

Frente a los señalamientos que lo relacionan con el negocio del narcotráfico, hoy Rubén Zamora prefiere que lo relacionen con la solución: “Tenemos un compromiso y buscamos soluciones de sustitución al problema de las drogas ilícitas”, indica.

El proceso con el Eln

Zamora acepta que la paz en el Catatumbo pasa por tres momentos: la implementación efectiva de los acuerdos con las Farc, el avance del proceso con el Eln y la participación de la sociedad que allí habita. Para eso, antes que nada, “se deben tomar medidas urgentes para que inicie la sustitución de los cultivos de uso ilícito”, insiste.

Durante más de 10 años ha tenido a su hija viviendo en el exilio y le han asesinado 10 familiares, esto sin contar los muertos de lado y lado que dejó el conflicto armado. Por todo esto, Zamora es consciente de los riesgos que vienen para su vida, sólo que hoy, cuando se dispone a dejar las armas, espera que el Gobierno pueda garantizar su seguridad y la de todos los excombatientes.

“Después de 30 años de estar en guerra en el Catatumbo, a lo único que le temo hoy es a que no se cumpla con la implementación, porque eso sería volver al pasado. Para eso es importante que los colombianos conozcan bien lo que se firmó y exijan que eso se materialice”.

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