Celebrarán los 17 años con una cena para recaudar fondos

La apuesta porque el campesino sea empresario de su tierra

Después del secuestro masivo del ELN en la Iglesia La María, en Cali, en 1999, un grupo de empresarios fundó la organización Vallenpaz para fortalecer el campo de esa región.

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Vallenpaz busca generar desarrollo integral en el campo.
Fotos: Cortesía Vallenpaz

Luis Alberto Lenis cultiva guayaba en Padilla, Cauca. La tradición de agricultor está en su sangre, sus abuelos y sus papás también trabajaban el campo y, aunque sus hijos no están vinculados con la agricultura, le gustaría que la tradición no se pierda. Más que un campesino, se considera un empresario del campo.

 Hace diez años hace parte de Vallenpaz, organización que desde el año 2000 busca generar oportunidades de desarrollo en comunidades campesinas del suroccidente del país, que han sido afectadas por el conflicto armado. “Estar acá me ha traído muchas bendiciones porque antes no tenía visión de empresa, solo cultivaba y vendía la producción”. Cuenta que su forma de trabajar ha cambiado porque antes todo era más rústico, pero ahora ha podido capacitarse con universidades de su región y compartir su conocimiento con otros empresarios de la tierra porque es un “legado que no se puede llevar a la tumba”. (Puede leer: "Cooperativas de las Farc, una alternativa para el posconflicto")

Como Luis Alberto Lenis, otras 7.200 familias de 22 municipios ubicados en Valle del Cauca (Buenaventura, Palmira, Pradera, Cerrito, Florida, Jamundí, Dagua y la zona rural del municipio de Cali); Cauca (Miranda, Corinto, Buenos Aires, Padilla, Santander de Quilichao, Villa Rica, Caloto, Guachené, Puerto Tejada, en la zona norte del Cauca; Cajibío, Caldono y Piendamó en la zona centro del Cauca); y Nariño (Leiva y El Rosario) hacen parte de Vallenpaz.

Para Felipe Montoya, su director, es importante que los proyectos que se implementan en el campo sean integrales, “deben tener acompañamiento social a la familia campesina, empezando por las mujeres y los niños; asistencia técnica, insumos amigables con el ambiente, acceso al agua y apoyo en la comercialización”, todo con el fin de cumplir el objetivo que se trazó la organización hace diecisiete años: promover el desarrollo integral del campo.

Montoya recuerda que aún hay niños en los colegios que creen que un tomate viene del supermercado y no de la tierra, por eso quieren recordar que sin campo no hay ciudad. Los proyectos de desarrollo rural que lidera van desde capacitaciones técnicas en el trabajo de la tierra hasta el apoyo a los campesinos que buscan promover como empresarios. (Vea: "Colonos con tierra en las uñas")

Pero, ¿qué necesita el campo? “Que el gobierno se fije un poco más, no solo en las empresas agrícolas de alto nivel, sino en los pequeños campesinos porque en este momento estamos un poco desamparados”, asegura Luz Ángela Vanegas, productora del municipio de Caloto, Cauca.

Ella, en los cultivos de piña oro miel que tiene con su esposo y alcanzan tres hectáreas, ha empezado a implementar nuevas formas de trabajo, con dinámicas de producción limpia, sin quemar, eliminando los productos químicos tanto como esté a su alcance y compartiendo el mensaje del orgullo que siente de ser campesina, de que sus frutas no solo ayuden a su familia, sino que sean el alimento de un departamento que no podría subsistir sin los cultivos que ella y sus compañeros tienen entre las planicies de la región. Sueña con tener un sello para la exportación como una certificación de Global GAP que le pueda dar un valor agregado a sus frutos. “Tenemos todo para competir en calidad, pero a veces las grandes empresas no nos permiten competir con el precio porque lo que no exportan la riegan por todo el país”.

Este año Vallenpaz celebra su aniversario número diecisiete con una cena que realizan por décima ocasión con el objetivo de recaudar fondos que permitan continuar los proyectos de desarrollo rural que han beneficiado a “empresario de la tierra” como Luis Alberto Lenis y Luz Ángela Vanegas, para quienes ser campesino es un orgullo porque sin campo no hay ciudad. (Lea: "La Esmeralda: cultivar para resurgir")