La apuesta agrícola para un Cauca en paz

Se invertirán $12.400 millones en los municipios de Inzá, Totoró y Páez, en el oriente del Cauca, en los próximos 30 meses. La iniciativa de la Unión Europea beneficiaría a más de 3.000 familias afros, indígenas y campesinas con proyectos educativos, agropecuarios y sociales.

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Las mujeres en el oriente del Cauca han tenido la vital tarea de preservar las semillas.
/ Juan Camilo Serrano

“El reto para el oriente del Cauca ahora es sanear el conflicto social entre indígenas, afros y campesinos. Debemos vernos como lo que somos: orgullosos habitantes del gran Macizo Colombiano”, dice Ómar Cordero, un joven de vivaces ojos azules que hace parte de las organizaciones campesinas del municipio de Inzá (Cauca).

La capitanía afro de El Salado, las familias campesinas y 30 resguardos indígenas de Totoró, Inzá y Páez llevan años trabajando en proyectos que los ayuden a dirimir estas diferencias y tener un desarrollo estable. Entre el 2000 y el 2005 pusieron en funcionamiento el Programa de Desarrollo Regional de Tierradentro y en el 2008 el II Laboratorio de Paz, ambos financiados por la Unión Europea y ejecutados por las asociaciones de cabildos, las organizaciones campesinas y las alcaldías.

Ahora se preparan para poner en práctica el proyecto Pazadentro, un ambicioso paquete de iniciativas que busca desarrollar la economía local de una forma sostenible, resguardar el patrimonio cultural, organizar y planear el territorio de acuerdo con la visión de los caucanos, y mejorar la gestión ambiental de sus recursos naturales. Esto costará 4 millones de euros ($12.800 millones) y la Unión Europea aportará el 80 % de esos recursos (3’200.000 euros).

Este dinero, explica Hilario Sánchez, alcalde del municipio de Totoró, es muy importante para la región, porque los tres municipios no recaudan suficientes impuestos para subsanar los gastos municipales ni para invertir a largo plazo. “Tenemos la oportunidad de promover a gran escala líneas productivas, como el café orgánico. Necesitamos una economía estable que garantice el desarrollo con respeto por la naturaleza y nuestros conocimientos ancestrales”, añade.

En el oriente del Cauca se desprenden las cordilleras Central y Oriental para producir la “estrella hídrica”, con 362 lagunas en la alta montaña, 13 páramos y ecosistemas increíblemente biodiversos. Allí, entre escarpadas montañas tapizadas con una maraña de cafetales, guamos y árboles frutales, nacen ríos como el Patía —que baña gran parte de la región pacífica del país—; el Cauca y el Magdalena, que atraviesan Colombia de sur a norte, y el Putumayo y el Caquetá, pertenecientes a la cuenca del Amazonas.

Estos datos son importantes para entender por qué las comunidades que nacieron y enterraron sus ombligos en esa región repiten una y otra vez, como si se tratara de un mantra, “debemos defender nuestro territorio”.

Llevan décadas adelantando, con o sin la bendición del Gobierno central, iniciativas para revertir el modelo de explotación basado en monocultivos, el uso de químicos, la dependencia de la intermediación y el bajo precio de los productos agrícolas.

Se oponen a los proyectos agroindustriales que promueven una limitada competitividad y altos niveles de deterioro de ecosistemas y que ponen en riesgo la seguridad alimentaria.

La lucha ha sido larga, dura, y necesitan asistencia técnica, mayor acceso a crédito y una consolidación organizativa para sacar adelante esta comunidad multicultural. Piden mejor infraestructura, herramientas tecnológicas, equipos e insumos, así como apoyo para acceder a nuevos mercados y fortalecer sus cadenas productivas.

Todo eso quedó plasmado en el proyecto Pazadentro, en el que la comunidad y los técnicos de la UE trabajaron durante tres meses, luego de que se creara el Fondo Fiduciario para la Paz. El proyecto se inauguró el Día de Europa, el 9 de mayo, cuando se cumplieron 60 años del Tratado de Roma y se celebró la más larga etapa de paz en ese continente. A Popayán llegaron 15 embajadores y encargados de negocios de los países miembros de la Unión para participar en el lanzamiento.

“Esta es una de las primeras iniciativas para cumplir el punto uno del Acuerdo de La Habana”, dice Adrián Valdés, experto de la delegación de la Unión Europea para la formulación del programa de Pazadentro. Es especialmente representativo, añade, que se haga en esta región tan diversa. En el proyecto participan 3.000 jóvenes de cinco instituciones educativas, 38 organizaciones comunitarias, 30 resguardos y cabildos indígenas, tres asociaciones campesinas, una capitanía afro y también la cabecera urbana de los municipios.

A lo largo de la construcción del programa, la comunidad dejó claro que el pilar fundamental para el desarrollo de la región es la educación. “La educación actual no resuelve las necesidades de los territorios, sino que prepara a los muchachos para salir a buscar un trabajo que no hay. No los forma en el amor a su tierra y a su cultura ni les da las herramientas para resolver los problemas que encuentran en sus comunidades. Eso debe cambiar”, explica José Pete, consejero mayor del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC).

Pazadentro, en cambio, se enfocará en escuelas de danza, lúdica, música y artesanías, para ocupar los tiempos libres de los jóvenes. También enfocará las materias escolares, como química, física y matemática, en la realidad territorial. La idea es impedir que los jóvenes, niños y niñas sean reclutados por grupos armados y bandas delincuenciales.

Hay una enorme necesidad de empleo en la región y por eso es imperativo que los proyectos agrícolas vayan más allá de la subsistencia familiar y generen empleos. Más cuando el 40 % de la población es menor de 24 años.

A esto se suma que hay 4.356 víctimas directas del conflicto armado en estos tres municipios. Y con el fin de la confrontación con las Farc se espera que retornen muchas más.

El proyecto busca combinar los cultivos de pancoger con las cadenas de café, ganadería, caña, plátano, cacao, aromáticas medicinales y cera de laurel. Respaldará la producción y comercialización de abonos orgánicos y de concentrados nutricionales para animales, ayudará a que cerca de 800 huertos asociados a cultivos de café tengan certificación de manejo ecológico y apoyará la transformación de 100 toneladas de residuos inorgánicos para reciclaje, entre otros proyectos.

También fortalecerá el portafolio de servicios de crédito de la Corporación de Crédito Nasa Cxhab, una empresa que crearon las comunidades indígenas para hacer proyectos productivos en la región. “También exploraremos la viabilidad técnica, jurídica de convertirla en una entidad de ahorro y crédito”, explica Adrián Valdés.

Las mujeres serán beneficiarias directas del programa. “Ellas juegan un papel importante porque ancestralmente han sido las cuidadoras de las semillas y las hierbas medicinales. La idea es potenciar esos conocimientos en los nuevos proyectos”, dice Carlos Marino Valencia, representante legal de la capitanía comunidad afro del municipio de Páez.

Todo esto se complementa con un gran esfuerzo para fortalecer las organizaciones sociales y gobiernos locales ajustando los Planes de Vida indígenas, Etnoplanes Afros, los Planes de Desarrollo Campesino y los esquemas de ordenamiento territorial municipales de Inzá, Páez y Totoró.

João Ribeiro de Almeida, embajador de Portugal en Colombia, cree que este es un buen primer paso para la construcción de paz. “Colombia debe interiorizar el hecho de que este proceso de posconflicto puede demorar varias generaciones. Este es un buen comienzo para la región”, dice. En total, la Unión Europea apoya cerca de 20 proyectos en el Cauca y los diplomáticos afirman que “muchos más vendrán”.

Para Serafín Campo, quien a sus 45 años dice haber visto demasiada guerra, esta es una buena noticia para su vereda La Palma, de Totoró. “Queremos que este proyecto se mantenga en el tiempo y sea una solución de verdad. Queremos vincular a nuestros hijos, nietos y bisnietos en estas iniciativas y verlos prosperar”, concluye.