En Caño Indio urge atención en salud

¿Cuál es la situación de la zona veredal donde el Frente 33 de las Farc dejará las armas? ¿Los guerrilleros están convencidos del proceso de paz y de su tránsito a la vida civil? Colombia2020 estuvo en esta zona, la última acordada entre el Gobierno y la comunidad.

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Pendón a la entrada de la zona donde dejarán las armas los guerrilleros de las Farc en Caño Indio, Norte de Santander. / Fotos cortesía Nubia Mendoza - DILO Comunicaciones.

Salimos a la madrugada del 11 de marzo de Cúcuta, la capital de Norte de Santander, para internarnos en las profundidades del Catatumbo. Iba con la delegación de congresistas del Polo Democrático y prensa que fueron a verificar la situación de la Zona Veredal Transitoria de Normalización (ZVTN) de Caño Indio, donde alrededor de 348 guerrilleros del frente 33 de las Farc hacen su tránsito hacia la vida civil y el desarme.

Esta zona fue la última que se acordó entre el Gobierno y la comunidad, luego de un pulso intenso sobre garantías para la sustitución de cultivos de uso ilícito, que abundan en esta región.  En el 2013 los campesinos del Catatumbo hicieron parte del paro agrario y de la Cumbre Agraria que buscaba mejores condiciones para las personas que se dedican al campo. El pliego de peticiones que entonces firmaron con el Gobierno todavía está en veremos. Como los compromisos para sustituir cultivos de uso ilícito. 

Estas comunidades campesinas de las veredas La Palmera, Progreso, Chiquinquirá y Caño Indio, reclaman acceso a agua potable, energía y vías. Y con justa razón, se quedaron en el territorio y sobrevivieron a la arremetida paramilitar de 1999 a 2005, que dejó cifras oficiales de 11.200 muertos en cinco años. La última acción registrada, esta vez del grupo paramilitar que se autodenomina Águilas Negras, se registró del 8 al 15 de febrero, y coincidió con el movimiento de tropas de las Farc a la zona veredal de Caño Indio. Varias personas se desplazaron rumbo a Venezuela. 

A Caño Indio nos demoramos ocho horas de camino. Pero, a decir verdad, pudo ser más largo si se tiene en cuenta que las carreteras del Catatumbo son trochas sin pavimentar. Es incomprensible como una tierra tan rica, históricamente el bastión petrolero de Colombia (por donde sale el crudo y toneladas de explotaciones mineras como carbón) tiene caminos tan intransitables. Al lado de estas carreteras de pantano se ven humildes ranchos de campesinos, que parecen condenados a la miseria.

Cuando llegamos tuvimos que bajarnos medio kilómetro antes de la entrada de la zona veredal donde se reúnen los guerrilleros. La delegación, encabezada por los congresistas del Polo Democrático, Alirio Uribe (representante a la Cámara por Bogotá), Alberto Castilla e Iván Cepeda (senadores de la República), saltó charcos y escabulló barriales como pudo. Las camionetas no pudieron pasar por un hueco enorme en la mitad de la carretera. La entrada al primer anillo de seguridad de la zona estaba impecable y había soldados limpiando y cuidando el camino. De ahí en adelante, entrar hasta donde estaba la guerrilla, era realmente un reto.

El segundo anillo, como lo contemplan los acuerdos, debe ser el de la misión de Naciones Unidas y el mecanismo de monitoreo y verificación. Pero nadie estaba en ese punto. Entre el Ejército y las Farc no estaba mediando, ni verificando nadie. A la entrada de la zona veredal nos saludaron los comandantes guerrilleros Jimmy Guerrero y Rafael. Con ellos y otros guerrilleros conversamos en una carpa improvisada la situación en la que están:  

La mitad de los guerrilleros están enfermos y necesitan exámenes y atención médica inmediata: 45 guerrilleros requieren rayos X; 25 ecografías, 5 resonancias, 10 electrocardiogramas. En términos odontológicos no hay tratamientos. Ni la hija de la médico guerrillera de las Farc se salva. Tiene 5 meses y hasta ahora no tiene ninguna vacuna.

En este momento la tropa tiene cuatro mujeres en embarazo. Dos de ellas no han tenido ningún control. Una necesita urgentemente un diagnóstico y no ha podido salir. Esto se suma a que las dos casas provisionales que hay para albergar a las madres con sus bebés no están terminadas y son pequeños hornos de calor invivibles.

Llevan ocho días sin suficiente agua potable. A pesar de todo, los guerrilleros se mostraron optimistas de que el proceso de paz pueda realizarse. Se mostraban fuertes, aunque a la penúltima remesa de comida le faltó el 50% y los cuatro enfriadores que tienen para conservar los alimentos no tienen una planta de energía suficientemente grande para ponerlos a funcionar. Los guerrilleros tienen esperanzas de terminar esta guerra, aunque las instalaciones transitorias de alojamiento no están todavía terminadas y no tienen energía eléctrica. 

Allí en la zona de Caño Indio todas las armas están en un mismo lugar, tienen una carpa dispuesta para esto y ninguno de los guerrilleros porta sus fusiles. Ni siquiera usan los camuflados característicos de la guerra. La imagen es sin duda la de una guerrilla convencida del proceso de paz, que espera, al mismo tiempo, el cumplimiento de lo pactado para hacer efectivo su desarme.