El diplomado de la paz en el Magdalena Medio

Fueron más de 48 líderes que se vieron beneficiados con el proyecto que buscó dar nuevas herramientas para afrontar el posconflicto en una de las regiones más azotadas por la violencia.

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En Simití se reunieron líderes del sur de Bolívar a reconstruir sus vidas y soñar con el futuro en paz.
Cristian Garavito

Ver que una mujer que fue violentada por ocho hombres, estigmatizada, juzgada injustamente por la sociedad y que perdió su trabajo por ser víctima de la violencia logró ser una respetada líder social, es entender el valor de la reconciliación. Es la historia de Milena, una luchadora que participó del Diplomado de Reconciliación y Paz en el sur de Bolívar –o Magdalena Medio– el pasado mes de septiembre y que, gracias al trabajo con otros 47 líderes, pudo contar su historia. Eso significa reconciliación, entender el pasado, vivir el presente y luchar por un futuro mejor, sin olvidar las cicatrices de la guerra y sin sentir miedo a alzar la voz.

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Ese era el objetivo de este Diplomado de Reconciliación y Paz, que fue impulsado por el proyecto Diálogos y Capacidades para la Paz Territorial, liderado por la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, junto al Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio (Pdpmm), la Universidad de la Paz de Barrancabermeja (Unipaz) y la Asociación de Campesinos del Valle del Río Cimitarra y la Compañía de Jesús 

Líderes de los municipios de El Peñón, Regidor, Tiquisio, Norosí, Río Viejo, Arenal, Morales, Santa Rosa del Sur, Simití, San Pablo o Cantagallo apostaron por tejer los hilos rotos de una sociedad que por décadas vivió en medio del conflicto armado, donde los violentos tiñeron el río Magdalena con la sangre de sus familiares.

Viudas, huérfanas, mujeres abusadas sexualmente, campesinos despojados o pescadores acosados por los violentos hicieron parte de ese grupo de 48 personas que buscaron darle un sentido práctico a la palabra reconciliación. “El diplomado aparece como una cápsula que alimenta las propuestas de paz que históricamente hay en la región”, dijo Patricia Conde, una mujer que por más de 15 años ha trabajado con líderes del Magdalena Medio, una región de presencia histórica de las guerrillas, donde los paramilitares se abrieron paso a sangre y fuego y los narcotraficantes aprovecharon el abandono del Estado para hacer de esta región una poderosa productora de pasta de coca.

Ante esta historia de pobreza, abandono y violencia, docentes de la Unipaz, coordinaron un taller en el que los líderes se preguntaron el significado de la reconciliación. Las respuestas fueron diversas. Unos relataron sus dolores, otros reflexionaron sobre los impactos que ha tenido para sus comunidades y su familia la actividad petrolera. Pero todos llegaron a una conclusión común. Bien expresada por Patricia: “la construcción de paz comienza desde las cosas más pequeñas, como lo son las familias o la persona en sí misma”.

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Se vieron casos de víctimas que por primera vez hablaron de lo que les sucedió y aceptaron que, a pesar de su tragedia, están dispuestas a seguir luchando. Recordaron como a pesar de que los armados los amedrentaron para que se desplazaran, muchos se negaron a salir de sus casas y se jugaron la vida para mantenerse en sus territorios, defendiendo la dignidad como acto de resistencia. Recordaron a aquellos que se negaban a aceptar cualquier grupo armado, legal o ilegal, y dejaron escrita su nueva consigna de vida: empoderar a las autoridades civiles y encontrar diferentes maneras de solucionar sus conflictos.

“Aquí llegaron líderes cualificados para contribuir a la convivencia, reconciliación y reintegración en las zonas donde es probable que retornen quienes dejen las armas. Logramos ayudarlos a identificar cómo pueden solucionar en el marco de los acuerdos de paz sus problemas. Nos convertimos en una hoja de ruta para entender los acuerdos y transformarlos en una herramienta para formular sus propios planes de desarrollo y hacer veedurías en la implementación del acuerdo de paz”, concluyó Patricia. 

Sorfani Medina Muñoz, otra líder comunitaria, coordinadora de la mesa de víctimas y gestora de la red de mujeres del municipio de Morales (Bolívar), fue una de las participantes. Precisó que el diplomado le permitió llevar nuevo material educativo para que su comunidad se empodere de los procesos de transformación social a partir de la creación de políticas públicas acordes a las necesidades del territorio. Sorfani explicó que en el diplomado encontró un apoyo a la situación de constantes amenazas que venía recibiendo. Con su porte y tenacidad, no se cansa de decir que no se irá de Morales y que, si es el caso, a ella la deben enterrar en su pueblo, pues no está dispuesta a abandonarlo.

Pero en medio de este océano de tragedias y duras realidades, el diplomado le “dio vida” a una nueva líder social, que antes de septiembre de 2016 –fecha en la que comenzó el curso– pensó en quitarse la vida. “El diplomado me salvó. Me sirvió a nivel social y personal, porque estaba desorientada y sola. A mí me estigmatizaron, me juzgaron y me aislaron. Me dijeron que era una mujer que no servía porque había sido abusada por ocho personas y que no podía tener un hogar con mis dos hijos. Eso me enfermó psicológicamente, pues me quitaron mi trabajo de 11 años en los cultivos de palma por lo que me pasó”, contó Milena Moreno, una mujer que hoy alza su cabeza con orgullo, sin ningún temor a relatar su tragedia y con las ganas de convertirse en un ejemplo para otras mujeres abusadas.

En 2011, Milena salió desplazada a la cabecera municipal del corregimiento de Regidor (Bolívar), luego de haber sido violada por varios hombres armados. Buscó una ayuda sicológica que nunca llegó. Deambulaba con sus dos hijos a cuestas. No se soportaba a sí misma, ni el dolor de lo ocurrido. Sin embargo, en el diplomado logró reconciliarse consigo misma, aceptarse y dejar atrás los dolores que le impedían sentirse bella y y querida. “Hasta ahora estoy empezando un proceso en la asociación Todos Podemos, para dar mis primeros pasos como líder social. Me enfoqué en salir adelante y darme una nueva oportunidad. Con el diplomado volví a humanizarme. Aprendí que no puedo vivir del pasado, que tengo que ser lo que fui, lo que soy y lo que seré: una gran mujer”, manifestó.

Y su historia es solo un reflejo de las miles que tienen los pobladores del sur de Bolívar. Resistencia, superación y reconciliación son los valores que abundan en este territorio anclado a las orillas del río Magdalena. Una región que no ha escapado de las atrocidades de paramilitares, guerrilla y la misma Fuerza Pública. Que a pesar de tener todas las condiciones para ser una de las zonas más prósperas del país, el conflicto la sentenció a padecer todas las plagas de la violencia. Y es a esa condena, a esa larga tradición de dolores y abandonos, a la que los líderes de esta región han decidido enfrentarse con toda su fuerza. Y a ese sueño de las cosas que cambian le han llamado reconciliación y posconflicto.

*Aliados de ‘Diálogos y Capacidades para la Paz Territorial’ en el Sur de Bolívar: Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio. Unipaz. Asociación de Campesinos del Valle del Río Cimitarra.

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