El colegio que quitó armas y les devolvió las almas a sus estudiantes

La Institución Educativa Comercial del Norte (IECN), en Popayán (Cauca), formuló un macroproyecto que contenía distintas iniciativas que son obligatorias y que se trabajan desde el área de convivencia.

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La iniciativa de paz de la institución en Popayán está en cinco sedes: tres urbanas y dos rurales.
/ Cortesía.

“Así no haya dinero, lo que necesitamos es las ganas”, fueron las palabras de la profesora Gloria Lucía Cortés, representante de la Institución Educativa Comercial del Norte (IECN), en Popayán (Cauca), al recibir el galardón en la categoría Iniciativas de Instituciones Educativas, el pasado jueves en Bogotá. Con muy pocos recursos lograron un proyecto con el que han desarrollado una iniciativa exitosa dirigida a la convivencia.

El proyecto presentado por la IECN se denominó “Planes de vida, ambientes de paz y calidad educativa” y arrancó en 2011, con resultados positivos en la solución negociada de los conflictos, la convivencia armónica y un ambiente escolar sano. La iniciativa demostró ser exitosa para la construcción de país, porque es creativa, didáctica, pedagógica y hace un excelente uso de los recursos a su alcance.

Hoy por hoy, el colegio y sus sedes son una radiografía de lo que sucede cada día en los ambientes escolares de muchos municipios de Colombia. La institución tiene cinco sedes: tres urbanas y dos rurales, con 1.584 estudiantes, de los cuales 500 son desplazados. Un dato que ratifica lo que la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas (Uariv) ha dicho: que Popayán es una de las capitales que reciben más población desplazada, de El Tambo, Buenos Aires, Argelia, López de Micay y Bolívar. La sede urbana del barrio Tóez tiene un número considerable de población indígena afectada por la avalancha de Páez. Otra de las sedes urbanas, la que queda en el barrio El Placer, está ubicada en una de las zonas de mayor vulnerabilidad de la ciudad.

El centro educativo tiene dos sedes rurales. Una en Francisco Chaux Ferrer y la otra en La Rejoya, una vereda del municipio de Popayán donde los paramilitares del bloque Calima, bajo el mando de alias H.H., cometieron una masacre el 15 de enero de 2001, cuando en un retén asesinaron a 10 campesinos señalados de ser guerrilleros. La Rejoya fue el primer sujeto colectivo para la reparación integral de sus víctimas que ha sido reconocido por el Estado.

La vida del colegio estaba definida por las condiciones que se generan en los ambientes donde abunda la pobreza y las necesidades básicas aún no están satisfechas. La institución atiende población con alta vulnerabilidad: hay estudiantes víctimas de desplazamiento forzado, de violencia política, violencia familiar y abandono. Había muchos jóvenes agresores y muchas otras víctimas de la confrontación. El trabajo institucional dirigido a los procesos del proyecto de vida desde las aulas de educación básica era una emergencia.

Un día del año 2011, los niños más pequeños comentaron que a la salida del colegio iba a haber una pelea y que las armas estaban listas para ser protagonistas. Los profesores se organizaron en cuadrillas de búsqueda y encontraron las armas en los huecos de las tejas de los salones del grado séptimo. Esta situación hizo reflexionar a los profesores y comenzaron a sentir que “tenían que trabajar para que los niños no se fueran por ese camino, y que debían hacer todos los esfuerzos para sacar de las pandillas a los más grandes”. Esta fue la razón que motivó el proyecto. Cinco años después de su inicio se han reducido notablemente las pandillas en el entorno de la Institución Educativa Comercial del Norte.

La institución formuló un macroproyecto que contenía distintas iniciativas que son obligatorias y que se trabajan desde el área de convivencia. Por ejemplo: derechos sexuales, reproductivos, ambientales y productivos. Las actividades del macroproyecto son temáticas, pero transversales en el fortalecimiento de valores.

Un año después, la siembra empezó a dar frutos. En 2012, una estudiante del colegio se ganó una beca Ecopetrol, la institución obtuvo el segundo puesto en las pruebas de Icfes y el beneficiario, que optó por estudiar medicina en la Universidad del Cauca, se convirtió en un hito. Inspiró a los estudiantes y les mostró que con dedicación y disciplina se abren las puertas. La beca no era una historia aislada, era de una compañera de la vida cotidiana. Fue un ejemplo cercano que mostró que sí se puede: se puede estudiar y se puede estar bien. En la promoción del 2013 se graduaron 13 jóvenes que habían sido integrantes de pandillas.

Los proyectos adelantados no han requerido mucho presupuesto, pues al colegio lo lidera un equipo que piensa que la educación no es sólo la transmisión de contenidos, sino proyectos de vida de seres humanos. Actividades como el semillero de niños, que divulga información por el colegio, los que presentan un programa de televisión y los que trabajan en la revista y en la emisora, se complementan con una actividad ejemplar: la elección del contralor escolar. La función de los “contralorcitos” es la de velar por el orden y la paz, dice el manual de convivencia de esta institución.

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