Ecos del Caguán, la emisora que vio crecer a las Farc

La emisora comunitaria que vivió y cubrió el conflicto en el Caquetá y el proceso de paz con Pastrana, ahora informa sobre el fin de la guerra.

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Miembros de la emisora Ecos del Caguán, Caquetá.
Óscar Pérez

Una tarde de febrero del año 2000, el Mono Jojoy mandó llamar a Efraín Jiménez para darle la chiva periodística del año. La razón le llegó a su oficina en la emisora comunitaria Ecos del Caguán. Habló con el director y se dirigieron a 30 kilómetros del municipio de San Vicente, al sitio donde estaba el máximo comandante del bloque Oriental de las Farc, cuyo nombre real era Víctor Julio Suárez Rojas. Ahí tenía un puesto de atención al público durante el proceso de paz entre la guerrilla y el gobierno de Andrés Pastrana.

Ese día, Jojoy puso sobre la mesa una carpeta legajadora llena de papeles y les dijo: “Busquen ahí la noticia que quieran emitir. Con eso, ustedes los medios pequeños les van a dar una garroteada a los grandes de este país”. Eran los tiempos de la zona de distensión que creó Pastrana para dialogar con la subversión entre 1998 y 2002. Las Fuerzas Militares se retiraron de 42.129 kilómetros cuadrados entre los municipios de San Vicente del Caguán, en Caquetá, y Uribe, Mesetas, Vista Hermosa y La Macarena, en el Meta.

“Me puse a leer y era la ley 002. Un documento fresquito que había acabado de emitir el Secretariado de las Farc para legitimar el impuesto ‘para la paz’, como fue denominado, para los ricos de Colombia”, rememora Efraín, a sus 50 años, un episodio que sucedió hace 15. Ese martes 29 de febrero, por los micrófonos de Ecos del Caguán, el país supo que todo colombiano que tuviera un patrimonio superior a los $2.000 millones le debía pagar a la guerrilla un tributo. “Los cobijados por la ley deben presentarse para cumplir esta obligación. Un segundo llamado aumentará el monto del tributo”, decía el documento que conoció Efraín en exclusiva de manos del Mono Jojoy.

Fue la noticia extra del momento. Se emitió primero por la emisora comunitaria y luego por RCN Radio, cadena nacional de la que era corresponsal Jiménez. Los demás periodistas estaban en la vereda Los Pozos, donde se encontraba el campamento principal, cuando escucharon la chiva. Algunos le reclamaron a Efraín, pues días antes había convenido con ellos un horario para el envío de los reportes diarios a Bogotá. “Pero en este caso era imposible cumplir. Era una noticia demasiado importante para ese momento”, relata el veterano locutor nacido en Florencia (Caquetá) y habitante de San Vicente desde hace más de 18 años.

Ecos del Caguán, “la voz de la vida” nació con ese nombre en 1998 y fue el arzobispo del Vicariato Apostólico de San Vicente del Caguán, Luis Augusto Castro Quiroga, que en la actualidad es el prelado de la ciudad de Tunja, quien obtuvo las licencias en el Ministerio de Comunicaciones para esa y las emisoras de Puerto Leguízamo y Cartagena del Chairá.

Desde entonces, con 250 vatios, Ecos del Caguán llega al casco urbano de San Vicente y a las veredas aledañas: Los Pozos, Campo Hermoso, Las Delicias, San Juan, Puerto Lozada y Minas Blancas, y a zonas importantes como Tres Esquinas, Guacamayas, El Pato y una parte de los llanos del Yarí.

Por eso, cuando se estableció la zona de distensión, el 7 de noviembre de 1998, pocas semanas después, Efraín tuvo en los estudios de la emisora a los miembros del secretariado Raúl Reyes y Mono Jojoy. Hablaron en el programa de noticias y humor llamado La Cisterna, que aún existe, y contaron cómo iba a funcionar la zona de distensión en el municipio de San Vicente, ante las preocupaciones de los pobladores que habían visto salir a los militares y entrar a las Farc.

Durante la zona de despeje, Efraín volvió a “chivear” a sus colegas, el 19 de junio de 2001. A través de la emisora comunitaria y luego por el noticiero de Juan Gossaín en RCN, se conoció la primicia: Raúl Reyes, como miembro del Secretariado de las Farc, le contó que iban a liberar 250 soldados y policías secuestrados por la guerrilla en la recta final del siglo pasado durante las tomas guerrilleras a poblaciones de Caquetá, Guaviare y Meta. La promesa se cumplió días después, cuando la insurgencia puso en libertad a 242 uniformados.

De todas maneras, el despeje de esa zona fue un hecho inédito que causó tanta incertidumbre en el pueblo como sucedió el día en que se acabó el proceso de paz con Pastrana. “Esa noche cerré la puerta de la emisora y vi que la gente corría de un lado para otro. Todos desesperados. Yo sabía de manera extraoficial que el proceso de paz de ese día no pasaba, pero estaba esperando el pronunciamiento del presidente Pastrana”, cuenta Efraín.

La incertidumbre fue apenas el presagio de la guerra que desde ese día se prolongó 14 años más en el departamento del Caquetá. Al día siguiente del rompimiento de los diálogos y el fin de la zona de despeje, los puentes y las torres de energía empezaron a explotar en una ofensiva de la guerrilla contra la infraestructura de las zonas donde hacían presencia. El 28 de febrero de 2002 fue destruido el puente del río Guayas, que comunica a los municipios de Puerto Rico y San Vicente; el 7 de marzo, el puente que une a las poblaciones de Paujil y El Doncello; el 10 de marzo, el de la inspección El Dorado, en la vía a Curillo, y el 22 de mayo, el puente El Portón fue dinamitado en la vereda Arenosa, de El Doncello.

La madrugada del día en que el proceso de paz fracasó, Efraín se quedó quieto en su cama, escuchando los aviones y helicópteros que pasaban sobre la casa en formación de ataque para retomar militarmente el Caguán. Durante los años de la zona de despeje y un año después de la retoma, el resultado para el Caquetá había sido lamentable: seis alcaldes y cuatro concejales de varios municipios del departamento fueron asesinados. A los mandatarios de La Montañita, por ejemplo, los mataron en dos períodos: José Ibsen Fierro Arias, el 16 de enero de 2000, y Arnulfo Silva Cabrera, el 25 de mayo de 2002. Unos a manos de paramilitares y otros por las Farc.

Uno de los directores de la emisora más recordados en San Vicente es el padre Luis Alfonso Molina, ordenado sacerdote en 1992 por el obispo de Florencia de la época, Luis Augusto Castro. Durante la zona de distensión fue uno de los más importantes mediadores, a raíz de su cercanía con el jefe negociador de las Farc, Iván Márquez, con quien había estudiado en el colegio Juan Bautista Migani de Florencia. En todo caso, Molina, al día siguiente de que se terminó todo en el Caguán, asumió las riendas de la Iglesia católica en ese municipio, para resistir lo que vendría.

A sus 58 años, el pasado 29 de septiembre de 2015, se fue como quería: de muerte natural. Una afección respiratoria paró su corazón en la casa de los Misioneros de La Consolata en Bogotá. “Hacíamos revolución, pero luchando por el pueblo, pidiendo energía, agua, sin hacer daño. Y esa es la idea que les venden a los jóvenes, pero cuando llegan allá se dan cuenta de que la ideología de los grupos armados se perdió, ya no se lucha por ideales”, comentaba hace algunos años el padre Molina, en una entrevista en la que abogaba por el proceso de paz y recordaba que Márquez había estudiado con él durante el bachillerato.

Efraín también transmitió el suceso del 8 de septiembre de 2000, cuando el guerrillero preso Arnobio Ramos desvió el avión en el que era trasladado a la cárcel de Florencia. Amedrentando con una pistola a la tripulación, Ramos consiguió hacer aterrizar la nave en el Caguán y huir de las autoridades.

La emisora Ecos del Caguán aún está ubicada en el edificio de la curia episcopal, en un cerro que está dentro del casco urbano de San Vicente. Tiene programación variada: sigue sonando La Cisterna, se han incluido nuevos programas para hacer pedagogía del acuerdo de paz y continúan transmitiendo la cotidianidad de los sanvicentunos, como la feria ganadera pasada. Por las precariedades, pues viven de la pauta del comercio del pueblo, aún utilizan el transmisor con el que nació la emisora hace 18 años.

El martes 13 de septiembre de 2016, a las 12:30 p.m., volvieron a dar la noticia del momento, aunque no una chiva como en aquella época: “Comenzó el traslado de guerrilleros a los llanos del Yarí para la Décima Conferencia de las Farc. El máximo comandante de esa guerrilla, Timochenko, arribó el sábado pasado (10 de septiembre) a cuadrar detalles de la zona donde tendrá lugar el encuentro. El Ejército lo custodió. Se espera que arriben en los próximos días más guerrilleros que saldrán de las cárceles para asistir a la décima y última conferencia de las Farc como movimiento armado que consiguió el fin del conflicto”, leyó el locutor.