Se destaca también el turismo

Agro, la estrella del posconflicto

La construcción de vivienda en las ciudades va a ser un sector importante para promover el crecimiento, junto con el desarrollo del campo, dice analista.

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La dinámica de la actividad agropecuaria puede ayudar a impulsar la economía en el posconflicto.
Bloomberg

Terminada la guerra interna, son varios los sectores llamados a jalonar el crecimiento de la economía colombiana. Con la desaparición de las Farc como grupo al margen de la ley, el sector agropecuario, la construcción de edificaciones y obras civiles, lo mismo que el sector comercio, sobre todo el turismo, serán los que aporten al crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB).

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El Gobierno estima que “el dividendo sobre el PIB agregado esté jalonado principalmente por el rédito económico del sector agropecuario”, con aporte de 1,5 puntos porcentuales cada año. En el Marco Fiscal de Mediano Plazo, el Ministerio de Hacienda considera que, después del agro, la construcción de edificaciones puede aportar 1,2 puntos porcentuales por año y las obras civiles cerca de 0,5 puntos cada año, mientras el sector comercio, principalmente el turismo, podría dar un impulso de 0,6 puntos porcentuales por año.

La Misión para la Transformación del Campo consideró en su momento que “el campo ha sido, además, el escenario principal del largo conflicto armado”. La misión, que dirigió el actual codirector del Banco de la República, José Antonio Ocampo, propone “políticas de Estado para que el país salde su deuda histórica con el campo como elemento esencial para construir la paz”.

El catedrático de economía agraria William Chavarro, de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional, considera que es posible que con las zidres (zonas de interés de desarrollo rural económico y social) haya un impulso importante para el desarrollo rural. Sin embargo, para Chavarro “vale la pena recordar que en ese desarrollo no caben las economías campesinas porque las zidres son una figura de ordenamiento territorial para acaparar tierras, es decir, para pasar el control de ellas a los inversionistas de capital, dejando a las comunidades campesinas al margen de las decisiones sobre el tipo de agricultura, insumos, productos y mercados, que se hagan en las tierras declaradas zidres”.

Esto significa según Chavarro que “cuando no se acaparan los títulos de propiedad, como ocurre en las figuras asociativas para la producción, se acapara el uso porque los campesinos quedarían obligados a adoptar un paquete tecnológico empresarial" y esto "erosiona los tejidos comunitarios", además de "crear desiertos verdes donde, qué paradoja, vive la muerte de la diversidad ecológica y cultural”. En este sentido, el Estado deberá conciliar su modelo de desarrollo agropecuario con el modelo campesino colombiano que durante décadas ha resistido la guerra y el abandono. 

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Asimismo, sobre el informe de la misión que dirigió Ocampo, Chavarro mencionó que allí “hay información muy valiosa respecto a la agenda productiva o de promoción de la agricultura”, y considera que parte de este informe se manifiesta con la ley y la aprobación de las zidres. Esa información "sirve para evaluar su probable sesgo anti-campesino que trata de resolverse queriendo hacer equivalentes la agricultura familiar con la agricultura campesina". Según este profesor, "semejante error técnico tiende a sobrevalorar la agricultura comercial de producción en masa y estandarizada, a costa de desacreditar las agendas productivas campesinas no centradas en quimio-cultivos y de mucha mayor eficiencia energética que la agricultura de mono o bicultivos".

Ahora, con el impulso a la actividad productiva en el campo, la construcción de vivienda en las ciudades va a ser un sector importante que puede promover crecimiento. En muchas regiones donde el Estado ha estado ausente se promocionará la construcción de obras de beneficio comunitario que antes no se podían ejecutar por la presencia de la insurgencia.

Diego Guevara, profesor de la Escuela de Economía de la Universidad Nacional, advierte que hay sectores poco sensibles al posacuerdo, como la industria y el financiero. La dinámica de los sectores rurales puede ser positiva, pero “si hay políticas de desarrollo propias para esos sectores”, indicó el catedrático.

Y en cuanto al turismo, ya comienzan a verse resultados. Es un sector al que el Gobierno le ha puesto mucho interés, dice un vocero del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo. Este renglón de la economía va a ser tan importante que la saliente ministra de Comercio, María Claudia Lacouture, propuso la creación de un Ministerio de Turismo.

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El estudio del Ministerio de Hacienda considera que en un escenario de paz “se prevé una aceleración gradual de la capacidad del crecimiento potencial”, y destaca que “el PIB pasaría de niveles inferiores a 4,0 % entre 2017-2020 a tasa de 4,3 % entre 2011-2027, y luego se desaceleraría hasta tasas del 3,9 % entre 2030 y 2031”.

En períodos de paz se registrará “un mayor dividendo en aquellos departamentos que históricamente han estado más expuestos al conflicto armado”, dice el estudio. De igual modo destaca que los departamentos que más se beneficiarían son Guaviare, Caquetá, Vaupés, Chocó, Arauca y Putumayo.