Diez minutos con el expresidente uruguayo

Pepe Mujica: “La lucha final es una cultura de paz”

El expresidente uruguayo habló con El Espectador sobre por qué jugársela por el proceso de paz, acompañando la implementación de los acuerdos.

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José Pepe Mujica, expresidente de Uruguay y miembro de la comisión de seguimiento a la implementación del acuerdo de La Habana.
/Archivo.

El expresidente de Uruguay José Pepe Mujica está próximo a cumplir 82 años. Vivió la pobreza, la guerra, la cárcel, el poder y hoy goza de la sabiduría. Es más, la irriga en los lugares por los que pasa con su discurso, bien elaborado y repetido. Esta semana vino a Colombia con dos objetivos: participar en una plataforma de unión de la izquierda colombiana, invitado por el expresidente Ernesto Samper, e instalar el componente internacional de la Comisión de Seguimiento a la Implementación, junto con el también expresidente español Felipe González.

Los eventos se realizaron en Cali porque por cuestiones de salud Mujica no puede estar en la altura de Bogotá. Le sentaría mal. Más cuando a sus casi 82 años le esperaba un trajín de más de cuatro eventos, desde las 8:00 de la mañana hasta las 6:00 de la tarde. Sin contar con que por donde camina tiene que enfrentar hordas de fanáticos que quieren una entrevista, una foto o un autógrafo. Pepe Mujica es un ídolo. Un Maradona de la política.

Y viaja por todo el mundo contando, casi cantando, su reflexión de la vida. Sus pensamientos sobre la política, la naturaleza humana, el poder y el sistema. Un discurso de vida que desata histeria entre los jóvenes y pasión por la política. En su ajetreado paso por Cali, Mujica le concedió a El Espectador diez minutos para explicar a qué ha venido a Colombia y para reflexionar sobre la vida y la muerte. Una conversación en una sala privada del Centro de Eventos del Valle Pacífico, mientras más de mil jóvenes caleños coreaban su nombre para que saliera a representar su puesta en escena política: un inspirador y bien construido discurso.

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¿Por qué jugársela por la paz de Colombia?

He intentado explicar que el problema de la paz es una cuestión de principios. Porque estamos hablando de la vida humana. El único bien trascendente que tiene el ser humano es el milagro de estar vivo. Y como eso es algo tan cotidiano, parece que no tiene valor. Pero es la única cosa que tiene valor. ¿Por qué luchamos por vivir? ¿Por qué hacemos tanto esfuerzo por no morir? ¿Por qué queremos alargar la vida? Bueno, porque es el único bien importante que tenemos.

Aunque nos confundimos, y la civilización contemporánea trata de atontarnos haciéndonos creer que somos más felices comprando cosas nuevas y pagando cuentas. Y entonces se nos confunden subliminalmente ciertas cuestiones, que nos llevan a sacrificar la vida en aras de la necesidad del mercado. Nada de lo que digo es apología a la pobreza, es apología a la libertad. Tener tiempo libre, más allá de nuestras obligaciones elementales, para gastarlo en las cosas que nos gustan, eso es ser libre. Cuando estás trabajando hay una parte de tu trabajo que es santo, para hacerles frente a tus necesidades materiales. Eso está bien. Y si no trabajas estás viviendo a costillas de otro que trabaja. El trabajo es lo que sostiene todo lo material de la vida, pero la vida humana no es sólo para trabajar. Merece vivirse, y eso es tener tiempo. Tiempo para cultivar los afectos. Tiempo para tus hijos. Tiempo para tu amor. Tiempo para tus amigos. Ese tiempo no te lo pagan, pero te genera afectos. Los afectos son, al fin y al cabo, la única riqueza importante. Todo lo que digo es elemental, pero se olvida. Entonces no es lógico perder la vida. La vida hay que defenderla, y tratar de prolongarla. Es por esto, en cuanto a principios, que me la juego por la paz.

La segunda cosa importante es que Colombia es de América, y yo soy, antes que nada, latinoamericano. Tal vez el continente más rico en recursos naturales y a la vez el más injusto que hay sobre la tierra. Porque reparte horrible sus riquezas. Con una desigualdad pavorosa: 32 señores tienen lo mismo que 300 millones de personas. Pero no lo vamos a arreglar matándonos a tiros. Por el contrario. A los tiros, los que pierden más son los más humildes. Y son los que terminan pagando, directa o indirectamente, el mayor costo.

Hay gente que saca la cuenta de cuánto cuesta la paz de Colombia, pero no sacó la cuenta de cuánto pagó Colombia con su guerra. Si sacan la cuenta, se van a asustar. Varios puntos del PIB. Centenares de fábricas. Centenares de escuelas. Centenares de kilómetros de caminos que no pudo hacer. Una deuda social aterradora; ese es el precio de la guerra. Entonces la paz es un gigantesco contenido.

Desde luego, una guerra tan larga deja mucha gente herida; y tal vez, a mucha gente que se ha acostumbrado a vivir con las tensiones de la guerra le parecerá imposible salir de eso. Bueno, hay que crear una cultura de paz. Eso va a ser difícil y largo, pero ese es el desafío de las nuevas generaciones. Este paso es un arranque, pero hay que seguir construyendo la paz.

Mentira que la guerra en Colombia lleva 50 años, es la historia. Y ha quedado como una matriz de violencia. Pulula el sicariato, los gastos en seguridad, hay un notorio bandidismo, una notoria corrupción, una tendencia al triunfo fácil. Todas esas son enfermedades derivadas, en parte, de una situación de guerra.

Salir de este infierno es un salto generacional. Este es el inicio. La lucha final es una cultura de paz. Aprender a convivir con diferencias. Diferencias siempre va a haber. La naturaleza nos hace semejantes, pero no iguales. Y como no somos dioses siempre vamos a tener conflictos, pero tener conflictos no significa andar de los tiros. Significa aprender a negociar y a convivir. Eso es mucho mejor que lo otro. Se le da valor a la paz cuando se ha perdido la paz, pero cuando se lleva tanto tiempo de guerra no se sabe lo que es la paz. El día que la logren se van a dar cuenta lo que es. La paz es como un nuevo amanecer.

¿Qué significa para un guerrero dejar las armas?

Si está comprometido, es un cambio de camino, pero no necesariamente de finalidad. Si la finalidad es la lucha por la equidad social y por la mejora de la sociedad, se puede luchar con otros medios.

¿Qué es el poder, para qué sirve?

El poder es una ilusión, que no la tienen quienes se sientan en el Gobierno. Se sientan un poquito, en la orilla de la silla, pero la silla está ocupada a las espaldas, por el poder económico, por el poder financiero. Apenas se puede coparticipar, pero en el fondo estas luchas ni siquiera son por el poder, en el fondo son por la civilización que hemos heredado de la historia de la humanidad, y algo le tenemos que dejar. Subir un par de escalones, tener sociedades un poquito mejores que en las que nos tocó vivir.

Si no fuera por la historia que acumuló la civilización humana, andaríamos con un cuero de taparrabo, perdidos en la selva, descalzos. Generación tras generación nos legaron esto que recibimos cuando nacemos, pero no tenemos conciencia de eso. Pertenecemos a una especie que se ha encargado de ocupar el mundo, la tierra, y tal vez un día salgan a navegar en el universo, pero somos una gotica de agua de esa especie. Nuestro deber es tratar de dejar algo a los que vengan.