“No todos apoyan la paz, hay gente que trafica con la muerte”: Adolfo Pérez Esquivel

El Nobel de paz argentino estará como observador internacional de la votación del plebiscito. Dice que con impunidad es imposible construir una democracia. 

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Adolfo Pérez Esquivel, Nobel de Paz por ayudar a víctimas de Argentina.
/ EFE

Si hay alguien que tiene autoridad para hablar sobre temas de paz es Adolfo Pérez Esquivel, el defensor de derechos humanos de Argentina que recibió en 1980 el Nobel de Paz por su labor con las víctimas durante la dictadura militar. No sólo ve el proceso en Colombia con anhelo y esperanza, sino que dice apoyarlo incondicionalmente, al punto que será uno de los observadores internacionales que estarán en el país durante la votación del plebiscito. Sin embargo, Adolfo Pérez es cauto al decir que si bien ya se firmó el Acuerdo Final, aún queda el camino más arduo: implementarlo. (Lea también: ¿Qué es el plebiscito para la paz?)

Por eso, este nobel argentino dice que la paz no se regala, sino se construye, pues todavía quedan muchas “asignaturas pendientes” por resolver. No sólo en términos de verdad y reparación de víctimas, sino también en el tema de justicia. “Sobre la impunidad no es posible construir una democracia”, dice Adolfo Pérez Esquivel, quien sostiene que el rol que cumplirá la Comisión de la Verdad será fundamental para lograr reparación y explicar por qué, durante 52 años, escaló y perduró la guerra en distintas regiones del país.

Se firmó la paz con las Farc en Colombia luego de 52 años de guerra. ¿Qué representa este acuerdo para Latinoamérica y para nosotros mismos?

Para Colombia es un paso importantísimo que, después de 52 años de guerra, estén logrando una paz. No es fácil. Va a llevar un tiempo poder avanzar en la solución de los problemas existentes. Es de gran importancia para Colombia, Latinoamérica y el mundo que un conflicto tan prolongado llegue a su fin. En Colombia hay muchos problemas que me imagino en los cuatro años de negociaciones de paz entre el Gobierno y las Farc en La Habana (Cuba) los han tratado. Por ejemplo, el desplazamiento interno de más de siete millones de personas y la forma en que van a volver a sus tierras y en qué condiciones. Lo otro tiene que ver con el tipo de producción (agrícola) que se tenga, pues se tiene que pensar en la soberanía alimentaria y, lógicamente, el pequeño y mediano productor son los que garantizan la soberanía alimentaria en el mundo y no las grandes empresas. También hay que ver la situación de violencia, qué va a pasar con los grupos parapoliciales y paramilitares, con los falsos positivos. Hay muchas cosas y esto va a requerir un trabajo con equipos que puedan avanzar en buscar la verdad. Una cosa es firmar los acuerdos de paz y otra es concretarlos. 

¿Cómo se ve el proceso de paz en Colombia a nivel internacional?

Me parece muy importante que la comunidad internacional esté muy pendiente de lo que está ocurriendo en Colombia. Primero en la firma de la paz y luego habrá que ver cómo se concretizan los acuerdos, porque la paz no se regala, se construye. Y para construirla se necesita el apoyo del pueblo. Hay muchas, digamos, “asignaturas pendientes” que deben ser resueltas para que realmente se llegue a la paz. 

¿Cuáles son esas “asignaturas pendientes” para poder llegar a la paz en Colombia?

Primero, como lo han hecho en otros países, es la comisión de la verdad para poder clarificar la situación que se plantea en Colombia. Lo otro es cuáles son los caminos de reparación del daño hecho a la población. También los desplazados internos y cómo ir afirmando la convivencia. Para eso se necesita mucha participación social y responsabilidad de los gobiernos. En ese punto, especialmente, su función de desmantelar los grupos parapoliciales y paramilitares, y tratar de que el desarme sea efectivo. 

Uno de los puntos que más han criticado los opositores y algunas organizaciones internacionales es el de justicia transicional. ¿Cuál es su postura?

No toda la gente está de acuerdo con lo pactado, como Álvaro Uribe y (Andrés) Pastrana. Si no se logra la paz es seguir en una situación de guerra y seguir matándose entre hermanos. Entonces, hay que tratar de encontrar caminos alternativos porque Colombia no se merece esta violencia. 

¿La verdad es el eje central para lograr justicia y reparación de las víctimas?

Los países no han utilizado los mismos mecanismos. Por ejemplo en Sudáfrica, con un amigo que es el arzobispo de Johannesburgo, Desmond Tutu, se formó la Comisión de la Verdad, y aunque ahí no hubo juicios, sí reparación por el daño hecho. En Argentina se actuó de otra manera porque sí hay juicios de crímenes de lesa humanidad y están funcionando los tribunales en esa dirección. En el caso de Guatemala está la Comisión de la Verdad, al igual que en Brasil, y cada país debe buscar las alternativas para que no vuelva a ocurrir. Es muy importante la participación social y el plebiscito va a calibrar un poco ese sentir del pueblo colombiano. 

¿Qué le inquieta en Colombia en términos de justicia? 

Presidí dos comisiones de investigación jurídica sobre los derechos humanos en Colombia y fui presidente del Tribunal de los Pueblos. Hay que ver qué pasa en los territorios indígenas y una de las grandes preocupaciones es cómo se va a instrumentar el retorno de los desplazados internos a sus territorios. Son cosas a las que hay que buscarles una salida justa. 

Noto que una de sus principales preocupaciones es el retorno de los desplazados a sus territorios. ¿Por qué es un tema esencial? 

No se puede tener afuera a esa gente que fue expulsada y en su mayoría son campesinos que quieren retornar a sus comunidades, y reinsertarse en una sociedad. Hay que ver qué ha sucedido con esas tierras que, según entiendo, fueron entregadas a muchas empresas multinacionales. Lógicamente esto es un problema. Lo mismo sucedió en Guatemala con la situación del desplazamiento.

Si bien las víctimas han sido el eje central del proceso, ¿cómo pensar en que todas sean reparadas? 

Habrá que ver cuál es el mecanismo de reparación. Las vidas lamentablemente no se van a recuperar. Sí tiene que haber un reconocimiento social, jurídico y ético para la reparación del daño hecho. Por ejemplo, el episodio de los falsos positivos, que fueron personas acribilladas (por el Ejército) y sus muertes justificadas como enfrentamientos, eso es gravísimo. Ahora, ¿qué solución se va a encontrar a esa violencia de tantas décadas? Hay que hacerlo sin odios ni revanchismos, para poder avanzar en la solución de los problemas. Vuelvo a insistir. La paz no se regala, se construye. No es la ausencia del conflicto sino reestablecer la verdad, la justicia y reparación del daño hecho en una sociedad. 

¿Cómo se logra construir paz a través de las distintas generaciones?

Tiene que haber un reconocimiento del Estado para la reparación de las víctimas y –no sé cómo lo tendrán resuelto en Colombia– la creación de una comisión de la verdad para esclarecer lo que pasó durante estos años y tratar de reparar el daño hecho. Por eso, una vez que se firmó el acuerdo y después del plebiscito, va a venir el trabajo permanente de las comisiones para reparar a las víctimas y evitar la repetición de los hechos.

¿La verdad a la que llegue la comisión es más importante que la justicia que se logre en los tribunales?

Hay gran variedad de experiencias al respecto. Es bueno analizar lo que pasó en Guatemala y Sudáfrica. Existe mucha gente experimentada en ese campo que puede ayudar al pueblo colombiano para tratar de saber, a través de las comisiones de verdad y justicia, qué pasó con sus seres queridos. También se debe reparar ese daño causado. En Argentina en algunos casos la reparación que hicieron las comisiones fue con recursos económicos, pero también hicieron un gran trabajo de investigación para poder esclarecer lo ocurrido, porque el pueblo necesitaba saber qué pasó y cómo sucedieron los hechos para garantizar la no repetición. 

¿Cómo hacer que en Colombia se entienda que todos hemos sido víctimas del conflicto?

Tendrán que conformar equipos en distintas regiones. Una cosa es el Cauca, donde hay territorios indígenas que fueron afectados y otra son las zonas urbanas. Hay muchas cosas. En las comisiones de investigación en las que estuve en Colombia vimos el horror de personas torturadas, asesinadas y desplazadas. El trabajo a realizar se tiene que hacer con mucha seriedad y muchos valores, para que los hechos de violencia no queden en la total impunidad. Sobre la impunidad no es posible construir una democracia. 

Desde su experiencia en Colombia, ¿qué es lo que más reclaman las víctimas?

Saber qué pasó con sus seres queridos es una. También explicar por qué se ha generado tanta violencia y cómo se ha incrementado y escalado en distintas regiones de Colombia. Esas comisiones deben tener la capacidad de verificar y de investigar. Nosotros en Argentina tuvimos la Comisión Nacional Sobre la Desaparición de Personas, pero c Una vez se logre aclarar esta situación, también se tiene que analizar para que el trabajo no quede en la nada.ada país debe encontrar la forma de sanar las heridas. 

¿Los grupos armados que surjan después de la desmovilización pueden poner en riesgo el acuerdo?

El Gobierno va a tener que trabajar muy fuerte para desarticular estos grupos. En todo esto hay gente que considera que la guerra es negocio. No todos están de acuerdo con la paz, porque hay gente que trafica con la muerte. Nosotros hemos comprobado, porque hemos trabajado mucho sobre las guerras en Centroamérica, que la droga y las armas van juntas. Esa es la financiación de la guerra. Es gravísimo y el Gobierno tendrá que actuar firmemente y con mucha serenidad.

¿Pueden los resultados del plebiscito generar mayor división en la sociedad?

El plebiscito será un medidor. Tienen que ayudar mucho los medios de comunicación, éstos son los que generan consciencia colectiva. Una información correcta es lo que ayudaría en ir superando la violencia, que no es fácil hacerlo después de 52 años. Hay muchos países que están pasando por situaciones semejantes como el caso de Israel y Palestina, o los conflictos en Oriente Medio. La paz es posible, hay que encontrar salidas, y para hacerlo se necesita del apoyo social, cultural, político y de las comunidades religiosas. Así se encuentran caminos de superación de conflictos violentos.

Usted va a estar en Colombia cuando se vote el plebiscito. ¿Cuál va a ser su rol?

Vamos a ir a apoyar y vamos como observadores internacionales. Es bueno porque va a ayudar a la credibilidad de la resolución del conflicto a escala mundial. Esto va a reflejar en la comunidad internacional el apoyo o no de los colombianos a la paz. Incluso hay una gran preocupación del papa Francisco sobre la situación en Colombia, está muy atento a todo lo que pueda pasar, porque avanzar en el acuerdo de paz sería un indicador importantísimo para Latinoamérica. Lo hacemos con la responsabilidad que tenemos con un pueblo hermano.