“No queremos guerra sucia como con la UP”: Márbel Zamora

El hombre acusado de varios atentados en Bogotá dice que pedirá perdón a las personas afectadas por los actos de guerra que cometió. Quiere diseñar un programa de educación popular basado en el arte y la cultura.

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Márbel Zamora es uno de los guerrilleros presos a los que se les permitió ir a la X Conferencia de las Farc.
/ Óscar Pérez

Llegaron por grupos, escoltados y movilizados por el gobierno nacional, en un operativo coordinado por la Fuerza Pública y a pedido del secretariado. Salieron de varias cárceles del país, sobre todo de la Picota, Chiquinquirá, Cúcuta y Jamundí. Se anunció que llegarían 24, finalmente llegaron 21 guerrilleros de las Farc presos, entre ellos, 5 mujeres. Su presencia en la Décima Conferencia hizo parte de la larga lista de hechos inéditos que marcaron este evento. Nunca antes, los presos habían podido participar en esta instancia de decisión de la guerrilla. Por eso su llegada fue recibida como un triunfo por parte de la dirigencia de la organización.(Lea aquí diez piezas para entender la Décima Conferencia de las Farc).

El día que llegaron, hubo abrazos, lágrimas y vivas a las Farc y hasta les aseguraron un encuentro con la prensa. Dentro de los más conocidos estaban dos líderes del frente 22, Hugo y Robinson. También estaba Márbel Zamora, alias Chucho, quien tuvo dos entradas a la cárcel. La primera en junio de 1996, cuando fue capturado en Bogotá, acusado de ser el autor de un atentado contra el CAI de Kennedy. 

Salió en libertad condicional en el año 2001 y lo primero que hizo fue presentarse al frente Antonio Nariño ante sus jefes, Carlos Antonio Lozada y el Mono Jojoy. Y lo hizo en la zona de distensión, durante los diálogos del Caguán. En aquel momento, la prensa asumió que Márbel se había escapado de La Picota en una escandalosa fuga que protagonizaron más de 100 presos, volando una tapia de la reclusión. Él asegura que no fue así. Lo volvieron a capturar el 29 de octubre de 2008 en Coyaima, Tolima. Se le acusa de los delitos de rebelión, homicidio agravado, terrorismo y secuestro. En total, ha pasado 13 años tras las rejas.

Ahora enfrenta varias condenas que suman 40 años y tiene varios procesos en su contra. Lo primero que hizo al llegar a la vereda El Diamante fue reencontrarse con su hija, una jovencita que ingresó hace 10 años al frente Antonio Nariño, siguiendo los pasos de su padre. La escena, que pasará a la historia, la protagonizaron padre e hija bailando en la tarima de los conciertos que se montó en el complejo donde se desarrolla la conferencia. Márbel ahora habla de perdón, de sus proyectos en arte y cultura y de la ley de amnistía que debe tramitar el Congreso apenas se apruebe el plebiscito.

 

¿Cuántos años lleva en las Farc?

Ingresé en 1993, fui revolucionario comunista dentro de la legalidad, era estudiante de derecho en una universidad, hacía teatro y pertenecía a la UP, pero luego empieza el exterminio. Me marcó mucho el asesinato de Jaime Pardo Leal, quien fue mi profesor de derecho, yo lo acompañaba en sus campañas políticas. La situación se volvió insostenible y tenía tres opciones: claudicar, irme exiliado o ser consecuente con mis pensamientos e irme a la clandestinidad. Me inicié en la construcción del Partido Comunista Clandestino, en Bogotá. Poco tiempo después me capturaron, pero alcancé un conocimiento de la ciudad con mis trabajos en las universidades, los barrios, los sectores juveniles. Ese es mi acumulado, que nos va a servir para el trabajo político ahora. La mayor parte de esa gente ni siquiera sabe manejar armas, tienen las ideas y eso es lo importante ahora.

¿Después de 13 años en la cárcel cómo reconstruir ese trabajo que tenía?

Todavía mantenemos los contactos. No hemos dejado de hacer el trabajo de masas. Nos han golpeado, han perseguido a los muchachos en las universidades por ondear nuestra bandera. Y recuerdo a los compañeros que cayeron en el año 1996 en la masacre de Mondoñedo, cuando un grupo de la Dijín capturó, torturó y asesinó a cinco compañeros nuestros, estudiantes, casi todos de la Nacional.

¿Eso significa que los capuchos de las universidades públicas desaparecen?

No creo, eso es histórico. Esos muchachos no son las Farc, y le puedo decir que con Farc o sin Farc van a existir encapuchados, ese es un símbolo de resistencia, por eso no hay que estigmatizarlos. En este país, capucha se asocia con terrorismo, un palo en manos de un campesino se asocia con terrorismo, y los mandan a todos para la cárcel. De ese tipo de luchadores están llenas las cárceles colombianas.

¿Pero si el movimiento político es legal ya no tendrán que ponerse la capucha para declararse simpatizantes suyos?

Claro, todo sale de la clandestinidad. Por eso hoy decidimos mostrar nuestras caras, aunque nosotros nunca hemos escondido nuestros rostros. Por obvias razones esos muchachos necesitaban la capucha para protegerse, ahora ya no.

Será difícil porque ustedes son responsables de acciones que llenaron de terror a Bogotá como la bomba al Club El Nogal, el atentado a la Escuela Superior de Guerra, se les incautaron explosivos para volar infraestructura para poner carrobombas…

La guerra es un mundo de cosas. No solo fue en Bogotá, fue en todo el país. Pasaron muchas cosas, más y muchas otras menos. Ya no lo vamos a hacer más. No se trata de olvidar, pero pedimos que se abran los espacios para que esa misma fuerza que le pusimos a la guerra se la pongamos a la paz, ojalá nos lo permitan. No queremos que haya una guerra sucia como con la UP, queremos que nos permitan salir a las calles a decir que tenemos una fuerza humana muy grande. Los guerrilleros saben muchas cosas, del campo, de construcción, hay un acumulado de hombres honestos y buenos.

¿Y van a pedir perdón y a contar lo que hicieron?

Lo hemos dicho y es en serio, nosotros hemos tenido valor muy grande, hasta entregar la vida, la familia, los hijos, por qué no tener el mismo valor para pedir perdón, para decir si en desarrollo de esta confrontación cometimos errores, si causamos daños colaterales. Lo hemos hecho y lo vamos a seguir haciendo. Lo hacemos con el corazón, sin hipocresía. Pero queremos que eso no se dirija como un castigo sino como un espacio de reconciliación e invitar a la otra parte, porque esta guerra no la hicimos solo nosotros. Al Estado también le toca reconocer su responsabilidad. Las acciones concretas que nos toque hacer para pedir perdón las haremos y las responsabilidades las llevaremos a la Justicia Especial para la Paz.

¿Cuántos presos van a salir en la amnistía?

Ese número está por definirse, pero es de manejo exclusivo del secretariado.

¿Van a incluir a guerrilleros, milicianos y lo que ustedes llaman luchadores de los movimientos sociales?

La idea es que todo el que tenga que ver con conflicto cabe ahí, lo definirá la ley de amnistía,

Dicen que son 5.000, ¿van a desocupar las cárceles?

Ojalá. Son 120 mil los presos y muchos son gente que decidió levantarse contra el Estado, no de forma armada, sino de pronto que un día bloqueó una carretera. No es justo que se queden en la cárcel pagando 20 o 30 años.

¿Todos los presos llegarán a las zonas veredales?

Sí, claro. Algunos son objeto de amnistía o indulto. Vinimos con permiso especial del gobierno, pero tenemos 10 días para volver a la cárcel.

¿A qué se dedicará una vez culmine la dejación de armas?

Me gusta el arte, el teatro, yo tenía un grupo, que se llamaba Máscaras, cuando empecé mi vida política. Me gustaría volver. Estoy proyectándome para montar un programa de educación popular alternativa con énfasis en el arte y la cultura. Estoy estudiando licenciatura en filosofía, en la UNAD. Quiero dedicarme a mi familia que ha tenido que llevar encima ese lastre del acoso por estigmatización. Mi compañera estuvo presa, los hijos han tenido que salir corriendo.

¿Usted tiene una hija en la guerrilla, Natalia, con la que se reencontró aquí?

Sí, ella ingresó dos años antes de que me capturaran. Tenía 18 años, ingresó al mismo frente mío, al Antonio Nariño y a los dos años caí preso. La situación de la guerra no fue fácil, ahí está ella muy valiente, la encontré con mucha formación. Llevaba 8 años sin verla y casi incomunicados. Ahora tengo un bebé de cinco años, con otra compañera. Le puse Manuel, adivine en honor a quién.

¿Cómo está su caso frente a la amnistía?

Tengo un proceso por secuestro, pero es discutible. Eso lo dirime la Justicia Especial para la Paz.

¿Tiene temor de enfrentase a ese escenario?

El acuerdo dice que la máxima pena es de 8 años, en caso de reconocimiento. Nosotros vamos hacerlo así que, en mi caso, la pena estaría cumplida.

 

 De las cárceles tendrán que salir los luchadores sociales: Márbel Zamora

 

El hombre acusado de varios atentados en Bogotá dice que pedirá perdón a las personas afectadas por los actos de guerra que cometió. Quiere diseñar un programa de educación popular basado en el arte y la cultura.

 

Por Gloria Castrillón

 

Llegaron por grupos, escoltados y movilizados por el gobierno nacional, en un operativo coordinado por la Fuerza Pública y a pedido del secretariado. Salieron de varias cárceles del país, sobre todo de la Picota, Chiquinquirá, Cúcuta y Jamundí. Se anunció que llegarían 24, finalmente llegaron 21 guerrilleros de las Farc presos, entre ellos, 5 mujeres. Su presencia en la Décima Conferencia hizo parte de la larga lista de hechos inéditos que marcaron este evento. Nunca antes, los presos habían podido participar en esta instancia de decisión de la guerrilla. Por eso su llegada fue recibida como un triunfo por parte de la dirigencia de la organización.

 

El día que llegaron, hubo abrazos, lágrimas y vivas a las Farc y hasta les aseguraron un encuentro con la prensa. Dentro de los más conocidos estaban dos líderes del frente 22, Hugo y Robinson. También estaba Márbel Zamora, alias Chucho, quien tuvo dos entradas a la cárcel. La primera en junio de 1996, cuando fue capturado en Bogotá, acusado de ser el autor de un atentado contra el CAI de Kennedy.

 

Salió en libertad condicional en el año 2001 y lo primero que hizo fue presentarse al frente Antonio Nariño ante sus jefes, Carlos Antonio Lozada y el Mono Jojoy. Y lo hizo en la zona de distensión, durante los diálogos del Caguán. En aquel momento, la prensa asumió que Márbel se había escapado de La Picota en una escandalosa fuga que protagonizaron más de 100 presos, volando una tapia de la reclusión. Él asegura que no fue así. Lo volvieron a capturar en 2008 en Coyaima, Tolima. En total, ha pasado 13 años tras las rejas.

 

Ahora enfrenta varias condenas que suman 40 años y tiene varios procesos en su contra. Lo primero que hizo al llegar a la vereda El Diamante fue reencontrarse con su hija, una jovencita que ingresó hace 10 años al frente Antonio Nariño, siguiendo los pasos de su padre. La escena, que pasará a la historia, la protagonizaron padre e hija bailando en la tarima de los conciertos que se montó en el complejo donde se desarrolla la conferencia. Márbel ahora habla de perdón, de sus proyectos en arte y cultura y de la ley de amnistía que debe tramitar el Congreso apenas se apruebe el plebiscito.

 

¿Cuántos años en las Farc?

Ingresé en 1993, fui revolucionario comunista dentro de la legalidad, era estudiante de derecho en una universidad, hacía teatro y pertenecía a la UP, pero luego empieza el exterminio. Me marcó mucho el asesinato de Jaime Pardo Leal, quien fue mi profesor de derecho, yo lo acompañaba en sus campañas políticas. La situación se volvió insostenible y tenía tres opciones: claudicar, irme exiliado o ser consecuente con mis pensamientos e irme a la clandestinidad. Me inicié en la construcción del Partido Comunista Clandestino, en Bogotá. Poco tiempo después me capturaron, pero alcancé un conocimiento de la ciudad con mis trabajos en las universidades, los barrios, los sectores juveniles. Ese es mi acumulado, que nos va a servir para el trabajo político ahora. La mayor parte de esa gente ni siquiera sabe manejar armas, tienen las ideas y eso es lo importante ahora.

 

¿Después de 13 años en la cárcel cómo reconstruir ese trabajo que tenía?

 

Todavía mantenemos los contactos. No hemos dejado de hacer el trabajo de masas. Nos han golpeado, han perseguido a los muchachos en las universidades por ondear nuestra bandera. Y recuerdo a los compañeros que cayeron en el año 1996 en la masacre de Mondoñedo, cuando un grupo de la Dijín capturó, torturó y asesinó a cinco compañeros nuestros, estudiantes, casi todos de la Nacional.

 

¿Eso significa que los capuchos de las universidades públicas desaparecen?

 

No creo, eso es histórico. Esos muchachos no son las Farc, y le puedo decir que con Farc o sin Farc van a existir encapuchados, ese es un símbolo de resistencia, por eso no hay que estigmatizarlos. En este país, capucha se asocia con terrorismo, un palo en manos de un campesino se asocia con terrorismo, y los mandan a todos para la cárcel. De ese tipo de luchadores están llenas las cárceles colombianas.

 

¿Pero si el movimiento político es legal ya no tendrán que ponerse la capucha para declararse simpatizantes suyos?

Claro, todo sale de la clandestinidad. Por eso hoy decidimos mostrar nuestras caras, aunque nosotros nunca hemos escondido nuestros rostros. Por obvias razones esos muchachos necesitaban la capucha para protegerse, ahora ya no.

 

Será difícil porque ustedes son responsables de acciones que llenaron de terror a Bogotá como la bomba al Club El Nogal, el atentado a la Escuela Superior de Guerra, se les incautaron explosivos para volar infraestructura para poner carrobombas…

 

La guerra es un mundo de cosas. No solo fue en Bogotá, fue en todo el país. Pasaron muchas cosas, más y muchas otras menos. Ya no lo vamos a hacer más. No se trata de olvidar, pero pedimos que se abran los espacios para que esa misma fuerza que le pusimos a la guerra se la pongamos a la paz, ojalá nos lo permitan. No queremos que haya una guerra sucia como con la UP, queremos que nos permitan salir a las calles a decir que tenemos una fuerza humana muy grande. Los guerrilleros saben muchas cosas, del campo, de construcción, hay un acumulado de hombres honestos y buenos.

 

¿Y van a pedir perdón y a contar lo que hicieron?

Lo hemos dicho y es en serio, nosotros hemos tenido valor muy grande, hasta entregar la vida, la familia, los hijos, por qué no tener el mismo valor para pedir perdón, para decir si en desarrollo de esta confrontación cometimos errores, si causamos daños colaterales. Lo hemos hecho y lo vamos a seguir haciendo. Lo hacemos con el corazón, sin hipocresía. Pero queremos que eso no se dirija como un castigo sino como un espacio de reconciliación e invitar a la otra parte, porque esta guerra no la hicimos solo nosotros. Al Estado también le toca reconocer su responsabilidad. Las acciones concretas que nos toque hacer para pedir perdón las haremos y las responsabilidades las llevaremos a la Justicia Especial para la Paz.

 

¿Cuántos presos van a salir en la amnistía?

Ese número está por definirse, pero es de manejo exclusivo del secretariado.

 

¿Van a incluir a guerrilleros, milicianos y lo que ustedes llaman luchadores de los movimientos sociales?

La idea es que todo el que tenga que ver con conflicto cabe ahí, lo definirá la ley de amnistía,

 

Dicen que son 5.000, ¿van a desocupar las cárceles?

Ojalá. Son 120 mil los presos y muchos son gente que decidió levantarse contra el Estado, no de forma armada, sino de pronto que un día bloqueó una carretera. No es justo que se queden en la cárcel pagando 20 o 30 años.

 

¿Todos los presos llegarán a las zonas veredales?

Sí, claro. Algunos son objeto de amnistía o indulto. Vinimos con permiso especial del gobierno, pero tenemos 10 días para volver a la cárcel.

¿A qué se dedicará una vez culmine la dejación de armas?

Me gusta el arte, el teatro, yo tenía un grupo, que se llamaba máscaras, cuando empecé mi vida política. Me gustaría volver. Estoy proyectándome para montar un programa de educación popular alternativa con énfasis en el arte y la cultura. Estoy estudiando licenciatura en filosofía, en la UNAD Quiero dedicarme a mi familia que ha tenido que llevar encima ese lastre del acoso por estigmatización. Mi compañera estuvo presa, los hijos han tenido que salir corriendo.

¿Usted tiene una hija en la guerrilla, Natalia, con la que se reencontró aquí?

Sí, ella ingresó dos años antes de que me capturaran. Tenía 18 años, ingresó al mismo frente mío, al Antonio Nariño y a los dos años caí preso. La situación de la guerra no fue fácil, ahí está ella muy valiente, la encontré con mucha formación. Llevaba 8 años sin verla y casi incomunicados. Ahora tengo un bebé de cinco años, con otra compañera. Le puse Manuel, adivine en honor a quién.

¿Cómo está su caso frente a la amnistía?

Tengo un proceso por secuestro, pero es discutible. Eso lo dirime la Justicia Especial para la Paz.

¿Tiene temor de enfrentase a ese escenario?

El acuerdo dice que la máxima pena es de 8 años, en caso de reconocimiento. Nosotros vamos hacerlo así que, en mi caso, la pena estaría cumplida.