Lo que viene con el nuevo acuerdo de paz

Aunque en La Habana se anunció un nuevo acuerdo con las Farc, aún quedan varios interrogantes. Por ejemplo, qué pasará con la refrendación del nuevo texto y la respuesta que darán los del No ante este panorama. El debate apenas comienza.

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El jefe negociador, Humberto de la Calle, admitió que este acuerdo es mejor que el anterior.
EFE

El mapa político que quedó luego de la noche del sábado, sin duda, refleja un ambiente menos hostil que el que sintió Colombia tras la derrota del plebiscito del 2 de octubre. Es cierto que, como lo dijo el presidente Juan Manuel, el nuevo acuerdo de paz al que llegaron el Gobierno y las Farc este fin de semana puede que no satisfaga las aspiraciones de todos los sectores, pero sí contribuyó a calmar los ánimos del país político y polarizado que arreció su división en los últimos 43 días. Hoy la situación es otra, pero en medio de la incertidumbre que generará retomar el debate con los delegados del No, aún quedan interrogantes. Tal vez el más importante tiene que ver con la refrendación e implementación del nuevo acuerdo de paz y, por otro lado, la disposición de las delegaciones de paz de dejar abierta la puerta para que se sigan incluyendo modificaciones al nuevo texto.

Lo que se viene no será fácil. La primera reacción del expresidente Álvaro Uribe tan pronto salió de un encuentro con el presidente Juan Manuel Santos en Rionegro (Antioquia), en donde se habló sobre los avances a los que se había llegado en La Habana, tuvo que ver con la solicitud de que lo acordado no tenga alcance definitivo. Es decir, darles la posibilidad a los representantes del No para que se reúnan una vez más, estudien el nuevo acuerdo de paz y ahí sí regresar a otras reuniones con la delegación del Gobierno para proponerles modificaciones o exponer observaciones al mismo. Por ejemplo, se da por descontado que la participación en política de las Farc reabrirá nuevas heridas en el debate. Sobre eso opina el exalcalde Antanas Mockus: “Hay puntos como el de la participación política de los líderes de las Farc y de su no encarcelamiento que no son viables, porque la paz no es compatible con la saña”.

La elegibilidad política de los integrantes de las Farc, sin excepción, quedó garantizada. Es decir, sigue abierta la posibilidad de que, por ejemplo, los responsables de los crímenes más graves puedan llegar al Congreso; un punto que se había convertido en el caballo de batalla de los del No y, de paso, en una de las exigencias inamovibles que le hicieron a la delegación de paz, entre ellos, el expresidente Álvaro Uribe, el exprocurador Alejandro Ordóñez, la exministra Marta Lucía Ramírez y el expresidente Andrés Pastrana. Por eso, aunque la exministra conservadora saludó el nuevo acuerdo de paz, también adhirió la idea del expresidente Uribe en el sentido de que deben ser acogidas, una vez más, las opiniones de quienes se opusieron al primer acuerdo y, sólo así, este nuevo pacto “gozará de la legitimidad que le garantice la perdurabilidad en el tiempo”, expresó.

 

Pero las reuniones apenas comienzan. Ayer, por ejemplo, las delegaciones de paz del Gobierno y de las Farc se quedaron en Cuba para ensamblar, como lo explicó el jefe negociador Humberto de la Calle, el nuevo texto y presentárselo al país. Sin embargo, la orden es clara: regresar de inmediato a Bogotá para que expliquen en detalle a los voceros del No el alcance de lo acordado. Y aunque lo puntual sobre las modificaciones y precisiones en torno a los puntos centrales de la agenda que se discutió con las Farc en estos últimos cuatro años ya se conoce, quedó en el aire qué viene para refrendar el nuevo acuerdo.

Existen varios caminos: convocar a un nuevo plebiscito, refrendarlo a través de los cabildos abiertos sobre los cuales ha venido hablando en los últimos días el exministro Yesid Reyes o, sencillamente, acudir directamente al Congreso para que en una especie de “refrendación-implementación” se le dé vía libre a lo acordado. Aún no hay luces al respecto, pero la declaración del jefe negociador de paz de las Farc, Iván Márquez del sábado sí da algunas pistas sobre lo que viene. “Al nuevo acuerdo, el único camino que le espera es su implementación, teniendo en cuenta que con él quedan sentadas las bases de una tarea más compleja: la construcción de una paz estable y duradera”, dijo Márquez el sábado desde La Habana.

Sobre este punto la discusión tampoco será menor. Por ejemplo, el exprocurador Alejandro Ordóñez le envió un mensaje directo al presidente Santos en el que le recuerda que la última palabra la tienen los colombianos. “Un nuevo acuerdo sólo es posible si con su voto lo aprueban”.

La decisión, finalmente, está en manos del presidente Juan Manuel Santos, quien ahora tiene la responsabilidad de restar la polarización política en el país. Especialmente, porque si acoge el primer camino, el Congreso tendrá una tarea bastante difícil. Mientras la Corte Constitucional toma una decisión sobre el Acto Legislativo para la Paz que contiene el mecanismo del fast track, al Legislativo le corresponderá sacar, en una lucha contra el tiempo, la mayoría de leyes que permitan darle desarrollo jurídico a lo acordado en Cuba, empezando por la ley de amnistía que otorgue seguridad a los integrantes de las Farc en las zonas a donde tendrán que trasladarse.

Pero la decisión del alto tribunal podría darse en febrero y, mientras tanto, el tiempo corre. Así que la única luz de esperanza que le queda al Gobierno es que la Corte declare inconstitucional el último artículo del Acto Legislativo que condiciona el fast track y el resto de la implementación del acuerdo a la refrendación popular. Entre tanto, el llamado a los colombianos sigue siendo el mismo: dejar atrás las divisiones y esperar a que el Eln acoja el mismo rumbo que adoptó la guerrilla más grande del país.

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