Lecciones de paz desde Irlanda del Norte: Hay que cumplir las promesas

El reverendo Harold Good y el padre católico Michael Kelleher, testigos de la dejación de armas en su páis, están en Colombia para hablar con las Farc del proceso de desarme que le dará sentido de realidad al proceso de paz.

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El reverendo Harold Good y el padre católico Michael Kelleher fueron testigos de primera mano de la entrega de armas en Irlanda del Norte.
Óscar Pérez

El reverendo protestante Harold Good recuerda el día en que un joven rebelde del Ira desenfundó con solemnidad un revólver pequeño y lo entregó a la comisión de verificación de dejación de armas de Irlanda del Norte. Fue el último.

Good fue testigo de la entrega de armas de un proceso de paz que puso fin a 20 años de un sangriento conflicto armado interétnico. Hoy está en Colombia, junto con el padre católico Michael Kelleher, cercano al mismo proceso, hablando con integrantes del Gobierno y las Farc sobre la entrega de armas. Este fin de semana estarán en La Elvira (Cauca), la zona veredal de normalización de la cual Pablo Catatumbo, comandante de las Farc, ha dicho que no hay más que tierra removida. Confianza y tiempo es la sugerencia de estos dos religiosos para que los acuerdos salgan adelante.

¿Por qué venir a Colombia ahora?

Harold Good: Fuimos invitados y para mí fue un gran privilegio y honor. Yo había estado en La Habana en 2015 y tuve la oportunidad de hablar con el Secretariado de las Farc. Y para mí fue muy alentador ver su sinceridad y su determinación. Hablamos especialmente de la dejación de armas. En esta ocasión tengo la oportunidad nuevamente y estoy más que preparado. Creo que lo que puedo contribuir es menos de lo que puedo aprender.

¿Cuáles son las lecciones aprendidas en Irlanda del Norte sobre la dejación de armas?

H.G.: Para vencer la desconfianza, tanto el gobierno de Irlanda como el gobierno del Reino Unido invitaron a un general canadiense llamado John de Chastelain para que se reuniera con los antiguos combatientes y pudiera ver personalmente el proceso de dejación de armas. Para los republicanos, porque para ellos dejar un arma se podía castigar con la muerte.

¿Cómo hacerlo entonces?

H.G.: Sólo a través de mucho diálogo y muchas conversaciones con De Chastelain se logró.

Entiendo que también fue muy importante su presencia como autoridades religiosas.

H.G.: Una de las partes pedía que se fotografiara de manera extensa todo el proceso, todos los días, todas las semanas. Pero el Ira dijo que no, porque no querían nada que pudiera poner en riesgo a las personas que hacían parte del conflicto. Así que se estableció una veeduría independiente que debía incluir una parte católica y otra protestante. Y tanto para el padre Alec Reid como para mí fue un honor cumplir este papel, porque teníamos la confianza de las partes. Fuimos como la cámara de fotos que atestiguó ese momento.

Relacionando ese asunto con Colombia, ¿están de acuerdo entonces con el modelo de verificación de la dejación de armas por parte de un externo?

H.G.: Una verificación independiente es tremendamente importante, y lo mejor también es que haya alguien que cuente con la confianza de toda la comunidad. Nosotros contamos con la presencia de tres expertos internacionales y dos locales. En el acuerdo se definió la dejación de armas como poner las armas de tal manera que no se puedan usar ni alcanzar.

Una tarea difícil.

Michael Kelleher: Sí y requiere de un gran grado de competencia.

H.G.: Yo tuve que hablar con los lealistas y convencerlos de que siguieran adelante porque no confiaban en eso.

Confianza es la palabra más importante también en el proceso colombiano, y ésta parece verse minada con los incumplimientos que denuncia las Farc en la instalación logística de las zonas veredales donde dejarán las armas. ¿Qué se puede esperar?

H.G.: Nosotros hemos oído varios reclamos acerca de incumplimientos del Gobierno en estos aspectos. No sabemos si es verdad o no, pero es muy importante mantener las promesas. Porque si no se socava la confianza.

M.K.: Quizás el problema también tenga que ver con una percepción de tiempo. Puede que no sea muy realista el calendario de dejación de armas y los traslados a los campamentos veredales que se plantearon. De pronto sólo se necesita más tiempo. Quizás no se supo calcular el tiempo para estos procesos y los obstáculos. Pero eso no quiere decir que no se está cumpliendo la promesa. Nosotros tuvimos los mismos problemas.

Reverendo, usted trabajó de cerca con los prisioneros que salieron en el proceso de Irlanda. ¿Cómo manejar esa tensión que existe en estas transiciones entre el deseo de paz y la justicia?

Lo primero que debemos clarificar es qué entendemos por justicia. Justicia no es venganza. Por eso tiene sentido la justicia transicional de restauración. Eso no quiere decir que no se vean los crímenes que se han cometido. Por ejemplo, el diputado del primer ministro de Irlanda era un excomandante de Ira, pero llevó a cabo un recorrido importante de restauración. Porque, en últimas, la justicia es darles oportunidades a todos, en especial a las familias más afectadas por el conflicto.