La dejación de armas de las Farc será un proceso reservado

Esta primera fase incluye el almacenamiento gradual en contenedores de los fusiles y pistolas de los 322 miembros de la insurgencia que integran el Mecanismo de Monitoreo y Verificación (MM&V).

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Bajo la mirada de 450 observadores de la ONU, comenzó el proceso de desarme de las Farc.
/OACP

Como un día histórico para el país lo calificó el presidente Juan Manuel Santos. Y Rodrigo Londoño Echeverri, Timochenko, máximo líder de las Farc, dijo que era un paso más hacia la paz. Lo cierto es que, bajo la mirada de 450 observadores de la ONU, comenzó ayer el proceso de dejación de armas de las Farc, que en esta primera fase incluye el almacenamiento gradual en contenedores de los fusiles y pistolas de los 322 miembros de la insurgencia que integran el Mecanismo de Monitoreo y Verificación (MM&V), así como la entrega de las armas artesanales o inestables y otros tipos de explosivos.

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Por ahora, el procedimiento es reservado, aunque, según señaló el comisionado de Paz, Sergio Jaramillo, cuando ya se esté en la última fase de la dejación, “es posible que se haga una cosa más vistosa, porque yo creo que eso le conviene a todo el mundo: que los colombianos vean que esto realmente terminó, que las armas fueron entregadas”. Como se informó, el primer paso implica la identificación y el registro de todas las armas presentes en los campamentos de las Farc en las 26 zonas y puntos veredales. Y se dice que un grupo de guerrilleros, acompañados por verificadores de la ONU, saldrían también de éstas para destruir material pesado —municiones, minas o granadas— que se encuentra en caletas, en las selvas colombianas.

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En las zonas de concentración, la expectativa se centraba en la llegada de los encargados de registrar las armas, mientras siguen los reclamos por los retrasos en la adecuación. “Damos este paso con toda la disposición y buen ánimo (...) nuestra preocupación primera son nuestras necesidades: las construcciones están atrasadas, los baños no terminados, ni el comedor ni la cocina”, manifestó Adriana Cabarrus, una guerrillera instalada en la zona veredal de San José de Oriente, cerca a Valledupar (Cesar). “Estoy dejando el fusil por la escoba”, señaló por su parte Maritza González, de 54 años y guerrillera desde los 14.

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