Entrevista

“Juan Manuel se manda solo”: Enrique Santos

El hermano del presidente habla de su experiencia en el proceso de paz, dice que el No en el plebiscito es un voto por el pasado y cree que Vargas Lleras sí puede ser el hombre del posconflicto.

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Enrique Santos, hermano del presidente Juan Manuel Santos.
/ Cristian Garavito

Enrique Santos Calderón es el hermano mayor del presidente. Su trayectoria en procesos de negociación con la insurgencia hizo que el mandatario lo delegara para participar en los diálogos exploratorios con las Farc. Durante los cuatro años de negociación, este veterano periodista, fundador de la revista Alternativa en la década de los 70, cumplió un papel fundamental: intervenir en momentos de fuertes desencuentros para que el proceso continuara. Estas son sus reflexiones tras el acuerdo final.

¿Qué significa para usted, que dio las primeras puntadas, que se haya llegado a un acuerdo final?

La emoción es indescriptible, más cuando el acuerdo llegó de manera inesperada. Me dio mucha felicidad y sentí que me había quitado un piano de encima. También sentí una gran admiración por el equipo de trabajo, porque sé del esfuerzo y el desgaste. Eso implica sacrificios enormes, pero ahí está el acuerdo para que la gente lo lea y se quiten tantas cucarachas que les han metido en la cabeza.

¿Alguna vez imaginó que su hermano iba a ser presidente y que además iba a alcanzar la paz?

Jamás se me pasó por la cabeza. Sí demostró desde pequeño que le gustaba la política, y la aspiración de todo político es la Presidencia, pero no imaginé que fuera a ser el mandatario que firmara un acuerdo histórico con las Farc.

¿Al principio creyó que este proceso iba a terminar bien?

Recién electo, cuando Juan Manuel empezó a hablar de la llave de la paz y del conflicto armado, que era una expresión que estaba proscrita por el uribismo, me llamó mucho la atención. Un día le pregunté: ¿Eso es en serio? Y me contestó que sí. Entonces le dije que podía contar conmigo.

¿Qué tan cierto es que usted fue quien manejó el proceso a la sombra?

No es cierto, he estado acompañándolo estos años con una prudente distancia. Sé que ser hermano del presidente y negociar a nombre del Estado genera suspicacias. La gente piensa que yo hablo todo el tiempo con Juan Manuel, pero no es así. Nos reunimos en situaciones específicas.

¿Qué opina de la manera como lo caricaturiza Osuna?

Está pifiado. Osuna es un buen caricaturista, pero un mal humorista. A Juan Manuel hay que conocerlo para saber que se manda solo. Tanto así que la gente que trabaja con él se queja de que no se deja asesorar.

Usted que conoce el establecimiento, ¿cree que esta vez si va a cumplir los acuerdos?

Esa es la gran pregunta. Siento que el Estado está comprometido en estos acuerdos, que además son la oportunidad histórica de hacer las reformas que no se han hecho en los territorios, en las regiones, en el campo. Es una oportunidad para darle un vuelco a este país en asuntos elementales de equidad, desarrollo y educación. Ahora, es difícil hablar por el establecimiento, porque hay sectores conscientes de lo necesaria que es la paz, pero también hay sectores reacios, llenos de temores. No entiendo cómo es que ha hecho carrera la frase absurda del castrochavismo. No sé en qué cabeza quepa la idea de que una persona como Juan Manuel vaya a volver Colombia una Cuba o una Venezuela. También le temen a que las Farc se vuelvan un partido político y alguna vez lleguen al poder. Lo veo improbable, pero si hacen su tránsito a la legalidad y les va bien en las elecciones, esas son las reglas de la democracia.

En un país tan polarizado, ¿hay garantías para quienes se desmovilicen?

Esa es la pregunta del millón. Siempre vi a las Farc jugadas con el proceso de paz y con dos miedos enormes: una especie de pánico escénico de lanzarse al escenario de la política y que les vaya pésimo, y el miedo a que los maten. Dado el caso de la Unión Patriótica es un miedo explicable, y en un país tan atravesado de violencias mafiosas y paramilitares, eso es un gran peligro. Preservar la vida de quienes dejen las armas es el desafío más importante del Estado. Seguramente habrá provocaciones, pero espero que sean controladas.

¿Fue un error haber matado a “Alfonso Cano”?

En las circunstancias en que se estaban planteando los diálogos, bajo la premisa de que se negociaría en medio de la guerra, creo que eran las reglas del juego. Su muerte era previsible, tanto que nosotros creímos que se iban a romper los diálogos exploratorios, y no, los contactos se suspendieron unas semanas, y fue muy traumático para las Farc, pero ellos tenían una decisión tomada: buscar la paz.

Su trabajo durante los diálogos de La Habana fue intervenir en los momentos de crisis. ¿Cuál fue el momento más duro?

En los diálogos exploratorios hubo un momento difícil con un bombardeo al campamento del Médico. Él era el jefe de la delegación de las Farc, y en ese bombardeó murieron muchos comandantes. Otro fue el ataque en Buenos Aires (Cauca), en el que las Farc rompieron su cese unilateral y mataron a 13 soldados. Eso hizo que se reanudaran los bombardeos y volvieron los ataques a los oleoductos. Fue un momento de casi ruptura. También fue muy tensa la discusión sobre justicia. Pero siempre supimos que ellos no se iban a parar de la mesa.

¿Qué hacer con Uribe?

Él es parte del escenario político. Representa un sector de derecha, encarna la negativa a reconocer las reformas que se necesitan, a reconocer el conflicto armado y a buscar una solución negociada. Es un hombre que trabaja la memoria negativa de la gente. Es quien se niega a mirar hacia delante. Y en esa campaña ha ventilado posiciones absurdas: como el tema de la participación política. Quién, que no haya sido vencido en el campo de batalla, va a negociar para irse a la cárcel y renunciar a la política. Darles diez curules a las Farc de 260 no me parece un sacrificio. Es un experimento importante.

¿Pero se debe tratar de incluir al uribismo en este proceso de paz?

No hay que renunciar a invitar a los sectores más moderados del uribismo. Uribe es un hombre cerrado en este tema, y ha rechazado los intentos de Juan Manuel por buscar puntos de encuentro, pero serán los hechos los que se encarguen de demostrarle que está equivocado. Por eso es tan importante el plebiscito, que no era necesario, pero sí va a ser un termómetro significativo.

¿Y qué pasaría si se pierde?

Es un escenario catastrofista. Las Farc han dicho que no regresarán a la guerra, pero lo que sí pasaría es que la gobernabilidad se desvertebra. Eso puede producir que la guerrilla se fragmente. También es posible que el uribismo entre a negociar con la propuesta de convocar a una asamblea constituyente. No creo que si se pierde todo se acabe, pero tenemos 35 días para que gane el Sí.

¿Cree que Vargas Lleras puede ser el presidente del posconflicto?

Sí, el es un animal político y aunque su entusiasmo con el proceso no ha sido el mayor, no lo veo en el plan de entorpecer los acuerdos. Ya se comprometió públicamente a impulsarlos y con su reconocida capacidad de ejecución, su apoyo será importante. Y como están las cosas muy probablemente sea el próximo presidente