Jody Williams: “Vamos hacia un mundo diferente, claro, si Trump no nos mata”

Una conversación sin ambages con la nobel de paz que estará de visita en nuestro país durante la Cumbre Mundial de Premios Nobel de Paz, organizada por la Cámara de Comercio de Bogotá, del 2 al 5 de febrero en Corferias. 

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Jody Williams, nobel de paz en 1997, estará de visita en Bogotá durante la Cumbre Nacional de PremiosNobel de Paz.
/ El Espectador

Esta semana, Bogotá será por primera vez en su historia capital de una Cumbre Mundial de Premios Nobel de Paz. Jody Williams, laureada con este premio en 1997 por su trabajo incansable por el desminado en todo el mundo, es una de las invitadas más esperadas. Desde su casa en Washington (Estados Unidos), poco antes de viajar a Bogotá, Williams vuelve a demostrar en esta entrevista lo poco diplomática que puede ser. Habla sin rodeos sobre política, en especial sobre su país luego de la entrada de Donald Trump a la Casa Blanca, a quien no baja de sexista. A los colombianos que se han opuesto al proceso de paz con las Farc les dice que es “una estupidez no tener las pelotas para intentar construir la paz”.

Recibió el premio Nobel de Paz en 1997 por su trabajo en contra de las minas antipersonal y desde entonces ha participado en varias cumbres mundiales de paz. ¿Cuál es para usted la importancia que puede tener este evento en el momento que vive Colombia?

Yo creo que es un respaldo internacional importante. Busca dar apoyo y empujar al país a seguir en el camino hacia la paz. Todo el mundo sabe que Colombia es un país bastante dividido sobre el tema y yo creo que este evento subraya que el mundo está mirando el proceso y que para el mundo son muy importantes el pueblo colombiano y la posibilidad de terminar con la confrontación después de décadas de guerra.

En su momento fue muy crítica del plebiscito y de quienes se oponían a él. Luego del resultado de esta votación, ¿cómo ve el panorama?

Critiqué con vehemencia el No y obviamente apoyé el Sí en el plebiscito porque para mí el pueblo colombiano ya sabía qué era vivir en conflicto y aun así le temía a la paz. No entendí eso. ¿Cómo puedes tener miedo de algo que no has vivido? ¿Por qué no se lanza el pueblo a respaldar fuertemente un proceso de paz? Ya que si no resulta pueden volver al conflicto que ya conocen. Para mí, votar No en el plebiscito era una gran tontería.

¿Qué reacciones encontró cuando dijo eso?

Cuando dije eso se enojó bastante gente. Algunos, incluso, me mandaron correos electrónicos muy, muy feos. Pero hablo así también de mi país. Cuando ganó el señor que ganó en Estados Unidos dije lo mismo: ¿cómo pudo el pueblo estadounidense elegir un ser humano así como presidente de los Estados Unidos? Una estupidez, en mi opinión. Pero no todo está perdido. Estuve con varias amigas y amigos en la marcha masiva que hubo en respaldo de las mujeres hace poco. Fue impresionante. Masiva, emocionante. No sólo en Washington sino en todo el mundo. Más de tres millones de personas.

Hablando de ese tema, ¿cuál cree que puede ser el protagonismo de las mujeres colombianas en la implementación de los acuerdos de paz?

En mi última visita a Colombia hice varios enlaces con organizaciones de mujeres que han estado luchando mucho por tener un papel en la construcción de paz del país. Creo que eso es inevitable, ya que sólo con igualdad y justicia para las mujeres hay chance de tener una paz sostenible en Colombia. Obviamente, todavía es una lucha muy fuerte y es una lucha en todo el mundo. En mi país, Trump significa un retroceso por su forma de ser sexista y segregacionista. Pero en términos generales, su triunfo representa un retroceso en todo el mundo con relación a los derechos de las mujeres en general. Ahora, en Colombia la pelea por esos derechos no es cualquiera, pero muchas mujeres están dispuestas a darla. Durante la Cumbre Mundial de Premios Nobel de Paz vamos a tener una reunión con esas organizaciones de mujeres.

¿Cuál es el objetivo de esa reunión?

Hace unos meses me reuní con 25 mujeres representantes de 17 organizaciones en Colombia. Hablamos sobre su visión de paz y sus preocupaciones. En esta ocasión quiero escuchar de ellas qué han logrado y en qué más las puedo ayudar.

Durante su activismo en El Salvador fue víctima de un delito sexual. En Colombia no han cesado y, por el contrario, están disparados. ¿Qué se necesita para acabar esa relación perversa entre conflicto armado y delitos sexuales basados en el género?

Cuando la guerra en Liberia (África) terminó se presentaron más violaciones sexuales que durante el conflicto armado. Impresionante. Para mí, el acto de violación sexual como táctica de guerra tiene que ver con todo el sexismo y el machismo del mundo. Si los hombres no creen que las mujeres somos objetos y posesiones suyas, no van a pensar que esa puede ser un arma contra sus enemigos.

¿Qué se requiere, entonces, para cambiar esta realidad?

Eso no va a cambiar hasta que haya un cambio en la mentalidad de los hombres del mundo y eso no va a llegar de un día para otro. Empieza en casa y con educación, para que los hombres entiendan que ser macho no quiere decir ser un buen hombre. Tenemos que seguir con eso. Los derechos humanos de las mujeres no son distintos a los derechos humanos de los hombres. Son los mismos. Y eso hay que recordarlo todos los días.

¿Estamos de acuerdo en que el machismo no sólo es un asunto de hombres?

Claro que sí, por eso digo que todo empieza en casa y en la escuela. También se trata de concientizar a las mujeres. Pero poco a poco los cambios se van viendo. En muchos países, la mayoría de estudiantes que van a la universidad hoy son mujeres. En Irán, por ejemplo, el 65 % de estudiantes son mujeres, eso inevitablemente va a influir y transformar. Tal vez no voy a vivir para ver esos cambios que quiero ver, pero vamos en el camino hacia un mundo diferente. Claro, si Trump no nos mata.

Usted es una conocedora del desminado en el mundo. En Colombia, ese es uno de los grandes desafíos que abre la posibilidad de un acuerdo con la guerrilla. ¿Cómo lograr que el proceso sea efectivo en los territorios?

Primero, debo decir que Colombia va por buen camino. Las Farc y el Ejército ya empezaron el trabajo de desminado conjunto, y esto demuestra que pueden trabajar juntos en ese aspecto. En el mundo, a la fecha, unos 36 países han logrado desminar su territorio completamente tras la guerra. El más reciente fue Mozambique, uno de los países más minados en África. Cuando empezaron este proceso la gente también creyó que nunca iban a vivir sin minas y en diciembre del año pasado hicieron el anuncio. Se cumplieron 20 años de ese tratado y en ese tiempo ellos se apoyaron en la comunidad internacional, lo que sea que eso signifique. Por eso creo que no hay por qué ser pesimista con relación a Colombia, a menos que vuelva el conflicto armado. Si dejan a un lado el camino hacia la paz, ya sabemos qué va a pasar. Ya lo han vivido.

Claro, y durante 50 años...

Sí, por eso digo que es una estupidez no tener las pelotas para intentar hacer la paz. A menos que la guerra te deje grandes dividendos.

¿Qué decirles a los colombianos que siguen muy escépticos y ajenos al proceso de paz con las Farc?

Lo mismo que les estamos diciendo a los ciudadanos en Estados Unidos con la era Trump: si queremos ver un país diferente, tenemos que involucrarnos desde la cotidianidad. No sólo se trata de votar, también es cuestión de buscar dónde cada uno puede ayudar a transformar su país. Y te aseguro que es así de fácil. Cuando empecé a trabajar en contra de la intervención de mi país en Centroamérica, empecé como voluntaria en una organización, intentando educar a la gente de mi país sobre los impactos de la intervención de Estados Unidos en El Salvador. En ese momento daba clases de inglés y tenía horas a la semana extra como activista. La gente no tiene que ser activista de tiempo completo. Esa es mi filosofía.

En Colombia ha empezado el debate sobre la obligatoriedad del servicio militar y la posibilidad de un servicio social alterno. ¿Qué opina sobre eso?

Me encanta esa idea. Y me gustaría que sucediera también en los Estados Unidos. La gente que está muriendo como soldado es la gente pobre. Con las guerras en los años 60 y 70, el Ejército de mi país aprendió que era mejor tener un ejército voluntario.

Para terminar, ¿qué les diría hoy al presidente Juan Manuel Santos y a los comandantes de las Farc?

Les diría que no olviden que son parte del pueblo colombiano y como tales tienen la obligación de hacer todo para construir una paz sostenible. Sigo creyendo, en ese sentido, que el premio Nobel de Paz también debió ser entregado a las Farc, por dar el paso, porque el Gobierno no negoció solito. El compromiso de sacar la implementación adelante es de los dos.

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