Quiere mantener el nombre de Pablo, pero recuperar sus apellidos

“Hay que avanzar en la unidad de las izquierdas”: Pablo Catatumbo

“Pablo Catatumbo”, miembro de la delegación de paz de las Farc, cuenta cómo ha sido su paso por Bogotá, a donde no había vuelto desde 1990.

pablo_catatumbo.jpg

Jorge Torres Victoria, más conocido como “Pablo Catatumbo”, es uno de los miembros del Secretariado de las Farc y participó en los diálogos de La Habana.

Pablo Catatumbo, a través de su amigo Henry Acosta, fue el punto de contacto entre el presidente Juan Manuel Santos y el entonces comandante de las Farc, Alfonso Cano, quien después murió en una operación militar en su contra. Posteriormente, Catatumbo integró, como segundo al mando, la delegación de paz en La Habana. Hasta el viernes pasado estuvo en Bogotá, ciudad a la que no venía hace casi tres décadas. En entrevista con El Espectador, el comandante guerrillero habla de las sensaciones que le ha producido el regreso a Colombia, al igual que de sus expectativas políticas y personales.

Asegura que quiere dejarse el nombre de Pablo, pero que le gustaría recuperar sus apellidos de padre y madre. En lo político, señala que las Farc están perfilando las alianzas electorales que permitan una coalición de izquierda para enfrentar las elecciones del 2018 y que permitan la instalación de un gobierno de transición que asegure la implementación de los acuerdos de paz. En el tema de seguridad luego de la dejación de las armas, no duda en pedirle al Gobierno que cumpla con su palabra de desmantelar el paramilitarismo y los sectores que lo han apoyado, pues según advierte, ya se asoma una especie de plan pistola contra los líderes populares y sociales.

¿En lo personal, cómo ha vivido su llegada a Bogotá?

Adaptándome a la nueva situación. Veo una ciudad muy cambiada respecto a la que visité hace más de 27 años y a la que quisiera conocer y caminar. Aún no ha habido la posibilidad de reencontrarme con todas mis amistades, las que no veía hacía mucho tiempo, pero sí he tenido la oportunidad de probar muchos de los sabores santafereños que ya había olvidado.

¿Cuándo fue la última vez que pasó por Bogotá?

La última vez fue en 1990, cuando íbamos rumbo a los diálogos de Tlaxcala (México).

¿Qué sensación le ha producido estar expuesto a la vida pública, al cariño y rechazo de la gente?

Es una situación nueva, interesante. Mucha gente quiere hablar con nosotros. Otros, envenenados por la estigmatización de tantos años de propaganda de guerra, se sorprenden al darse cuenta de que no somos lo que les habían dicho que éramos. Creo que la reconciliación parte un poco de eso, de reconocerse, de hablar, de escucharse.

¿Qué siente de estar tan cerca de dejar las armas?

Pues la verdad, con la situación de las últimas semanas, la amenaza paramilitar, la activación de una especie de plan pistola y de guerra sucia contra defensores de derechos humanos y líderes de Marcha Patriótica, sumados a la vacilación y nula respuesta por parte del Estado, no deja uno de pensar en la magnitud y en los riesgos de nuestra apuesta. Recibimos la alerta de nuestras bases sociales, que se sienten presa fácil de un paramilitarismo que no se ha desactivado. Sabemos que hay mucha desazón por el contexto que se puede avecinar. Pero estamos jugados por la paz, tenemos todo el compromiso. Las responsabilidades quedan en el terreno de los poderes reales del país: ¿van a permitir parar el desangre de la patria o no?

¿En qué zona va concentrarse “Pablo Catatumbo” y dónde quisiera estar en la vida civil?

Seguramente en alguna zona veredal del Bloque Comandante Alfonso Cano. En la labor política futura estaré donde me oriente la organización, pero no puedo dejar de manifestarle que tengo particular gusto por el trabajo organizativo.

¿Hay algo a lo que le tema de la vida civil?

Más que un temor, hay una amenaza cierta: el paramilitarismo. Es un tema que preocupa a todos los combatientes. No podrá ser cierto el cierre del ciclo de la guerra si perviven la guerra sucia, la persecución y el asesinato de los líderes de las nuevas expresiones políticas.

¿Quiere mantener el nombre de “Pablo Catatumbo” o volverá a ser Jorge Torres Victoria?

Después de tantos años, de cierta manera el seudónimo se ha venido convirtiendo en una especie de marca registrada. Además, es un nombre que elegí como homenaje a mi hermano mayor, un revolucionario ejemplar que murió en las filas de las Farc llevando ese nombre. Nuevamente, se trata de un asunto donde la paquidermia del Estado se vuelve tortuosa: quisiera cambiar mi nombre a Pablo Catatumbo, pero conservando los apellidos originales, pero ese es un trámite de nunca acabar en la Registraduría. Vamos a ver qué pasa.

¿A qué quiere dedicar su tiempo libre?

Tengo muchas lecturas y películas atrasadas a las que quiero dedicar el tiempo necesario. También está mi familia, que ha sufrido tanto por el conflicto, y muchísimos amigos con quienes quisiera poder reencontrarme tranquilamente y desatrasarme de tantas cosas.

¿Le interesa la actividad parlamentaria o preferiría servir a la paz desde otras funciones?

Yo estaré donde la organización considere que puedo ser más útil. Nosotros somos una organización disciplinada.

¿Cómo cree que van a ser recibidas las Farc en la contienda electoral?

Pues, según muchos opinadores y varias encuestadoras, nos irá muy mal. Eso a nosotros nos pone optimistas, porque ellos se vienen equivocando sistemáticamente en todo: el brexit, el plebiscito, las elecciones de EE.UU., etc. Lo que estamos palpando es que hay mucha expectativa, la gente tiene ansias de una propuesta política nueva y hay cansancio frente a los partidos institucionales. Sin posar de arúspice, uno sí podría pensar que no es descartable que una nueva fuerza que irrumpa en la arena política reivindicando banderas populares y de lucha contra la corrupción, con propuestas realistas, aterrizadas y sin pretensiones hegemónicas, pero a la vez intentando ser un factor cohesionador y unitario con miras a una gran coalición de fuerzas democráticas por el cambio, puede llegar a convertirse en una alternativa que contribuya a transformar la realidad nacional en el mediano plazo. Pero, como le digo, no aspiramos a hacerlo solos, para alcanzar eso deberemos converger con muchos compatriotas de diversos escenarios en una iniciativa común transformadora. En lograr eso es donde está la almendra del asunto.

¿De cara a las elecciones de 2018, ve a alguien que pueda reunir las condiciones para liderar el gobierno de transición?

En eso andamos todos los que queremos la paz: evaluando liderazgos, perfilando alianzas. El perfil es sencillo: un cuadro político comprometido con la paz, dispuesto a implementar lo que se acuerde con las Farc y el Eln, que genere unidad y que tenga el músculo para hacer de los acuerdos una realidad.

¿Cree que Álvaro Uribe y el sector político que representa puedan ser un riesgo para la implementación de los acuerdos?

De hecho ya han demostrado serlo. Por ello es que hay que avanzar en la unidad de las izquierdas y de los sectores democráticos dispuestos a cumplir la implementación del Acuerdo Final. Estamos en un contexto donde la contienda política ya no está en el plano de lo ideológico, sino en el contexto práctico en el que la vida de miles de personas depende de definiciones derivadas de la correlación de fuerzas. Vivimos una coyuntura de una fragilidad enorme y por ello debemos trabajar en clave de convergencia y no de disputas mezquinas. Lo que está de por medio son los más altos intereses de la patria: si Colombia da el paso a ser un país moderno, incluyente, democrático y con justicia social, o si permanecerá anclada al pasado, a la corrupción y al autoritarismo.

últimos contenidos