Entrevista

“Es la oportunidad de una paz completa”: José Noé Ríos

El plenipotenciario del Gobierno en los diálogos con el Eln asegura que los tres primeros puntos de la agenda serán difíciles, pero confía en que se pueda avanzar hacia un cese bilateral y definitivo del fuego y las hostilidades.

noe_negociador_gobierno.jpg

José Noé Ríos hizo parte de la delegación del Gobierno para los diálogos con el Eln.
/ Mauricio Alvarado

José Noé Ríos Muñoz es un economista que desde la década de los 80 ha gravitado en torno a los proceso de paz del Estado y la insurgencia. Trabajó con el presidente Virgilio Barco, con Belisario Betancur, con César Gaviria, con Ernesto Samper y con Juan Manuel Santos. Participó en los acuerdos de paz con el M-19, el Epl, el Prt, el Quintín Lame, las Milicias Populares de Medellín y el frente Francisco Garnica. Acompañó la delegación del Gobierno en los diálogos de Tlaxcala con el Eln y las Farc, y el lunes estuvo en la foto en la que se consiguió anunciar la instalación de la mesa de diálogos con el Eln el próximo 27 de octubre en Quito (Ecuador). Ese día concluyó la misión que el presidente Santos le puso, y aunque asegura que no cree que vaya a acompañar la fase pública de los diálogos, sus opiniones siempre serán tenidas en cuenta en la mesa de Quito.

Tras seis meses de intenso trabajo de negociación con el Eln, ¿cómo ve la mesa que se instalará el 27 de octubre en Quito?

En los últimos seis meses, que fue lo que duró este período de desestancamiento de las negociaciones con el Eln, han sucedido tres cosas de especial interés: primera, por instrucciones precisas del presidente de la República fue posible desarrollar un mecanismo de acercamiento con el Eln para resolver la problemática del secuestro, se valoró el futuro de la negociación y se encontró la fórmula para solucionar el impasse. Segunda, en estos seis meses han ocurrido muchas cosas, incluida la negociación con las Farc, que desde cierto punto de vista han generado un proceso transformador en la sociedad que le está diciendo al mundo que no quiere vivir en guerra. De alguna manera, el Eln ha incorporado esa actitud. Y tercera, en la mesa hemos tenido conversaciones supremamente sinceras que han permitido identificar voluntades. El Gobierno tiene una decisión seria de superar el conflicto armado. Y ellos una voluntad seria de hacer una transición a la vida política sin armas. Nos juntamos en ese escenario y, bajo el liderazgo de Mauricio Rodríguez como cabeza del equipo del Gobierno, concertamos abrir la mesa el 27 de septiembre, y el 3 de noviembre empezar la primera ronda.

El proceso exploratorio, según el presidente, tardó cerca de seis años. Usted entró a la mesa en el momento de mayor crisis. ¿Cuál fue su misión?

En el momento en el que el presidente tomó la decisión de incorporarme al equipo negociador estaban terminando el análisis de los tres primeros puntos de la agenda de diálogos, y él consideró conveniente oxigenar el equipo. Es normal en este tipo de trabajo, porque son dinámicas muy intensas. Creo que el presidente consideró meterle sangre veterana.

¿En qué situación estaba la mesa?

Encontré que el Eln, que es una organización guerrillera con fundamentos ideológicos sumamente sólidos, le exige a su contraparte hacer un fuerte trabajo de construcción de confianza, de persuasión. Exige todo el esfuerzo de un negociador para lograr que replanteen posiciones, cedan en algunas y acepten las nuestras. Ahí entré a ayudar de una manera humilde. El trabajo que venía haciendo el equipo liderado por Frank Pearl era y fue de un gran valor. No hice mucho más que prestar un servicio sencillo. Los grandes estimuladores de esto fueron el presidente Santos y la comisión de negociación que empezó los diálogos.

¿Cuál fue el momento más difícil en el período en que estuvo como negociador?

Hubo un episodio en el que nosotros dejamos una constancia en la mesa, que era relacionada con el secuestro, creo, y ellos optaron por levantarse de esta. Fue un momento crítico. Fue una ruptura que implicó un arduo trabajo para volver a sentarnos y para reconstruir la confianza. Y eso fue en cuestión de horas. Afortunadamente tuvieron la sensatez de volverse a sentar. Y también ha sido muy difícil que en esta negociación ha habido rupturas que nos han conducido a volver a empezar los procesos de acercamiento. Eso es doloroso y muy complicado.

La agenda tiene seis puntos, ¿cuál cree que es el más difícil de la negociación?

Los tres primeros van a ser complejos en su desarrollo. Porque éstos determinan una especie de procedimiento, mediante el cual se va a desarrollar la participación de la sociedad civil en el proceso de paz. Esto implica tres tareas por lo menos: estructurar la metodología para que el mecanismo de participación sea útil, asegurar que en el proceso la sociedad sienta que está representada en quienes participen y acotar la temática para que de allí surjan propuestas solidas. Eso va a requerir un arduo trabajo. Construir esa metodología requerirá un gran esfuerzo de creatividad en las dos partes. Lograr que la sociedad participe organizadamente será objeto de mucho trabajo.

Pero el resto de puntos son los de justicia, dejación de armas, cese bilateral… eso es muy difícil.

Sí, pero esos temas ya tienen una experiencia avanzada con la mesa de diálogos de La Habana. Y esa lección será importante a la hora de la implementación. Nadie pensará que habrá dos sistemas de justicia; ni que habrá diferencia en el tratamiento a las víctimas, ni mecanismos diferentes de participación política. En cambio los otros tres puntos van a necesitar mucha discusión, y gastarán un esfuerzo largo.

Al presidente Santos le quedan menos de dos años de gobierno, ¿cree que este proceso va a resolverse en lo que le queda en la Casa de Nariño?

No me atrevo a hacer cálculos de tiempo. Pero sí le puedo decir que esta es una oportunidad política e histórica única. Y conociendo la vocación de entendimiento del presidente, su disposición al diálogo y su decisión de entregarle al país el fin del conflicto armado, pienso que lo lógico sería alcanzar un acuerdo final antes de que termine. De manera que el próximo presidente reciba un país listo para reconciliarse.

Paradójicamente pareciera que quienes más ganaron con la derrota del plebiscito fue el Eln, pues esta situación le dio un nuevo aire…

Si uno analiza los efectos del plebiscito las conclusiones son positivas. Primera, es que el resultado tocó a los que votaron Sí, a los que votaron No y a los que no votaron. Y los tocó en el sentido de que la gente se unió sobre lo necesaria que es la paz para Colombia. Eso fue positivo. Segunda, desde ese domingo todo lo que ha pasado ha sido en función de conseguir la paz. Los políticos, la gente, los empresarios, etc. La gente hizo un tránsito para recuperar el valor de la vida, el reconocimiento del otro y el poder de la reconciliación. El efecto inmediato tras el plebiscito tuvo una profunda incidencia en la negociación para abrir la mesa. Y ha despertado un movimiento social muy importante. Y el tercer efecto es que ha obligado a los grandes dirigentes políticos a asumir una responsabilidad superior: la de conducir el país a la paz. Ese ha sido el mandato de la gente. Eso rompió la polarización entre los electores de uno y otro bando, y le puso una prueba muy grande a sus líderes.

El Eln siempre insistió en que al proceso de paz le hacía falta pueblo. ¿Cree que el plebiscito les dio la razón y esta es una oportunidad para lograr un proyecto de reconciliación nacional?

La derrota del plebiscito fue un pellizco para la sociedad. Y nos dimos cuenta de que la gente tiene la decisión irreversible de no transitar más caminos hacia la confrontación armada. Los dirigentes tienen que responder al mandato del pueblo. Pero no creo en la tesis de que al proceso con las Farc le hizo falta pueblo. Hubo foros, se recibieron propuestas, se hicieron audiencias. Tuvo una metodología efectiva para que la sociedad participara en los temas de la agenda. El Eln tiene la convicción de que la gente no debe participar en temas predefinidos, sino que ellos mismos definirán los específicos de la agenda. Vamos a ver cómo se desarrolla.

Usted conoce muy bien al Eln, sabe que el tema minero-energético es central en sus exigencias, pero no fue incluido en la agenda. ¿Cree que en esos tres puntos de participación de la sociedad va a surgir la preocupación de la gente por la explotación petrolera y minera?

La característica de esta agenda es que no tienen definidos los temas que van a ser objeto de debate y negociación. Ya que empieza con el trabajo de definir de la forma como la sociedad va a participar de una manera activa en los debates fuertes del país, y estoy seguro de que dada la tradición del Eln los temas van a orientarse a temas como el minero-energético, el agua, la protección del medioambiente, el de la reivindicación de la protesta social y la validación de las comunidades y los líderes en las decisiones que afectan sus territorios. Eso seguro que va a salir, pero la agenda no tiene una palabra que los mencione.

La agenda también habla de la sincronía con la mesa de La Habana. ¿Cree que eso puede empezar por la integración del Eln al cese bilateral del fuego, al desminado, a la entrega de menores de edad?

La agenda tiene un componente de sincronía con la mesa de La Habana. Creo que el Eln tiene disposición para llegar más temprano que tarde a un cese de fuego y de hostilidades bilateral y definitivo. Además, porque lo que se acordó para la instalación de la mesa incluye que al tiempo que se va a discutir el punto uno, de participación de la sociedad, se va a trabajar el subpunto denominado “Dinámicas y acciones humanitarias”. Ese trabajo abre la puerta para discutir sobre la humanización del conflicto hacia ese cese al fuego bilateral y definitivo, incluido el cese de hostilidades. Y una acción humanitaria importante sería empezar por tomar decisiones, por ejemplo en no más minas, entregar a los niños que están en sus filas, erradicar el secuestro, romper con la minería criminal. La mesa está servida para que el cese bilateral y definitivo del fuego y las hostilidades sea una posibilidad cierta.

Usted conoce muy bien al Eln. ¿Cree que hay voluntad de paz?

Estoy absolutamente convencido de que estamos ante la oportunidad de alcanzar una paz completa. El Eln es una organización seria en lo político y consistente; decisiones como las que han tomado son producto de debates y evaluaciones seguras. Siento que están comprometidos, más que nunca, a hacer el tránsito hacia la política sin armas. En la última reunión fueron enfáticos en que el objetivo es excluir la violencia de la vida política.

Todo apunta a que tarde o temprano llegaremos a una constituyente para cerrar el conflicto armado...

Sinceramente pienso que no. La Constitución colombiana es amplia y generosa en los derechos, deberes y los pilares de una sociedad. Lo que se necesita para cerrar el conflicto armado es voluntad política de los dirigentes del país. Creo más en el respeto y el desarrollo adecuado de la Constitución de 1991, que fue llamada la Constitución de la paz.

¿Cree que el expresidente Álvaro Uribe tiene disposición para que el acuerdo final con las Farc se empiece a implementar lo más pronto posible?

No me atrevo a interpretar al doctor Álvaro Uribe, pero sí a decir que no puede ser inferior a la responsabilidad que sus seguidores le han otorgado. Y esa responsabilidad es que los colombianos quieren la paz y la reconciliación. Si Uribe no atiende ese sentimiento va a quedar más solo que acompañado.

¿Cuándo liberan a Odín Sánchez?

Ojalá cuando esta entrevista sea publicada ya esté en el seno de su hogar.