El relato de quien consiguió que las Farc aceptaran pedir perdón por bombazo en El Nogal

Cuando ayer se conmemoró el Día de las Víctimas, Bertha Lucía Fries cuenta qué pasó durante los tres años en que se contactó con las Farc para que decidieran aceptar la responsabilidad y decir la verdad de lo que ocurrió en el atentado al Club El Nogal el 7 de febrero del 2003. El acto podría realizarse en septiembre y se espera que el papa Francisco lo presida.

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Bertha Lucía Fries, sobreviviente del atentado al club El Nogal en 2008, junto a Iván Márquez, jefe de la delegación de paz de las Farc en La Habana (Cuba).

Han pasado 14 años desde que explotó un carrobomba en el Club El Nogal, que dejó 36 muertos y 156 heridos. Ese viernes, Bertha Lucía Fries, una de las socias y fundadoras del exclusivo club capitalino, quedó bajo los escombros del cuarto de máquinas. Con varias fracturas en las vértebras y el diagnóstico de una cuadriplejia, logró salir del edificio en ruinas. “No sentí el ruido. Vi una luna maravillosa; dicen que es el túnel de la muerte. Fue una sensación tan plácida, que desde entonces no le tengo miedo a la muerte. La vida me devolvió y me encontré atrapada por una pared y pidiendo auxilio”, narra la politóloga y administradora que impulsó el acuerdo de las Farc con las víctimas del atentado para realizar un acto de responsabilidad temprana y su compromiso para contar la verdad de lo ocurrido esa imborrable noche del 7 de febrero de 2003 en Bogotá.

Tras recibir el diagnóstico médico y con las secuelas de ser víctima de un atentado terrorista perpetrado por esa guerrilla, se fue a Estados Unidos para recibir atención médica y psicológica. Pasó nueve años recuperándose físicamente. Sólo podía mover tres dedos, la rondaban las imágenes de aquella noche, sentía rabia por lo que le había ocurrido. Cuando logró reponerse, volvió a Colombia para reanudar su vida y desde entonces tenía una certeza: era una víctima de la guerra y necesitaba sanar sus heridas. Quería saber por qué le había pasado eso, quería perdonar, y ver a sus victimarios asumir la responsabilidad que años atrás habían despachado con el señalamiento de que en ese club social el paramilitarismo se reunía con sus amigos políticos.

“Tuve que aprender a mover todo el cuerpo, cada músculo, con fisioterapias diarias por más de ocho años. Cuando volví a Colombia, en 2011, comencé a trabajar con las víctimas de El Nogal. A escuchar el odio, sus dolores, sus historias y la rabia que tienen contra las Farc y contra el mismo club. Y es que allá nunca nos dejaron reunirnos, razón por la cual yo abrí mi casa para los encuentros. Empezó un proceso sin mayores ayudas. En ese entonces no se sabía nada del proceso de paz. Recuerdo que en 2013  las víctimas marchamos en una maratón que organizó el club. En ese camino empecé a trabajar con desmovilizados de las Farc. Yo quería conocer su forma de pensar, entender todo. Ahí es que hago clic. Me decían que si tuvieran una víctima al frente le pedirían perdón y quisieran que escuchara las razones por las que ingresaron a la guerrilla. Ahí entendí que lo que necesitaba era perdonar”, agrega Fries.

Sus estudios en ciencia política y en administración en desarrollo educativo e innovación le permitieron analizar y formular una metodología fundada en valores con víctimas del conflicto. La denominó “reconciliación con valores” y empezó a discutirla con sus compañeros de infortunio. En ese contexto, el proceso de paz con la guerrilla avanzaba sobre la Agenda de Diálogos. Entonces conoció del Foro de Víctimas que organizaban la Universidad Nacional y Naciones Unidas. Participó de las jornadas y fue allí donde por primera vez envió un mensaje a La Habana. En las urnas de propuestas incluyó un documento en el que les pedía reconocer su responsabilidad en el atentado, contar la verdad de lo ocurrido y reparar a quienes fueron víctimas. Pero en esa nota había algo particular: Bertha Lucía no sólo quería que las Farc asumieran su responsabilidad y pidieran perdón, sino además quería que el Estado explicara por qué no hizo nada por evitar el ataque, si casi un mes antes conocían información de que el atentado iba a ocurrir, así como también quiso entender por qué el club obstaculizaba la visibilidad de las víctimas.

“Ahí empecé a entender el proceso de paz. Pero la propuesta no les llegó a las Farc. Lo sé porque posteriormente fue una delegación de líderes religiosos y en esa ocasión la volví a enviar y también se la hice llegara los negociadores del Gobierno. A estos últimos nunca les cayó bien la petición, porque exigía al Estado que explicara lo que no ha sido capaz sobre el atentado. Esa exigencia a las Farc y al Gobierno hizo que no me llevarán en las delegaciones de víctimas que viajaron a La Habana. Es más, con todo esto me convertí en un problema para algunos, pues se ha intentado ocultar una de las hipótesis de investigación del atentado: la constante presencia de miembros del Gobierno, familiares del expresidente Uribe, él mismo, la falta de seguridad para la segunda Casa de Nariño que le han debido ofrecer, tanto el Estado como el club”, dice.
Y es que el contexto de lo que vivía el país no se puede obviar cuando se reconstruye el evento. Habían pasado poco más de siete meses desde que Álvaro Uribe se había posesionado en la Presidencia, bajo la consigna de acabar con las Farc. La guerrilla había respondido con rockets en la posesión del nuevo jefe de Estado y atentados con bombas por todos los rincones de Colombia. Además, en la trasescena política ya se tejía el proceso de paz con los paramilitares y El Nogal había sido señalado de ser el punto de encuentro de los primeros acercamientos. En parte, por esta realidad que vivía el país, muchas de las víctimas creen que los procesos judiciales han quedado en los anaqueles.

“En un momento pedí ayuda para realizar un encuentro para registrar a las víctimas, pues tan solo hay 23. Buscamos una a una a todas. Hemos querido impulsar acciones como la de colocar la placa donada por la Unidad para las Víctimas con los nombres de todos —así como se hizo con el Holocausto judío— y aun no se ha logrado. Súmele a eso que los empleados del club sentían miedo de meterse en el tema porque creen que podían ser reprendidos por exigir sus derechos. En términos generales, siento que hay quienes han tratado por todos los medios de que esto quede sepultado. Ha sido una constante esconder a las víctimas de El Nogal. Siempre me he preguntado por qué no quieren que se sepa la verdad. Pero yo desde chiquita soy insistente con lo que busco. Y eso nos ha traído hasta aquí”, señala.

La respuesta que trajo de La Habana la delegación religiosa que le llevó el mensaje fue positivo. Entonces Fries vio una ventana abierta para que sus reclamos fueran escuchados. Al tiempo, el proceso de paz se perfiló en sus recta final y apostó a fondo por la refrendación del Acuerdo en la votación del 2 de octubre del año pasado. Y casualmente su pérdida, que tanto le dolió, fue lo que le permitió establecer el diálogo directo con los comandantes de las Farc, que los llevó a prometer, firma en documento que asumirían su responsabilidad y contarían la verdad. En una ceremonia, que no será en El Nogal porque algunos socios se oponen, pero que espera presida el propio papa Francisco en su gira de septiembre próximo por Colombia. Y fue en esa coyuntura de la renegociación del Acuerdo que viajó, en noviembre de 2016, a La Habana y se reunió por primera vez con los miembros del Secretariado.

“Vi la oportunidad de decirles a las Farc que asumieran su responsabilidad, que pidieran perdón y que hicieran un ejercicio de reconciliación con valores. Llegué un lunes en la noche y a pesar de la escasez de tiempo que tenían con la renegociación, me atendieron al siguiente día. Hablé con Pastor Alape, con Timochenko, con Granda y Victoria . Al tercer día hablé con Iván Márquez por largo rato y acordamos los principios que rigieron el acuerdo que se firmó. Y quedó abierto un canal para trabajar el documento. Lo trabajamos, noviembre, diciembre, enero, febrero y marzo. Por teléfono, correo y hasta reuniones con Enrique Santiago, abogado de las Farc, y Carlos Antonio Lozada en Bogotá”.

Finalmente, la semana pasada Bertha Lucía Fries y el jefe guerrillero Carlos Antonio Lozada firmaron un documento en el que la guerrilla se compromete a pedir perdón públicamente y contar la verdad con un sector de las víctimas de El Nogal, no con todas, pues hay quienes creen que se trata de un show para limpiarles la imagen a las Farc.  “Ahora falta que se concrete el evento, que no va ser en el club, y que ojalá cuente con la presencia del papa, pues por tratarse de uno de los actos más grandes de violencia política urbana en el país, sería el mejor escenario de reconciliación”, concluye Bertha.
 

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