El futuro del partido político

El proceso de democratización de las Farc

Dejar atrás la disciplina militar y adoptar la democracia es la prueba de fuego que están enfrentando los jefes de la exguerrilla. Las decisiones del congreso determinarán el futuro de la organización. El duro camino de la política.

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Los principales líderes de las Farc en el congreso realizado la semana pasada en Bogotá. / Cristian Garavito - El Espectador

Los sucesos de las últimas semanas parecen demostrar que para las Farc lo más difícil no era el desarme. Los fusiles y demás armamento ya se están destruyendo, bajo la supervisión de la ONU, y el plazo para la destrucción de las caletas se extendió 15 días más. Ese parece —no sin problemas y algunas dudas— un asunto saldado.

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Ahora la militancia y la cúpula de la nueva Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común está viviendo —y sufriendo— con los gajes de la democracia. El ejercicio de la semana pasada de deliberar y someter a votación la orientación política y las normas que los regirán como partido político ha resultado, además de novedoso, extenuante.

Antes, durante la confrontación, la organización se regía por la disciplina militar. Incluso la formación de sus estructuras políticas clandestinas, el PC3 y el Movimiento Bolivariano, obedecieron a estas normas. El Estado Mayor Central y el Secretariado tomaban decisiones consensuadas, a pesar de las dificultades de comunicación que imponía la guerra, pero eran discusiones entre máximo 31 personas. Luego las órdenes se impartían a los bloques y frentes y se debían cumplir a rajatabla.

Mientras vivió Manuel Marulanda Vélez fue innegable su posición como jefe máximo. Sus decisiones eran acatadas casi sin discusión. Pero su muerte dejó a la organización en una especie de orfandad. Aunque estaban previstas —y así se cumplieron— las acciones para elegir a sus sucesores, el cambio de liderazgo, primero con Alfonso Cano y luego con Timoleón Jiménez, la cohesión empezó a debilitarse.

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Y no se trataba de una división que falsamente quiso hacer ver el Estado entre un ala militar y una política. El debate estaba en otros planos, en cómo entrar al proceso de paz, en las líneas rojas que debían imponerse en la negociación, entre otros. Con la firma del Acuerdo Final, esos temas están superados, aunque se hayan ahondado las diferencias ya existentes o creado otras.

La discusión ahora está en el futuro de la organización. Y es aquí donde empieza a sentirse el cambio. Si ya no prevalece la disciplina militar, sino que las decisiones se abren a una discusión amplia a la base, ya no sólo de quienes hicieron directamente la guerra con fusil al hombro, sino con los militantes de las estructuras políticas clandestinas y una base social que estuvo apoyándolos, las cosas son a otro precio.

Eso fue lo que sucedió en el Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada la semana pasada, con la presencia de cerca de 1.200 delegados de todo el país. Las tendencias, como las hay en cualquier grupo político, se batieron en franca lid. Se habló de dos grandes líneas, una más inclinada a mantener el marxismo leninismo —y por lo tanto el nombre bajo el acrónimo Farc— y otra más inclinada a crear un movimiento político más amplio, con un cambio de discurso más hacia el socialismo y una imagen renovada, lo que suponía un cambio de nombre. La primera tendencia estaría liderada por Iván Márquez, Jesús Santrich y Mauricio Jaramillo, y la segunda por Timoleón Jiménez, Pablo Catatumbo, Carlos Antonio Lozada y Pastor Alape.

Al final del congreso, parece que no hay un amplio ganador. Por un lado, se mantuvo el acrónimo Farc para el nombre del partido —triunfo para el grupo de Márquez—, pero por otro, abandonaron expresamente el marxismo leninismo —punto para Timochenko y compañía—.

Otra forma de analizar los resultados es la composición de la dirección colegiada de 111 personas. Allí, la tendencia de Timochenko reclama tener la mayoría. Pero a la hora de los votos limpios, Márquez se lleva otro punto, pues según un documento que obtuvo Colombia 2020 y que fue divulgado ayer, obtuvo 888 votos, frente a 820 de Jiménez.

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Sin embargo, ese resultado en votos no significa que esa sea la posición jerárquica que terminen adoptando los que hasta el viernes fueron los máximos jefes de la organización. Es decir, el jefe del partido no necesariamente debe ser Iván Márquez, ni significa que Timochenko haya perdido su posición como jefe natural.

Lo que sí genera esta votación es una discusión más amplia, porque revela otro tipo de tendencias y la emergencia de nuevos liderazgos. Habría que preguntarse qué significa que entre los primeros 30 lugares de votación hayan entrado mujeres que, como Sandra Ramírez, Victoria Sandino, Camila Cienfuegos, Érika Montero y Liliana Castellanos, no estaban en los altos niveles de decisión (a excepción de Érika, que entró al EMC hace dos años).

También se destaca que antiguos comandantes con una importante historia militar hayan obtenido votaciones por encima de 740 sufragios, como Miguel Pascuas, Romaña, el Paisa, Pacho Chino, Walter Mendoza, Solís Almeida, Rubín Morro y Benkos Biohó.

Y una pregunta similar puede hacerse sobre la entrada de una decena de civiles que provienen de organizaciones sociales, sindicatos y del movimiento Marcha Patriótica.

El camino recorrido por la organización en este último año ha sido intenso e interesante. Empezó con la realización de la Décima Conferencia en los Llanos del Yarí, donde, además de refrendar el Acuerdo Final, se inició este proceso de democratización con la ampliación del Estado Mayor Central y las discusiones sobre las reglas de juego para la realización del congreso constitutivo de la semana pasada.

En menos de un año, la organización ha conseguido tener una dirección colegiada, un nombre, una imagen y una plataforma política para el partido, que se construyó consultando a las bases y con la participación de todas las tendencias. Una oportunidad democrática que, por ejemplo, no tuvo el M-19, porque esa guerrilla dejó las armas el 9 de marzo de 1990 y dos días después se realizaron las elecciones a Congreso. Y llenaron la Plaza de Bolívar el viernes pasado, en un acto de lanzamiento sin precedentes para un partido político proveniente de un grupo guerrillero.

Ahora, esa dirección colegiada tiene pendientes dos discusiones muy importantes que marcarán el futuro de la organización: la designación del jefe del partido y los nombres de los 10 candidatos a Cámara de Representantes y Senado. No será una discusión fácil, pero esos son los gajes de la democracia.