DURANTE EL CONGRESO CONSTITUTIVO DE SU NUEVO MOVIMIENTO

El destape del partido clandestino de las Farc

Buena parte de los delegados del congreso que debate los pilares del nuevo partido de las Farc proviene del Partido Comunista Clandestino Colombiano, más conocido como PC3. Esta estructura se creó en 1993 y su plataforma sólo se conoció durante los diálogos del Caguán en 2000. Así operó.

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Desde la décima y última conferencia de las Farc como guerrilla, las banderas del PC3 aparecieron en público.
/ EFE

En estos días, cuando se realiza el primer congreso del partido político de la antigua guerrilla de las Farc, aparecieron en el Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada, de Bogotá, aquellos militantes que nunca pudieron reconocer su pertenencia al Partido Comunista Clandestino Colombiano (PC3). Esas eran las reglas de la guerra. Ser clandestino implicaba, si acaso, conocer a dos compañeros más de su grupo.

El PC3 no nació con las Farc. Después de la fatídica experiencia de la Unión Patriótica (el primer partido de esa guerrilla producto del acuerdo de la Uribe casi exterminado por los paramilitares), la insurgencia decidió “construir una organización política clandestina como herramienta necesaria para alcanzar los objetivos que nos hemos trazado”, dicen los documentos de la octava conferencia nacional guerrillera que finalizó el 3 de abril de 1993. Su fin era tomarse el poder por las armas y proteger a sus verdaderos militantes sin rostro.

Con esta estrategia se empezaron a juntar dos mundos. Lo rural y lo urbano. El campesino, el estudiante, el obrero y el profesor. Todos confluyeron en lo que desde ese momento se llamó el PC3, completamente desligado del Partido Comunista Colombiano, que decidió esquivar la lucha armada. Ahí entraron en contradicciones, hoy subsanadas, con la guerrilla.

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Tras la conferencia de 1993, el Secretariado del Estado Mayor Central tomó las riendas de lo político-militar e inició una correría internacional para mostrar la imagen de las Farc como una organización armada y política con una propuesta de país para llevar a las urnas. En esos años, en México, instalaron oficina y el abatido jefe guerrillero, Raúl Reyes, sería su líder.

Con el nacimiento del PC3 las Farc expandieron su accionar a las ciudades y empezó la carrera por consolidar lo que llamaron el “Nuevo Gobierno de Reconciliación y Reconstrucción Nacional”, cuya plataforma contiene diez puntos, entre los que se destacan dos: que el 10 % del presupuesto nacional se destine para la investigación científica y que haya una renegociación de la deuda externa, buscando un plazo de 10 años muertos, en el pago de los servicios.

Con esa plataforma política se fueron por calles y universidades del país. La confrontación urbana empezó a tomar fuerza, las instituciones del Estado fueron infiltradas y el PC3 creció en número de integrantes, cuya cifra sólo conoce el Secretariado.

El pasado domingo, durante la instalación del primer congreso político de la exguerrilla (desaparecieron las conferencias), los asistentes y los presentadores del evento arengaron vivas para el PC3. Estaban varios de sus integrantes, uno que otro sorprendido porque encontraron a quienes creían muertos.

Es que sobrevivir en la clandestinidad es un triunfo, decían algunos asistentes. “El enemigo se confundía al atacar, porque la guerrilla siempre estuvo dentro de la población. Ahí nos diluíamos, eran los que nos apoyaban”.

La etapa del PC3, previo al fallido proceso del Caguán, fue trágica. Entre el 6 y 7 de septiembre de 1996, en la vía que conduce de Mosquera a Soacha, asesinaron a seis de los siete líderes de la estructura urbana de Bogotá, conocida como frente Antonio Nariño. La semana pasada fueron condenados seis exmiembros de la Policía por los hechos de secuestro y asesinato de estos estudiantes de la Universidad Distrital, en la masacre conocida como Mondoñedo.

Al desaparecido estudiante de la Universidad Nacional, luego comandante de las Farc, Alfonso Cano, le encomendarían la tarea de liderar el PC3. Entonces, en abril de 2000, en pleno proceso de paz del Caguán, Cano se reunió con más de 60 personas entre periodistas, sindicalistas, médicos, líderes políticos y educadores de todo el país.

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Una vez conformado el partido clandestino, no sólo hubo instrucción política, de inteligencia y comunicaciones (basados en la teoría del partido clandestino de Vietnam; la del Clima Subterráneo y la de partidos comunistas de Europa), sino que también algunos de sus líderes recibieron instrucción en manejo de armas cortas. Los miembros del PC3 se convertirían en aliados de los frentes guerrilleros que para la época de 2002 eran más de 60.

Durante la ejecución del Plan Colombia muchos de estos militantes clandestinos terminaron en las selvas o cordilleras, otros fueron capturados y otros sobrevivieron haciendo proselitismo político desde el anonimato.

En marzo de 2013 apareció la primera página de Facebook que dice ser del PC3. En ella no sólo se publicaron noticias del partido y del naciente proceso de paz con el gobierno de Juan Manuel Santos, sino además instruyeron a quienes quisieran ingresar al partido: “Se necesita la recomendación de personas plenamente identificadas con el proyecto bolivariano”.

Ya en las sillas, dentro del Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada, sin armas, el pulso político lo están librando los civiles que integraron el PC3 y los de la exguerrilla. Los dos mundos que se encontraron en la guerra y se acoplaron a la disciplina militar y política de una guerrilla que hoy discute las bases del nuevo partido que dejará de ser clandestino y pasará a la legalidad.

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El PC3, según inteligencia militar

Los organismos de inteligencia del Estado nunca supieron cuántos militantes tuvo el PC3, pero hoy calculan que entre guerrilleros, milicianos y civiles pueden ser 15.000 hombres y mujeres que están dando el paso a la militancia legal.

Tras las operaciones militares, se supo que diariamente se reunían comisiones del PC3 en los campamentos guerrilleros y dejaban actas de sus discusiones. Eran muy disciplinados, pues las sesiones se hicieron sin falta, incluso en situaciones de combate.

Según inteligencia militar, el PC3 tuvo gran influencia en universidades de los departamentos de Caquetá, Meta y Putumayo, así como en organizaciones sociales de Guaviare.

“Cada integrante de las Farc era un militante del partido. Su carácter clandestino ayudaba a preservar las bases y se aislaba del modelo clásico del Partido Comunista”, dijo un oficial que le siguió la huella a este movimiento. El nivel de compartimentación llegó a tal punto, que fuera de la guerrilla los integrantes del PC3 no se conocían entre sí.