La estrategia política de las Farc será replanteada

Del Movimiento Bolivariano al nuevo partido sin armas

Este sábado, en los Llanos del Yarí, al sur del país, se instaló la X Conferencia de la guerrilla fariana, la más importante de su historia, porque es la que concreta su tránsito a un movimiento político legal y el fin del conflicto de medio siglo con el Estado colombiano.

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Timochenko instaló la X Conferencia a las 7 a. m., calificándola de histórica pues servirá para ratificar que las Farc “no ganaron la guerra sino la paz”.
Óscar Pérez.

“Con Bolívar, con Manuel, con el pueblo al poder”, fue la arenga que retumbó aquel 29 de abril del año 2000 en una explanada a pocos kilómetros del casco urbano de San Vicente del Caguán. Con sus fusiles en alto, vestidos con impecable camuflado, cerca de 1.500 hombres y mujeres de las Farc avivaron el nacimiento del Movimiento Bolivariano, encabezados por la máxima dirigencia de esta guerrilla: siete miembros del Secretariado y veintiún miembros del Estado Mayor Central. Era la primera vez que toda la comandancia se reunía con tranquilidad desde el nacimiento de esta insurgencia. En ese momento tenían a su disposición 42.000 kilómetros cuadrados, en cinco municipios de dos departamentos, Meta y Caquetá, por cuenta de la decisión del entonces presidente Andrés Pastrana de despejar estos territorios para llevar a cabo las negociaciones de paz.

Ataviado con una camiseta negra que tenía estampado el rostro de Simón Bolívar, Alfonso Cano fungió como director del nuevo Movimiento Bolivariano. “La guerra existe por responsabilidad de la oligarquía, no la inventó nadie ni fue trasplantada de otras naciones. Las Farc se forjaron al calor de la lucha en la búsqueda del poder”", dijo sobre una tarima en tono de político en campaña. Abajo, guerrilleros y población civil que llegaron en buses de los pueblos cercanos aplaudían y batían banderitas blancas con escudos de las Farc.

Manuel Marulanda, el máximo líder de esa guerrilla, quien por primera vez en su vida pronunciaba un discurso público, explicó que el movimiento debía ser clandestino para impedir que se repitiera la historia del exterminio de la Unión Patriótica, y bajo una salva de aplausos, anunció que las Farc aspiraban al poder. De hecho, no descartó que sus cuadros pudiesen llegar a la Presidencia de la República.

El lanzamiento de este movimiento político clandestino, fundado por una guerrilla empoderada, sorprendió al país. Unas semanas antes, el Mono Jojoy, con la soberbia que lo caracterizaba, había lanzado una amenaza sobre los empresarios colombianos: todo aquel que tuviera un patrimonio mayor a mil millones de pesos, debía “pagarles un tributo a las Farc”, so pena de ser “retenido”. Semejante anuncio, al que osó llamar la Ley 002, era una gota más que rebosaba la copa de la opinión pública, que ya no creía en el proceso de paz.

Mientras las Farc amenazaban a los colombianos, convocaban también al grupo de países amigos del proceso de paz (veinticinco embajadores) a una audiencia pública internacional sobre cultivos ilícitos en Los Pozos, en la que presentaron su propuesta de sustitución con la idea de un proyecto piloto en Cartagena del Chairá. Fueron momentos de turbulencia para el proceso, porque días antes de este evento las Farc fueron acusadas (sin pruebas) de ocasionar la muerte de doña Elvia Cortés con un artefacto explosivo llamado collar bomba. En el sur de Bolívar, entre tanto, el Eln seguía luchando infructuosamente para concretar la Convención Nacional, su propuesta de diálogo con el gobierno, y en varios lugares del país se consolidaba de manera silenciosa pero sangrienta la expansión paramilitar.

Hoy, dieciséis años después, no hay duda de que el país es otro y que las Farc no son las mismas. Tuvo que fracasar estrepitosamente ese proceso de paz, sobrevenir ocho años de seguridad democrática y consolidarse este nuevo proceso de paz en Cuba, para ver el cambio en el discurso de esta guerrilla en tránsito a la legalidad.

En el año 2000, las Farc estaban en su momento de esplendor, habían logrado presionar al Estado a negociar en las condiciones que querían, habían llegado a las goteras de Bogotá y habían logrado tener 25.000 hombres y mujeres en armas. Su discurso era de toma del poder combinando las armas y la política.

Las propuestas del Movimiento Bolivariano, expuestas por Cano ese 29 de abril, pasaban por la revocatoria del mandato a todos los “politiqueros” para construir un nuevo Estado, por la idea de un Estado que defendiera la economía, que fuera activo en el manejo de la moneda, por condonar la deuda externa, no hacer pactos comerciales con el “imperio”, realizar una reforma agraria contra los latifundios y estimular el desarrollo autónomo de comunidades indígenas y negritudes.

La creación del Movimiento Bolivariano fue una acción emanada de la Octava Conferencia, celebrada en 1993, justamente en esta región del Caguán. Empezó a funcionar en 1996, según explicó el propio Cano, con la construcción de núcleos bolivarianos en colegios, universidades, fábricas y otros escenarios.

La estrategia política incluía la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente (aspiración a la que no han renunciado) y la creación de un gobierno de reconstrucción y reconciliación nacional. “Los acuerdos que se logren en la mesa de diálogo deben ser ratificados o desaprobados en una Constituyente”, diría Joaquín Gómez durante la liberación de más de 300 soldados y policías en La Macarena, un año después del lanzamiento del Movimiento Bolivariano.

La idea de las Farc, que alcanzó a llegar a la mesa de diálogo, era que no se realizaran elecciones presidenciales en 2002. Raúl Reyes lo planteó a El Espectador en su momento: “la creación de un gobierno conformado por cinco o diez miembros, en el que puedan participar los más variados sectores sociales, económicos y empresariales que tengan sensibilidad social”.

Según Reyes, la propuesta podría ser refrendada por voto popular o cualquier otro mecanismo y en el nuevo gobierno tendrían asiento las Farc. “Queremos gobernar”, sentenció en ese momento el segundo hombre al mando.

Aunque aún no se conocen ni la plataforma ni el ideario del nuevo partido político que surja de esta transición de las Farc, ya está claro que la ruta es otra. Ya culminó la negociación de una agenda más concreta e inofensiva que la que planteaban las Farc en el Caguán en 1998 y ahora la guerrilla se dedica, desde ayer y hasta la próxima semana, a debatir su futuro político.

Una vez dejen las armas (paso no contemplado hace 16 años), las Farc podrán inscribir su partido político, recibir financiación estatal, tener espacios en los medios de comunicación, es decir, hacer política de manera legal, disputándose en franca lid (con un pequeño empujón del estado) cinco curules en la Cámara de Representantes y cinco en el Senado. Una aspiración diferente a la de hace dieciséis años. Falta esperar las conclusiones de la X Conferencia guerrillera para saber qué tanto de las ideas y de la plataforma del Movimiento Bolivariano seguirán vigentes en el nuevo partido.

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