"En todos los procesos de paz existen los saboteadores": Eduardo Pizarro

El sociólogo Eduardo Pizarro, habla de su más reciente libro ‘Cambiar el futuro’, una obra que aborda detalladamente los intentos de paz desde el año 78 hasta la actualidad.

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Eduardo Pizarro.
Archivo El Espectador

Eduardo Pizarro ha dedicado gran parte de su vida a la docencia universitaria. Se vinculó rápidamente al Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), en donde dirigió cientos de tesis sobre el conflicto social y armado que experimenta el país desde hace cinco décadas. También fungió como embajador en Holanda y relator de la Comisión de Histórica del Conflicto y sus Víctimas. En diálogo con El Espectador, habló de las características que tiene el proceso de negociación entre el Gobierno y el Eln. (Lea: “No siento nostalgia por dejar las armas”: “Timochenko”)

¿Cómo surgió el título de su libro?

El título del libro surge de una conversación que tuve con mi hermano Carlos, un día antes de su asesinato. Carlos me dijo, “ya no podemos cambiar el pasado, el sufrimiento que ha significado la violencia política en Colombia, pero firmando la paz, podemos cambiar el futuro”. La idea me quedó rondando en la cabeza. Las apuestas de paz en 1990, el Acuerdo de Paz con las Farc y pronto con el Eln, van cerrando el ciclo de la violencia política y espero que entre todos los colombianos podamos cambiar el futuro.

Su hermano el guerrero y usted el académico. ¿Para usted en qué momento comenzó a tomar fuerza la idea de la paz?

Fui enormemente crítico de la lucha armada, sobre todo después de la experiencia trágica del Palacio de Justicia. Después de la muerte del comandante del M-19, Álvaro Fayad, mi hermano asume la dirección del Eme, y representó a la organización en la primera reunión de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar en La Habana (Cuba), en dicho encuentro habla de la paz, de un acuerdo de paz con el Gobierno, lo que sorprendió a los demás jefes guerrilleros. Carlos también me invitó a que me reúna en repetidas ocasiones con otra serie de personas para discutir el primer acuerdo de paz en América Latina. Los debates fueron muy intensos porque había sectores muy duros que creían que la paz no era posible.

¿Cómo vivió la muerde te su hermano?

El 26 de abril de 1990, cuando un médico me anuncia la muerte de mi hermano, en la clínica de la Policía, salí a la calle y se los conté a las personas que estaban allí. Muchos de los asistentes sacaron las armas y empezaron a disparar al aire. Algunos pensaron que se podría repetir algo como lo que sucedió en el 9 de abril de 1948, sin embargo, con mucha madurez Navarro y los demás miembros de la dirigencia del M-19, dijeron que la paz continuaba y el entierro de Carlos fue totalmente pacífico. No hubo un solo almacén destruido en el centro de Bogotá, a pesar de la multitudinaria asistencia.

¿Qué piensa de los actuales diálogos de paz con el Eln?

Los diálogos con el Eln tienen enormes complejidades, por tres razones fundamentales. Las Farc, como organización marxista-leninista fundada en el centralismo democrático, con un mando vertical, las decisiones que tomaba el secretariado de las Farc, eran obligatorias para toda la militancia. En el caso del Eln se trata de una federación de jefes políticos y militares regionales y la construcción de consensos es infinitamente más compleja. (Le puede interesar: "Terrorismo y paz")

¿Cuál es la segunda dificultad?

Las Farc aceptaron, en la fase exploratoria, una agenda limitada y pragmática de 6 puntos, que tenía un punto sustancial, el tema agrario y otros puntos que tenían mucho más que ver con el paso de las armas a la política. En cambio la agenda con el Eln es mucho más gaseosa porque no está definida, y se va a definir con la sociedad civil, que puede tocar todos los temas divinos y humanos.

¿Cuál es el problema de esa forma de negociación?

Existe el grave riesgo que sea una agenda indefinida, interminable y que prolongue indefinidamente unas negociaciones muy difíciles. Es decir, que las Farc al aceptar una agenda acotada, demostraba un enorme deseo de transitar rápidamente de las armas a la política.

Y la tercera problemática…

Hace referencia al contexto internacional. Me preocupa lo que sucede en Venezuela.  Si desgraciadamente hubiese una guerra civil, el Eln se vería muy involucrado porque el setenta por ciento se encuentra en la frontera, y tiene vínculos muy profundos con las Milicias Bolivarianas. En el último congreso de dicha organización, que se celebró el año pasado, plantearon que su futuro se puede definir en Venezuela y no en Quito. Esto está generando una dificultad para Colombia y para las actuales negociaciones porque obviamente la única frontera real de Venezuela es Colombia, la frontera con Brasil es selvática. Si hay un descalabro en Venezuela el país que se va ver afectado es Colombia.

Hablemos de los retos de negociar aportas de un nuevo gobierno…

En este plano el Eln tiene dos desafíos: el primero es que no se sabe cuál va ser el signo ideológico del próximo presidente, y corre el riesgo de que no sea tan favorable a una salida negociada como el gobierno actual. En segundo término, es que estamos en la era Trump y en un momento en América Latina en el cual el péndulo está cambiando. En el 2009 teníamos 12 gobiernos de izquierda de 19 gobiernos. América Latina se había pintado de rojo y está dando un paso hacia la derecha, lo que va a hacer que no el entorno internacional no sea tan favorable, además, si no negocia pronto, el Eln tendrá que afrontar toda la intensidad de la guerra contra las fuerzas del Estado, que ya no tendrán a las Farc en su mira.

Quienes hacen el tránsito de las armas a la política temen que pueda suceder lo mismo que le ocurrió a la UP. ¿Usted qué piensa?

Que se repita algo, de las magnitudes que tuvo lugar contra la Unión Patriótica  es muy poco probable porque actualmente los grupos paramilitares son fundamentalmente organizaciones descompuestas dedicadas al tráfico de drogas. Por otra parte, hay un gran compromiso de las Fuerzas Militares por respetar el proceso de paz. Debemos señalar que, en todos los procesos de paz, existen lo que se denomina ‘Spoiler’, saboteadores, que, por distintas razones ideológicas, o temores a los efectos judiciales por sus crímenes, consideran inconveniente el Acuerdo de Paz.

Por último, quisiera que habláramos del propósito pedagógico de su libro...

Quería escribir un libro de historia contemporánea que fuera útil para que los colombianos entenderían la importancia de lograr la paz, así como de las dificultades que se tuvieron para alcanzar un Acuerdo. El libro está pensado como instrumento para que entendamos porque el mundo recibe la noticia de la paz en Colombia con gran entusiasmo. Durante mi estadía en Holanda como embajador, pude comprender como si bien la humanidad tenía una gran fe en el siglo XXI, sorpresivamente el mundo se incendió. En ese contexto, es que Colombia lanza un mensaje de paz, y tuvo eco en todo el mundo como lo ha dejado ver el respaldo de la ONU y del Consejo de Seguridad de la ONU.

Por estos días se habla mucho del significado del Acuerdo de Paz alcanzado entre el Gobierno y las Farc en La Habana, Cuba. ¿Cuál es su opinión?

Los colombianos debemos rescatar el significado de lo alcanzado en La Habana, que se convirtió a su vez en un mensaje para un mundo que no lo esperaba, ni está preparado para toda la violencia que está viviendo. Los colombianos debemos estar orgullosos de lo que se logró en La Habana con las Farc.