“Ni una vida más para la guerra”

Víctimas, indígenas, afros, estudiantes y campesinos marcharon en Bogotá

Sigue la movilización ciudadana exigiendo a la clase política llegar a consensos que permitan iniciar la implementación de los acuerdos de paz entre el Gobierno y las Farc. También piden reconciliación entre la ruralidad y las grandes ciudades.

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El movimiento Mujeres por la Paz se hizo presente en la movilización exigiendo un acuerdo inmediato.
/ Mauricio Alvarado

Una transformación social fundamental para el momento histórico que vive el país comenzó a gestarse el pasado 2 de octubre, como consecuencia de la derrota del Sí en las urnas del plebiscito por la paz con que se buscaba refrendar el Acuerdo Final con las Farc. El inesperado resultado derivó en el despertar del movimiento ciudadano, en la unión de fuerzas sociales y en la creación de múltiples escenarios de debate para plantear la urgencia de llegar a consensos y así desempantanar el proceso y dar fin a más de 52 años de conflicto armado.

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Un clamor que tuvo su primera expresión popular en la multitudinaria movilización del pasado 6 de octubre en la Plaza de Bolívar con la denominada Marcha del Silencio y que se repitió ayer, en el mismo escenario, con la Marcha de las Flores. Esta vez, sin embargo, el eje central fueron las víctimas, los indígenas, comunidades afrodescendientes y campesinos que han vivido en carne propia la tragedia de la guerra.

 

A la cita de este miércoles –que comenzó con pequeñas concentraciones en la Universidad Nacional y el Centro de Memoria– acudieron por los menos 7.000 indígenas de diferentes etnias del país, haciendo un llamado a establecer conjuntamente rutas de construcción de paz y reconciliación. “Durante los recientes 40 años se registran 11.110 víctimas como resultado de 6.798 hechos victimizantes en nuestras comunidades, quienes ofrendaron sus vidas por defender la autonomía de sus pueblos. Hemos sido las principales víctimas de los diversos grupos armados, los cuales han perpetrados múltiples violaciones de los derechos humanos e infracciones al Derecho Internacional Humanitario”, aseguró el consejero mayor de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), Luis Fernando Arias.

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Para Alejandra Rojas, estudiante de la Maestría en Salud Pública de la Universidad Nacional e integrante de la Federación de Estudiantes Universitarios, la intención es rendir un homenaje a las víctimas, que han sido el eje central del proceso de paz. “Es necesario un escenario de encuentro a partir de reconocer que los territorios más afectados por el conflicto fueron los que apoyaron el proceso. Debe darse una dinámica de reconciliación entre la ruralidad y las grandes ciudades para romper la brecha y lograr diálogos mucho más amplios”.

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Un sentir que fue ratificado por esos miles de marchantes que se trasladaron a Bogotá desde diferentes regiones del país históricamente golpeadas por la guerra, para darle un nuevo impulso a la paz. “Venimos a decir que aquí estamos. Pedimos que se cumpla lo pactado en La Habana, sobre todo lo que tiene que ver con el tema del agro, que el Gobierno no dilate más, que nos garanticen la propiedad de la tierra, la cultura de nuestras tradiciones, de nuestra gente”, insistió Olger Pérez, integrante de la delegación de la Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat), que hizo presencia en la movilización.

En igual sentido se pronunció Andrés Gil, líder de la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra, quien sostuvo que la concentración reunió a las víctimas de los territorios que más padecen la guerra. “El propósito es pedir la solidaridad de quienes votaron Sí, de quienes votaron No y de aquellos que no estaban de acuerdo por desinformación o porque no conocían el Acuerdo. El mensaje es que no queremos la guerra nunca más. Los acuerdos deben mantenerse e implementarse para que por fin quienes trabajan la tierra tengan oportunidades”, enfatizó.

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Y ese, como lo señala Alejandra Rojas, es precisamente el mensaje de fondo que deja la movilización ciudadana: independientemente de cuál haya sido el veredicto de las urnas, los colombianos anhelan un país en paz. “Por eso con la marcha exigimos que se dé un pronto acuerdo partiendo de los principios y lo que se ha logrado en la mesa de diálogos de La Habana, también que se mantenga el cese el fuego y se tenga en cuenta la participación de los diferentes sectores sociales”.

La movilización de ayer fue el abrebocas de una serie de concentraciones y marchas que se realizarán durante los próximos cuatro días en más de diez ciudades del país y otras tantas del exterior con el mismo propósito: respaldar el proceso de paz y exigir un acuerdo inmediato. Además, es una muestra de cómo en las últimas dos semanas el movimiento social ha logrado organizarse alrededor de mandatos determinados.

Por ejemplo, la iniciativa Paz a la Calle, una de las que impulsaron el evento de ayer y acompañó la marcha del pasado 6 de octubre, ha logrado a través de asambleas y espacios de discusión abiertos establecer nueve principios que rigen las movilizaciones: reconocimiento de la legitimidad de la mesa de La Habana y del Acuerdo Final de Paz; la exigencia de que el Acuerdo se ponga en marcha; la no negociación de la verdad; que no se destine ni un peso más a la guerra; que el diálogo nacional no sea un pacto de élites; la disposición de acoger a los rebeldes en su tránsito a la vida civil; acompañar a las víctimas como centro del acuerdo de paz; apoyo a la mesa de diálogos con el Eln y, por último, “ni una vida más para esta guerra”.