Se habla de 10.000 hombres para realizar desminado

Tenemos en nuestro ADN los procesos de paz: comandante del Ejército

El general Alberto Mejía habló sobre cómo se protegerán las zonas de concentración de las Farc y cómo se están preparando para el posacuerdo.

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El general Alberto José Mejía fue nombrado comandante del Ejército en julio de 2016.
Andrés Torres

En las Fuerzas Militares se lo denomina cambio de escenario estratégico. Es decir, tienen claro que, una vez se firme la paz con las Farc, su perspectiva es otra, sin desatender otras amenazas, como el Eln, las bacrim o el narcotráfico. Esa es también la visión del comandante del Ejército, general Alberto Mejía, quien después de 35 años en la guerra lidera la concepción de una nueva doctrina, surgida de lo que califica como victoria.

En entrevista con El Espectador, el general Mejía habló de cómo se están preparando en la fuerza que comanda para proteger las 31 zonas en las que se concentrará la guerrilla de las Farc, de qué manera se destinarán 10.000 hombres para desminar territorios y cómo están estudiando la justicia transicional. Admitió que los falsos positivos le hicieron mucho daño al Ejército, pero aseguró que nunca más volverán a presentarse.

¿Cómo hizo el Ejército para entenderse con las Farc y construir conjuntamente un “dossier” para el posacuerdo?

Nuestra inteligencia, a la que muchas veces han tratado de pintar como una nube negra, ha estudiado y analizado las amenazas y retos que tiene el país. Desde hace muchos años hemos recopilado información de las Farc, luego de acceder a información de sus computadores y USB. Sumados, se trataría de 3.7 terabytes de documentos. Analizar este material en softwares que permiten establecer miles de variables y correlaciones bajo teorías de sistemas nos ha ayudado a comprender sus amenazas. No ha sido una receta uniforme para contrarrestarlas. Desde que nació el plan Espada de Honor ha sido una estrategia diferencial. Son distintas las amenazas en Arauca, Cauca o Putumayo. Cada región es diferente en términos de tiempo, tropa disponible y población civil. Uno de los aspectos que nos dejan 52 años de guerra es nuestra capacidad de inteligencia, que es de exportación. Además, no nos quedamos ahí, estamos en un proceso de transformación para elevar el nivel. Estamos en una revisión estratégica para que todas nuestras prácticas y protocolos de inteligencia sean de alta calidad

¿En qué sentido se va a utilizar esa inteligencia ahora, para proteger al enemigo que antes atacaban?

Las labores de inteligencia son una prioridad grande en las áreas donde tenemos la responsabilidad de garantizar la seguridad de las Farc, ahora que estarán concentradas, en tránsito de desarmarse y de pasar a la justicia transicional. Es la comprensión de las dinámicas de estas áreas, su entorno de seguridad y las amenazas, bien sea de las disidencias, del Eln, de las bacrim o de algún cartel de cualquier pelambre. Esas amenazas debemos entenderlas con anticipación y así cumplir con la función de protección. La inteligencia tiene la responsabilidad de proveer conocimiento de fuentes humanas, medios técnicos, contextos históricos e imágenes de las regiones en 31 batallones que cuidarán los sitios de concentración de las Farc. Tenemos listos los análisis de estos lugares y estamos en proceso de certificación de los comandantes de estos batallones. No vamos a dejar ningún tema al azar. La inteligencia militar será una antorcha de información.

¿Cuál es la estrategia para definir la seguridad que va a defender el Ejército en las zonas de concentración de las Farc?

La seguridad perimetral va a estar dada por unidades militares del tamaño mínimo de un batallón. El tamaño máximo será una brigada móvil. Dependerá de cada zona. Las unidades tendrán un centro de mando y control vecino al puesto de mando unificado, en el que además estarán las Naciones Unidas. Esta localización ya tiene imágenes satelitales, aerofotografías, mapas y graficación que nos permiten saber qué hay en cada trocha o quebrada. Este análisis busca revelar las avenidas de aproximación, los elementos de cubierta, protección y observación, o campos de tiro hacia el exterior, para evitar ser sorprendidos. Vamos a integrar tecnología de aviones no tripulados con capacidad del más alto nivel profesional.

¿Cómo van a escoger a los militares que van a cuidar a las Farc? ¿Qué protocolos tienen para evitar que otros grupos armados ilegales intervengan?

En la mayoría de regiones habrá tropas con experiencia con determinados frentes o bloques. Si las tropas en el Putumayo tienen recorrido en la guerra en ese departamento, sería irracional llevar tropas de La Guajira. Debe existir conocimiento y adaptación especial al entorno. Todos los escogidos están pasando por un filtro, un riguroso proceso de evaluación y selección. El departamento de psicología militar está haciendo exámenes con nuestro cuerpo de sanidad para establecer que las personas estén bien, que, por ejemplo, no tengan estrés postraumático o estén en tratamiento por leishmaniasis o paludismo. Cuando se sepa que están en perfectas condiciones, pasarán a la organización de las estructuras y cadenas de mando para evitar vulnerabilidad en el proceso de toma de decisiones. Son unidades que van a recibir nuevo equipamiento y van a tener un uniforme que no será el tradicional del Ejército. Serán identificados de manera especial por su obligación de estar en la cima moral de proteger a quienes van a estar en las zonas de concentración.

Pero no puede haber gente que haya sido víctima de las Farc…

Exactamente. Tampoco habrá ningún soldado, suboficial u oficial a quien en el análisis psicológico se le detecte algún tipo de debilidad o impedimento. Cualquier asunto que nos haga vulnerables. Ninguno que sea familiar de víctimas. Una vez evaluados y seleccionados, entrarán en un proceso de entrenamiento en 16 batallones de instrucción que hay en el país. Ahí serán certificados, no sólo en temas militares sino que se trabajará con la ONU y la Cruz Roja Internacional.

Durante 52 años, la doctrina militar en Colombia fue que las Farc eran el enemigo a vencer. ¿Cómo cambiará ese chip de enemigos a protegidos?

Ese chip ya ha venido cambiando. Hace 30 años, pensar en hacer la paz todos los días era imposible. Pero llevamos 15 años haciendo procesos de paz o desmovilizando guerrilleros todos los días. En el combate, todos los días hay guerrilleros tratando de matar los soldados, pero también hay guerrilleros que se rinden, que tiran sus fusiles al piso y levantan las manos. Ese guerrillero que cinco minutos antes quería matar soldados es recibido por ellos, se le ponen apósitos en sus heridas, se le da agua, lo cuidan nuestros enfermeros. El programa de desmovilización es una prueba de que no peleamos con odio ni con venganza. Somos un ejército con estatura moral para enfrentar adversidades. Hemos hecho procesos de paz con media docena de grupos. El Quintín Lame, el M-19, el Epl, por mencionar algunos. Tenemos en nuestro ADN los procesos de paz.

Pero es distinto cuando se van entregando de a uno a ahora, que serán como 7.000, con posibilidad de que hagan política

De acuerdo. Pero para nosotros es fácil ahora por una razón: porque estamos convencidos de la victoria. No hay duda de que las Farc llegaron a Cuba producto de nuestra acción militar. Entonces, al sentirnos victoriosos, es más fácil el proceso. En los libros de historia hemos aprendido que después de la victoria hay que ser magnánimos. La política es un tema fuera del alcance militar. Nuestras prioridades son que se concentren, que entreguen sus armas, que se desmovilicen y que hagan tránsito a la justicia transicional. Esas perlas son el sello de la victoria militar. El proceso de reintegración a la sociedad y la propia justicia transicional corresponden a otros. Entretanto, como centinelas de la Nación, seguiremos haciendo esfuerzos frente a los retos que persistan en el posacuerdo y amenacen nuestra democracia.

¿Qué mensaje envía a los militares retirados o los sectores de reservas o afines que todavía no creen en el proceso de paz?

Justo esta semana se celebró el Día de las Reservas en la Policía y el Ejército, y es el momento de enviarles un mensaje de confianza, de fe en el proceso que estamos llevando a cabo. Nada de lo que ha sucedido en Cuba se ha hecho a espaldas de los militares. El presidente Santos nos invitó a hacer parte de la mesa de negociaciones: un hecho histórico. Al estar enterados del día a día del proceso, de cada letra de sus acuerdos, nuestro mensaje es de tranquilidad. Por supuesto que nadie puede predecir qué va a pasar en ocho o en 20 años, y recibimos consejos y críticas respetuosas, pero es importante creer en las nuevas generaciones. Nos educaron y prepararon bien. Tenemos un legado que heredamos de ellos. No pueden desconfiar de quienes tenemos ahora la responsabilidad de sacar este esfuerzo adelante. No nos va a quedar grande. Al contrario, vamos a realizar un gran esfuerzo para construir la paz, que no sólo es la firma del acuerdo.

Usted habla de victoria militar, pero la idea que se ha generado es que hay que ceder muchas cosas a las Farc porque se trata de la negociación de una guerra en la que no ganó nadie. ¿Cómo compaginar las dos visiones?

Es importante entender que, al acabarse la marca Farc, al entregar sus armas, al terminar su capacidad de hacer daño al país, se están rompiendo hitos de nuestra historia. Las Farc están aceptando los mandatos de la Corte Constitucional, las leyes del Congreso, el Estado de derecho que desconocieron durante 52 años. Todas las guerras asimétricas no convencionales terminan en una mesa de negociación. Las guerras no terminan matando al último de los adversarios, eso es imposible. Es una negociación que se tiene que hacer y ha sido hecha por un equipo extraordinario. Debe ser duro no poder entregar al país cada detalle de cada tema porque se dificultaría seguir negociando, pero sin duda el país va a ser muchísimo mejor sin miles de hombres de las Farc echando tiros por Colombia, o secuestrando, o delinquiendo.

¿Por qué la ONU confía en que el Ejército puede proteger a la guerrilla?

La ONU, al tener una oficina tan importante como la que ha tenido en Colombia, ha podido hacer un seguimiento detallado de nuestro comportamiento. Es absolutamente normal nuestra interrelación con la ONU o con el CICR en todas las regiones de Colombia. Cuando era comandante en el Vaupés, era normal la llegada de funcionarios de la ONU o del CICR a coordinar, corregir o proteger a la población civil. Ellos han visto cómo hemos superado el tema de los mal llamados falsos positivos, cómo hemos incrementado nuestros entrenamientos de DD. HH. y DIH. Ese activo estratégico nos permitió ganar respeto y reconocimiento para que seamos nosotros quienes protejamos a las Farc concentradas.

A propósito de los falsos positivos, ¿cómo hacer para que esas prácticas no vuelvan a presentarse jamás?

El tema de los homicidios fuera de combate, conocidos tristemente como falsos positivos, es bastante doloroso para todos. Nos han causado sangre, sudor y lágrimas, como decía Churchill. Es una lección aprendida con tanto dolor que no se va a repetir. Es una garantía en la lucha por la conquista de nuestra legitimidad y la única forma de ganar el respeto del pueblo colombiano. Porque, a pesar de esa tragedia, en las últimas décadas hemos sido la institución en la cual más confían y creen los colombianos.

Y a las madres que perdieron a sus hijos, ¿qué les dice hoy?

Es un tema doloroso. La mayoría de las personas que se vieron involucradas en estos hechos hoy están en prisión. En algunos casos, los jueces de la República nos han obligado a pedir disculpas. A mí me tocó pedir perdón por un caso en Medellín que no sucedió bajo mi comandancia. Si uno es un hombre de honor, así no haya tenido nada que ver debe aceptar responsabilidad. No va a repetirse en el futuro. No volveremos a causar dolor a ninguna mamá. Aunque entregamos a diario cuerpos de nuestros soldados a mamás, envueltos en la bandera de Colombia. Es una tragedia para todos.

El general Mora señaló que los falsos positivos van a tener que entrar en la justicia transicional y en el Tribunal para la Paz. Esto se ha leído como un “borrón y cuenta nueva”. ¿Usted qué opina?

Tenemos que ser pragmáticos. Hay un acuerdo de justicia transicional que cubre todo lo que ha pasado en el conflicto. Dentro de ese acuerdo está establecido que los crímenes de lado y lado, presumiendo que todo lo que hizo el Ejército fue legal y las Farc ilegal, van a ir a justicia transicional. Serán los jueces los que en su sabiduría dirán qué pasará.

Eso los enfrenta a un escenario difícil, porque para acceder a beneficios tendrán que decir verdades. ¿Usted se imagina a miembros de la Fuerza Pública aceptando falsos positivos?

No puedo hacer hipótesis porque todos nuestros procesos se van a tratar individualmente. Estamos en un ejercicio de pedagogía de la justicia transicional y nuestros hombres hoy la entienden mejor. Tenemos que seguir trabajando en procesos de justicia, verdad, reparación y no repetición, y tiene que quedar claro cuáles son las consecuencias de no cumplir con estos cuatro temas.

Se están acabando 52 años de guerra con las Farc, pero hay otra guerra que no ha terminado: la del narcotráfico.
Todo lo que viene en el posacuerdo es un reto. Hay preocupación en el Gobierno y en las instituciones por el crecimiento del narcotráfico. Y, la verdad, mientras exista una mata de coca habrá grupos que quieran desestabilizar territorios. Cuando me preguntan si en el posacuerdo van a haber combates, bombardeos y demás operaciones militares, la respuesta es sí. Ojalá que ocurran por el menor tiempo posible.

Entonces, ¿cuándo acaba el plan Espada de Honor?

El día en que se firme el acuerdo para el fin del conflicto. Ese día entrará a regir un plan de campaña conjunto, dirigido por el Comando General de la Fuerzas Militares, en coordinación con la Policía y otras dependencias, con una visión de lo que significa el fin del conflicto.

¿Cómo va a ser la operación de 10.000 hombres para desminar territorios?

Hay que arrancar las minas que las guerrillas y las bandas criminales sembraron indiscriminadamente en todo el país. La única zona en la que no existen es San Andrés y Providencia. Se necesita un gran esfuerzo del Estado. Por eso el Ejército destinará 10.000 hombres a esa tarea. Habrá participación de ONG internacionales que han trabajado en desminado en varias partes del mundo. En cuatro años ya hemos desminado cinco municipios de Colombia. San Francisco y San Carlos, en Antioquia, son un ejemplo. Este trabajo tiene bastante impacto social porque las comunidades están retornando.

En síntesis, después de 35 años de carrera militar, ¿cree que este escenario de diálogo es mejor que seguir en la guerra?

Respondo con la frase de cajón de Douglas MacArthur: “El soldado es el primero que quiere la paz, ya que es el que sufre y soporta las más profundas heridas y cicatrices de la guerra”. Estamos hablando de 30.000 heridos, de 6.000 víctimas y miles de huérfanos, sólo contando cifras de la Fuerza Pública. En los campos minados, en los derrames de petróleo, hay muchas muertes de campesinos, como hoy hace el Eln en Arauca. No hay computador que mida el daño o el costo de la tragedia. Creemos que Colombia va a ser más fuerte y tendrá más esperanzas sin las Farc. Su Producto Interno va crecer y permitirá que las instituciones se fortalezcan. De esta manera, la democracia colombiana se seguirá consolidando.

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