Las cifras de ataques ha aumentado durante el cese al fuego

¿Quién está asesinando a los defensores de Derechos Humanos?

No es claro el panorama para estos activistas en el escenario de posconflicto: en el primer trimestre de este año, 19 líderes de distintas regiones del país fueron asesinados, cifra similar a la que se registró en el mismo periodo de 2015.

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Las imágenes son de algunos de los defensores de derechos humanos que han sido asesinados en Colombia.
Cortesía

Dos horas antes de ser asesinado, William Castillo Chima había asistido a una reunión con representantes de la alcaldía del Bagre, Antioquia, para discutir el programa de desarrollo del municipio. Tras su llegada al establecimiento “Los Galvanes”, a las 6 de la tarde de ese 7 de marzo de 2016, varios hombres armados arribaron al sitio, no mediaron palabra y dispararon sobre su humanidad varios tiros de gracia. Esa tarde, en el silencio quedaron ocho años de liderazgo en la Asociación de Hermandades Agroecológicas y Mineras de Guamocó (Aheramigua), organización que él mismo fundó y de la cual era el tesorero.

La sentencia de muerte la tenía desde 2014. El 2 de febrero y el 26 de marzo había sido amenazado e intimidado por hombres encapuchados de uniforme militar, pero su deseo de permanecer en la zona para defender los derechos territoriales, y en particular, el derecho de las comunidades locales a quedarse en sus tierras, lo hizo seguir bregando en una región donde el conflicto se ha intensificado desde 2015, presuntamente, debido a un escalamiento de combates entre las FARC-EP, el ELN y el grupo paramilitar Autodefensas Gaitanistas.

Un día antes, María Dania Arrieta Pérez, otra integrante de la organización, había recibido mensajes de texto para sentenciar a muerte a los líderes, sin embargo, ya habían anticipado que no se irían de sus minas, ni de su territorio. Desde 2011, William Castillo informó de la situación a las autoridades. En una carta enviada a la Presidencia de la República advirtió que hombres encapuchados y vestidos de negro realizaban recorridos nocturnos en diferentes veredas de la región de Guamocó, Sur de Bolívar. “Estos sujetos fueron vistos por última vez el día 7 de marzo creando una atmosfera de temor, dado que fue así como inició la incursión paramilitar en estos pueblos en los años 90, dejando a su paso masacres, desapariciones y desplazamientos”, sentenció.

Pero nada sucedió y ese lunes entró a engrosar la lista de defensores de Derechos Humanos que han muerto durante el proceso de paz que desarrolla el Gobierno y las Farc en La Habana, Cuba, desde diciembre de 2012. De acuerdo con las estadísticas del Programa Somos Defensores, en los dos gobiernos del Presidente Juan Manuel Santos han sido asesinados 346 líderes que han exigido la salida negociada al conflicto.

En 2014 el registró arrojó un total de 55 homicidios contra defensores de DD.HH. y líderes sociales, y al cierre de 2015 se registran 63 líderes asesinatos, (13% más que el año anterior). “Entonces ¿Cómo se explican estos hechos cuando en el 2015 las confrontaciones armadas disminuyeron en un casi 80%? ¿Será posible que la violencia contra los defensores de derechos humanos ya no se derive del conflicto armado y así las cosas un contexto de posconflicto no garantiza la disminución de agresiones contra líderes? ¿Dónde están los resultados de la política de prevención del Gobierno? ¿Acaso no hay normas para prevenir estas violencias?”, dice el informe del Programa Somos Defensores publicado este año.

El panorama para 2016 no es tan alentador. Según la misma organización, en el primer trimestre del año 19 líderes de distintas regiones del país fueron asesinados, cifra similar a la que se registró en el mismo periodo de 2015. “Y estamos mirando que para el informe del primer semestre del año va a ser similar a lo que se reportó el año pasado, es decir, cerca de 63 homicidios”, comenta Carlos Guevara, miembro de Somos Defensores.

 

Defensores asesinados durante 2016

Hasta antes del proceso de paz la justificación de estos sucesos se enmarcaba en el conflicto armado interno que vive el país. No obstante, desde el cese unilateral decretado por las Farc en diciembre pasado y tras el anuncio de las dos partes de cesar las confrontaciones, nada ha cambiado para los líderes y, en cambio, los panfletos y las agresiones físicas y psicológicas siguen afectando el ejercicio de ser defensor. Máxime porque, como dice Carlos Guevara, no están asesinando a reconocidos personajes del país, sino a los más anónimos: a líderes de Juntas de Acción Comunal y de organizaciones municipales.

Para Somos Defensores, desde hace varios años la insurgencia dejó de ser una amenaza constante a los defensores de derechos humanos. Una conclusión que se refleja en la estadística. El 63% de las agresiones individuales de este año las han ejecutado grupos paramilitares, seguidos de desconocidos con el 32%, Fuerza Pública 4% y la guerrilla de las Farc 1%.

“Es muy contradictorio que cuando las organizaciones defensoras de derechos humanos comienzan a ser escuchadas en la construcción de la paz y la participación política no se avance en el tema de protección y seguridad ad portas de comenzar la implementación de los acuerdos de La Habana. Y creemos que esto va a incrementarse este año. Lo que pase de aquí a diciembre va a ser determinante”, comenta Guevara.

Las zonas de concentración y las organizaciones sociales

El cruce entre las zonas veredales donde se concentrarán las tropas de las Farc para dejar las armas y los territorios de influencia de las organizaciones sociales es otro tema complejo de cara al posconflicto. Parece que mientras la estigmatización de los líderes parece asegurada, las garantías de seguridad aún son inciertas. 

"¿Y dónde quedan los defensores?, porque los ojos se van a concentrar en que no les pase nada a los miembros del movimiento guerrillero, pero la violencia en contra de los líderes en esos territorios por la estigmatización de seguro va a arreciar después de que las Farc dejen las armas”, advierte Guevara.

Por estas razones, se cree que los defensores de derechos humanos están en zona roja y que hay que protegerlos. Son los que han presionado, a través de movilizaciones y de cartas a la comunidad internacional, al menos, en los últimos 15 años, para que el conflicto se termine por la vía negociada y, además, serán determinantes en la implementación de los acuerdos porque, en últimas, son los que conocen palmo a palmo la Colombia rural de la guerra.

En El Bagre, por ejemplo, dice Guevara que la muerte de esos defensores seguramente no tendrá una conexidad directa con el tema de paz, sino con denuncias sobre rutas del microtráfico y presencia de actores armados ilegales como las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, a quienes han denunciado.  

A William Castillo Chima lo enterraron en su tierra. Finalmente no lo desterraron, dicen sus amigos de la organización Aheramigua. Lo que ahora reclaman es que se desentierre y se identifique a los otros 16 líderes asesinados durante este año en el municipio del Bagre, Antioquia.

Los defensores no son la insurgencia

Desde que se terminó la Guerra Fría, la única guerrilla que sigue vigente son las Farc. Desde entonces, el modelo de “seguridad nacional” se expandió por el mundo y fijó en cada país a un enemigo interno que desde siempre ha sido la guerrilla comunista.

De ahí que a los defensores de derechos humanos los llamen colaboradores de la insurgencia. Pero, sencillamente la historia ha dicho que es en el discurso en lo que han coincidido estas dos fuerzas. “A los defensores se les señala de ser de izquierda, de ser colaboradores de la guerrilla, porque hay cosas en el discurso de la insurgencia que coinciden con la exigencia de derechos que hacen los defensores”, explica Guevara.

Abolir este tipo de estigmas durante el posconflicto será clave para lograr una paz estable y duradera. “Tenemos que desmontar dentro de las fuerzas militares ese modelo del enemigo interno. Esa es una cosa que no se discute en La Habana y seguramente en ninguna parte, pero el Gobierno ha dicho que la fuerza de los hechos llevará a que se desmonte por sí solo ese modelo. Porque al no tener guerrilla pues ya no hay un enemigo interno, y toda la forma de combatir a ese enemigo no es válida. Amanecerá y veremos si eso es cierto”.

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