Dice el biólogo colombiano

Nos falta alcanzar la paz con la naturaleza: Cristian Samper

Como presidente y director ejecutivo de la Wildlife Conservation Society, fue invitado al XIV Encuentro de Educadores Ambientales en Barranquilla. Anuncia programas en beneficio de la Amazonia y de parques naturales. Cree que el posconflicto puede ser un arma de doble filo y se debe aportar a este proceso a través de investigación que permita conocer, conservar y utilizar la biodiversidad.

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Cristian Samper, presidente y director ejecutivo de la Wildlife Conservation Society. / Cortesía

Tras cuatro años al frente de Wildlife Conservation Society, ¿cuál es su balance medioambiental de los 60 países en donde trabaja WCS?

El balance es mixto. Vemos avances importantes en países de Asia y América Latina, pero la mayoría de los países africanos se quedan cortos. Lo que sí hemos aprendido es que en aquellos lugares donde invertimos a largo plazo y trabajamos con comunidades locales, la vida silvestre se recupera rápidamente. Por ejemplo, la población de tigres en las montañas Western Ghats en la India ha crecido 270 % en dos décadas y la población de elefantes en el norte de Tanzania se ha duplicado desde 1990.

¿Ha cambiado la actitud política de los gobiernos frente al tema?

Nuestros países tradicionalmente han puesto el crecimiento económico por encima del desarrollo ambiental, pasando el costo ambiental a generaciones futuras. Es una visión a corto plazo. No obstante, ha habido un cambio de política hacia el desarrollo sostenible, que busca crecimiento económico, mayor equidad social y conservación ambiental. Por otra parte, la adopción de las metas de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas son el resultado de un acuerdo global que aspira a un mejor balance. Es importante que Colombia también lo haga.

¿Se mejoró tras la cumbre de París?

Hemos visto avances importantes en el impulso de energías renovables. Países como China están transformando sus fuentes de energía muy rápidamente, y la India anunció que va a acelerar los compromisos adquiridos en el marco del Acuerdo de París. Alemania ya genera más del 80 % de su energía a partir de fuentes renovables y Suecia anunció que todos sus vehículos serán eléctricos para el 2025. Es claro que tenemos que descarbonizar la economía para combatir el cambio climático. El carbón y el petróleo serán reemplazados por energía solar, eólica, geotérmica y biocombustibles. Estas nuevas tecnologías son más eficientes y cada vez más económicas. El sector privado va a jugar un papel crucial en esta transformación, pero los gobiernos tienen que crear los incentivos correctos.

¿Y el balance a nivel de océanos?

Los océanos cubren el 70 % del planeta y son el sustento diario de más de 2.000 millones de personas. La mitad de Colombia es mar. Pero éstos no han recibido suficiente atención y se consideran un recurso ilimitado. Me alegra que los océanos estén adquiriendo cada vez más importancia. Por ejemplo, en junio se va a realizar una asamblea especial de las Naciones Unidas dedicada a los océanos y la meta 15 de las Metas de Desarrollo Sostenible. En los últimos cinco años hemos duplicado la superficie de áreas protegidas marinas, del 3 % al 6 % del planeta. Estados Unidos y la Unión Europea han recuperado su pesca usando ciencia y cuotas de extracción. Pero todavía falta mucho trabajo. Quizás el tema más complejo es el impacto del cambio climático en la acidificación de los océanos, algo que podría tener consecuencias muy graves e irreversibles.

¿Cómo está Colombia en cuanto al blanqueamiento de corales?

Estudios recientes demuestran que los océanos absorben cerca del 90 % del calentamiento global y ayudan a regular el clima. Pero el incremento en las temperaturas y el fenómeno de El Niño han causado el blanqueamiento del coral, donde habita el 90 % de las especies marinas. Los arrecifes se pueden recuperar, pero toma mucho tiempo. El impacto más dramático y reciente se presentó en el arrecife de la Gran Barrera en Australia el año pasado, que fue el año con la mayor temperatura registrada en nuestras vidas. En Colombia también hay reportes de blanqueamiento de corales. Es un problema global que requiere soluciones globales para combatir el cambio climático.

¿De qué habló en el XIV Encuentro de Educadores Ambientales en Barranquilla?

De la importancia de los zoológicos, acuarios y jardines botánicos como ventanas al mundo natural. En la medida en que el mundo se vuelve más urbano, la gente que vive en las ciudades tiene menos contacto con la naturaleza. Son espacios de recreación, pero también de educación ambiental. Serán cada vez más importantes como espacios de educación y como actores en la conservación.

¿Ha vuelto a la reserva natural de La Planada? ¿Cómo va ese pulmón de Nariño que usted ayudó a proteger?

Hace más de una década que no voy a La Planada, un lugar muy especial. Fue allá donde me formé como biólogo y aprendí mucho. Lamentablemente, esta región tuvo serios problemas de orden público. El conflicto armado tuvo un impacto grande en la reserva. Hoy es manejada como reserva natural para investigación por el cabildo indígena awá, y la semana pasada se realizó un encuentro con el Instituto Humboldt para impulsar este trabajo.

¿Qué aprendió siendo director del Museo Nacional de Historia Natural en Washington?

Acerca de la importancia de los museos para la educación y la divulgación de la ciencia. Allí es posible tocar los corazones y abrir las mentes de siete millones de personas cada año. También aprendí a valorar la importancia de las colecciones biológicas para la investigación. Los museos se enfocan en estudiar la biodiversidad, pero yo quería ayudar a conservarla. Los zoológicos y jardines botánicos juegan un papel más activo en el campo. Muchos de los lugares que visité como biólogo han desaparecido. No basta con escribir publicaciones o hacer exhibiciones. Necesitamos actuar para conservarlos.

Desde estos cargos, ¿cómo ayuda al medioambiente en Colombia?

Siempre me mantengo vinculado con Colombia, un país que amo con pasión. Dicen que nadie es profeta en su tierra, y a veces uno puede hacer más estando por fuera. Me considero un cerebro prestado, mas no fugado. He podido ayudar en la formación de científicos, en proyectos de investigación y ahora en proyectos de conservación de especies y espacios naturales. También sigo asesorando a entidades como Colciencias, la Academia de Ciencias, el Parque Explora y la Universidad de los Andes.

¿Qué programas concretos tienen para la defensa de la Amazonia?

Estamos impulsando una nueva iniciativa llamada Aguas Amazónicas. Se trata de ver al Amazonas como un gran humedal, no sólo como una selva. La cuenca del Amazonas abarca ocho países y es el hogar de más de 30 millones de personas. Los ríos son el eje articulador de la región y cerca del 15 % del Amazonas es agua. Los suelos de la Amazonia son pobres y la productividad depende de los nutrientes de los Andes. Hay más de 300 proyectos hidroeléctricos propuestos, que podrían reducir el flujo de nitrógeno y fósforo en 70 %. La selva dejaría de ser selva y la pesca se vería impactada. Acabamos de publicar un estudio sobre las migraciones del dorado, una especie de pez que realiza una migración de más de 4.000 kilómetros desde los Andes hasta la desembocadura del río. Transformar drásticamente la región amazónica pondría en aprietos —por ejemplo— al pez dorado, recurso hidrobiológico del que dependen miles de personas para su subsistencia.

¿Cuál es el papel de los biólogos en el posconflicto en Colombia?

El proceso de paz es algo importante para Colombia. Ahora nos falta alcanzar la paz con la naturaleza. Muchas de las regiones afectadas por el conflicto armado son también regiones de gran riqueza biológica. El posconflicto puede ser un arma de doble filo. Debemos aportar a este proceso a través de investigación que nos permita conocer, conservar y utilizar la biodiversidad.

¿Qué propone para los parques nacionales naturales?

Una de nuestras prioridades es la consolidación del Sistema de Parques Nacionales Naturales de Colombia. Estamos gestionando recursos y apoyando la declaratoria de nueve parques y la ampliación de otros cinco, para estar seguros de que Colombia cuente con un sistema que represente la riqueza biológica de nuestro país. También tenemos que fortalecer la capacidad de gestión de estas áreas, lo que requiere de mayores recursos de inversión y la vinculación de actores locales.

¿Qué significa para usted administrar el Bronx Zoo, el New York Aquarium, el Central Park Zoo, el Prospect Park Zoo y el Queens Zoo, que reciben a más de cuatro millones de visitantes por año?

Es una gran responsabilidad y oportunidad. Queremos ofrecer a nuestros visitantes una experiencia grata, segura y en la cual puedan aprender más sobre la vida silvestre. Nuestro reto es incentivarlos para que se conviertan en amigos y guardianes de la biodiversidad, que tomen acciones concretas luego de la visita y que ayuden a la conservación de la vida en el planeta. Estamos al frente de la transformación de los zoológicos como líderes en conservación. Trabajamos de la mano de una red de más de 200 zoológicos y acuarios en Estados Unidos y juntos recibimos 180 millones de visitantes cada año. ¿Se imagina lo que podemos lograr si cada una de esas personas se convierten en amigos y guardianes de la biodiversidad? ¿Si unimos recursos y esfuerzos para apoyar los programas de conservación en lugares prioritarios como Colombia?

¿Cuántos colombianos trabajan allá?

Son pocos colombianos, pero muchos hispanos. Cerca del 20 % del personal de WCS en Nueva York viene de países de América Latina. Es la primera vez en 120 años que hay un director nacido fuera de Estados Unidos, lo cual es una gran ventaja en un país que es cada vez más diverso y que tiene alcance global.