"No es una campaña por el sí, sino por un voto a conciencia": padre Francisco de Roux

De Roux hace un recuento histórico de una iniciativa que cumple 29 años y que hoy busca incentivar la tranquila convivencia de los colombianos por medio de actividades lúdicas y espirituales.

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El padre Francisco de Roux, precursor de la Semana por la Paz, explica que la reconciliación es clave para un posacuerdo exitoso
Gabriel Aponte

Este año la Semana por la Paz, que se celebra anualmente en diferentes departamentos de Colombia, cumple 29 años. El proyecto se mantuvo firme en medio de procesos de paz fallidos, picos de la violencia paramilitar y de las guerrillas, y la polarización del país a causa de la guerra.

Esta edición se centrará en el perdón y se llamará “Reconciliémonos por la Paz”. En torno a ese tema se desarrollarán actividades en Bogotá  como el “Ciclopaseo por la Paz y la Memoria”, el 4 de septiembre, y el “Concierto por la Paz”, el 9, entre otras actividades lúdicas.

El padre Francisco de Roux le contó a Colombia2020 cómo ha sido el recorrido de esta iniciativa a lo largo de tres décadas y cuáles son los retos de cara al posconflicto.

¿Cómo fueron los inicios de la Semana por la Paz?

La iniciativa empezó en una época en que había mucha esperanza de que la paz fuera posible. Corría el año 1987 y en el gobierno de Belisario Betancur se habían iniciado conversaciones con las Farc, la Autodefensa Obrera (ADO), el Ejército Popular de Liberación (EPL) y el M-19. En esa época nació la Unión Patriótica (UP) como partido político y todo eso provocó un sentimiento de optimismo, de que era posible usar el diálogo en vez de la violencia. Aunque todavía había un dolor por los acontecimientos del Palacio de Justicia, que habían sucedido dos años antes (en 1985), había un cierto entusiasmo por la paz y eso nutrió la iniciativa en sus inicios.

A lo largo de los años se unieron diferentes aliados. La iglesia menonita y Pastoral Social, por ejemplo. La Red Nacional de Iniciativas por la paz y contra la Guerra (Redepaz), con monseñor Leonardo Gómez y Ana Teresa Bernal, desempeñó un papel fundamental. El Cinep, la Universidad Javeriana, entre otras organizaciones, fueron claves. También se unieron el Gobierno y algunos partidos políticos.

¿Cómo lograron que el proyecto no se politizara ni polarizara?

Tenemos muy claro que cuando trabajamos por la paz no aceptamos que el proyecto se subordine a la política ni que se use para campañas de ningún partido. Simplemente no se puede. Lo que está en juego con la paz es demasiado importante: es la grandeza del ser humano. 

¿Cómo eligieron la fecha para desarrollarla?

Se hace la primera semana de septiembre porque el 9 de septiembre es el Día de San Pedro Claver, un jesuita que dedicó su vida a trabajar con los esclavos. El 9 de septiembre también es muy representativo, porque es el Día Nacional de los Derechos Humanos.

¿Cómo se financió la iniciativa en sus inicios?

Para poder crear un fondo de la Semana por la Paz vendimos “La lechuga”, una joya muy valiosa de oro y esmeralda. Así creamos un programa por la paz que financió la semana entre otros proyectos.

¿Recuerda una etapa difícil para el proyecto?

Entre el año 1996 y el 2006 la violencia se recrudeció mucho en todo el país y eso afectó el proyecto, porque mucha gente perdió la esperanza. Por otra parte, nosotros, los jesuitas, hemos recibido amenazas por trabajar por la paz.

¿Eso cómo ha cambiado durante los últimos años?

Con la nueva esperanza de paz, el proyecto ha crecido. El año pasado tuvimos cerca de 1.500 actividades en diferentes departamentos. Este año esperamos tener más de 2.000. Nos ha llegado información del Putumayo, La Guajira, Norte de Santander, en el Urabá y otros lugares en los que están organizando actividades por la paz.

Debemos cultivar el respeto hacia la dignidad humana para acabar con esta guerra. Por eso la Semana por la Paz no es una semana de obras caritativas, sino una semana para llamar al respeto del ser humano.

¿Cuál es el reto de la Semana por la Paz en el contexto actual?

Esta semana es un llamado para que todos los colombianos nos unamos en torno al proceso de paz que con tanto esfuerzo se ha logrado. No es una campaña por el sí, sino por un voto a conciencia, que la persona tenga en cuenta el contexto, la historia de esta negociación. Hay que entender las razones de ser de la Justicia Transicional, del compromiso con las víctimas, de la importancia de entregar las armas a Naciones Unidas. Debemos captar el contexto histórico y atender al clamor de las víctimas que piden que pare la violencia.

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