El proceso apenas comienza

“No es fácil pasar de la guerra a la paz”: John Paul Lederach

Tras bambalinas, John Paul Lederach es uno de los hombres claves en la construcción de la paz territorial en Colombia. En charla con El Espectador comenta los retos para implementar los acuerdos de La Habana y alcanzar la reconciliación.

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John Paul Lederach es uno de los conferencistas principales del XII Congreso Mundial de Medicación y Cultura de Paz.
Cristian Garavito

John Paul Lederach es uno de los académicos más reconocidos en materia de mediación de conflictos y construcción de paz en el mundo. Es profesor y asesor estratégico del Instituto Kroc de Estudios Internacionales de Paz de la Universidad de Notre Dame. El Instituto Kroc ha sido designado por el Gobierno y las Farc como el encargado del “componente técnico” de apoyo a la Comisión de Implementación, Seguimiento y Verificación del Acuerdo Final de Paz, diseñando la metodología para identificar los avances de los acuerdos.

En el marco de las celebraciones de los 30 años del Instituto de Relaciones Políticas e Internacionales (IEPRI), este sociólogo estadounidense impartió un taller el pasado viernes, en el cual habló de los retos que tiene el país frente a la construcción de paz. Luego asistió a la histórica firma de la paz en Cartagena y está de nuevo en Bogotá, como uno de los conferencistas especiales del XII Congreso Mundial de Medicación y Cultura de Paz organizado por la Cámara de Comercio de Bogotá. También es uno de los protagonistas en el lanzamiento que se realizará este miércoles del “Manual de la Conversación, una guía para construir paz por encima de las diferencias, impulsada por La Conversación Más Grande Del Mundo”.

Lederach visitó Colombia por primera vez en el año 1988, invitado por la iglesia Menonita para buscar salidas pacíficas a la violencia, y desde entonces se ha comprometido con la búsqueda de la paz en el país. No sólo acompañó a la oficina del alto comisionado de Paz, Sergio Jaramillo, para la formulación de la apuesta de la paz territorial, sino que ha venido construyendo un diálogo permanente con las víctimas y las iniciativas de base en diversas regiones del país altamente golpeadas por la violencia, como Montes de María, una subregión del Caribe ubicada entre los departamentos de Sucre y Bolívar.

De acuerdo con Lederach, están a la espera del protocolo de la Comisión de Verificación, que definirá el papel del Instituto Kroc con mejor detalle. El Espectador habló con Lederach para conocer su mirada sobre los retos que tiene el país frente a este nuevo escenario político.

-Usted ha leído todos los acuerdos de paz que han surgido durante las últimas décadas. ¿Cree que el que se acaba de firmar en Colombia fue el mejor acuerdo posible?

Una negociación reúne a grupos disímiles, de allí su complejidad. Quisiera señalar que este Acuerdo tiene para mí particularidades prometedoras y únicas en comparación con otros acuerdos alcanzados en el mundo. Para referirme a algo concreto, algunos de los puntos que tomaron mayor tiempo de discusión, por su sensibilidad, fueron plasmados de forma concreta, no dan lugar a reinterpretaciones o debates sobre lo debatido, por ello tienen mayor posibilidad de implementación, son certeros.

-En otros procesos en el mundo existen acuerdos que privilegian la seguridad y la dejación de armas y descuidan el desarrollo social. ¿Sucede algo similar en este Acuerdo?

No. En el Acuerdo de Paz alcanzado entre el Gobierno y las Farc se le da mucha importancia a la seguridad, pero también al desarrollo económico, social, agrario de las comunidades y al lugar de las víctimas. También es innovador la inclusión de la participación y el enfoque de género. La inclusión de estos temas hace que el proceso no tenga comparación con otros acuerdos. Esto no indica que su implementación vaya a ser fácil y sencilla, pero es único.

-¿Podríamos esperar resultados rápidos de la implementación de los acuerdos?

Sí. No soy un profeta, pero su punto de partida fue construido cuidadosamente contemplando que los primeros 180 días son claves. Por supuesto, se tuvo en cuenta la experiencia de otros procesos en el mundo. Debemos tener una visión sistémica y comprender que el avance en un punto depende de otros. Todo lo que se ha propuesto en el Acuerdo es riguroso, claro y realizable. Por supuesto, en una década tendremos una visión más clara de cómo avanzó el proceso, pero no se necesita una década para conocer los resultados y avances del Acuerdo.

-¿Qué resultados han sido más visibles y de una forma más rápida en otros países?

Los niveles de violencia que responden al conflicto bajan considerablemente por el desarme de quienes se comprometen a volver a la vida civil, mientras que los de desarrollo social son los que toman más tiempo para implementarlos. Aun así, con el fuerte énfasis que tiene este Acuerdo, hay muchas expectativas frente a los resultados de esta dimensión.

-Algunos académicos han señalado que el Acuerdo de Paz es una forma de expulsar la violencia del campo político, ya que el ejercicio de la política, durante el siglo XX, siempre ha estado atravesado por el horror de la violencia. ¿Usted qué piensa?

Sin duda. No es fácil pasar de la guerra a la paz. Pero una de las cosas que más importan es recrear una política que permita participación sin violencia y sin manipulaciones que vienen detrás de la violencia. El Acuerdo es muy explícito en la participación política de quienes dejan las armas y sienta la idea de la necesidad de proteger a quienes tienen ideas políticas diferentes.

-¿Cómo cree que el Acuerdo reconoce la labor de los líderes sociales, campesinos y trabajadores que todos los días luchan por la paz en las diversas regiones del país?

Diversos movimientos campesinos ya tienen claras sus necesidades concretas, saben qué necesita la comunidad. A menudo, la reivindicación más certera descansa en la idea de que se les reconozca como actores claves en la vida cotidiana de las regiones, en esa búsqueda constante por el bienestar de sus habitantes. El Acuerdo reconoce las demandas de los campesinos y los habitantes de las regiones en dos formas: propiciando una institucionalidad de mayor capacidad que facilite los mecanismos para dar respuesta a las necesidades, y la otra es construyendo una nueva idea de consulta. Dicha idea no consiste simplemente en un pequeño evento o realizar un proyecto esporádico en una localidad.

-Háblenos un poco más de la consulta…

La consulta resulta entonces en un acompañamiento permanente de la comunidad, escuchando sus necesidades y sobre todo dando la posibilidad para que las iniciativas de base puedan gestionar su realidad. El Acuerdo resulta en una plataforma que acompaña la posibilidad de mayor participación civil.

-En sus libros usted ha hecho énfasis en la necesidad de fomentar la dignidad humana como uno de los ejes claves de todo proceso de paz. ¿Cómo puede contribuir cada colombiano a este nuevo escenario político?

Cada ciudadano tiene un desafío cotidiano: respetarse, y respetar a los demás en medio de las diferencias. Muchas veces se ha usado comúnmente la definición de tolerar, partiendo de la vulgarización del “yo te aguanto”. Pero no se trata de eso. Necesitamos una rehumanización, partir de la dignidad humana, rescatarla, reconocer al otro en su diversidad, así piense, opine, vote diferente. Puede que no compartamos la ideología de otro, pero es nuestro hermano en la humanidad.

-¿Cuál será el papel de la memoria en la reconciliación del país?

Las personas creen que la memoria es una especie de monstruo con el cual hay que pelear. Algunos dicen que para que no nos moleste es mejor no recordar, olvidar y perdonar. La reconciliación es el camino a la rehumanización. Recordar y cambiar. Recordar lo que hemos vivido es una apuesta transgeneracional. Ahora sabemos que pasa de generación en generación. Es encarar el drama que pasamos. Recordar es conectarnos con el propósito de base de quienes somos.

-¿Se debe construir una sola narrativa de la memoria?

Las narrativas pueden interactuar sin tener que excluir al otro. Eso requiere un proceso de reconocimiento, sobre todo a los que más han sufrido. Las víctimas son el centro del Acuerdo en el sentido de que la presencia de la memoria nos ayuda a imaginar un futuro que nos permite vivir en el presente de manera diferente y cambiar la forma en que convivimos. Tanto la memoria como el imaginario de futuro forman parte de quienes somos en nuestro presente. La característica del ser humano es esa capacidad de formarnos por nuestra memoria y la imaginación, y eso genera la posibilidad de decidir cómo convivimos con los demás.

Lea otra entrevista con John Paul Lederach: "La paz la construye cada colombiano".