Negra/Anger, un homenaje a la memoria de Nina Simone

Esta obra de teatro, escrita y dirigida por Álvaro Restrepo, de la Compañía Cuerpo de Indias de El Colegio del Cuerpo, se presenta hoy en el Teatro Colón. Esta presentación cierra el primer día de la Cumbre Mundial de Nobeles de Paz en Bogotá.

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Foto de la obra de teatro Negra/Anger de Álvaro Restrepo.
Cortesía

La primera vez que Álvaro Restrepo escuchó a Nina Simone, trabajaba en un homenaje a Leonard Cohen. Estaba en uno de esos barrios de Cartagena al margen del Centro Histórico que no salen en los catálogos de turismo, esos que recibieron a los esclavos africanos durante la colonia y hoy tienen decenas de desplazados; en la misma Cartagena que para él es la “ciudad más racista y clasista de Colombia”, por desconocer a sus negros.

Allí donde trabaja con la fundación El Colegio del Cuerpo desde hace 20 años, sintió el dolor y la rabia de Nina Simone al ser víctima de la discriminación. Supo cuál fue su frustración cuando le negaron ser pianista por su color de piel.

Redescubrió a la mujer que luchó por reivindicar los derechos civiles de las personas de ascendencia africana en Estados Unidos. Vio en las letras de sus canciones el legado de una generación que quiso romper con la segregación y la discriminación racial, y comenzó a cuestionarse cómo reinterpretar el mensaje de la “sacerdotisa del blues” en las tablas.

Nina Simone transformó su dolor y su rabia en arte. Restrepo los recreó en Negra/Anger, un espectáculo sobre el racismo y la diversidad. “La raíz de esta obra está en una frase de Simone: ‘Mi vida es una lucha constante entre negros y blancos. Yo encontré mi paz entre las teclas negras y blancas’”.

En esta pieza, interpretada por 32 bailarines, Restrepo se vale de la rabia de Simone para suspender a sus artistas sobre el escenario. En escena, el piano de Nina Simone es representado por los cuerpos que adquieren movimiento con el sonido de cada nota. Empieza el solo de My father y un solo cuerpo en medio del escenario oscuro se apropia del vacío: Simone en escena.

Aparecen otros personajes con una máscara de tela, es el rostro de Simone. Se escuchan las primeras notas de Isn’t it a pity. Esta es la expresión de todo su dolor y su necesidad de solidaridad.

Restrepo dirige cada movimiento de sus bailarines con una campana, los llama por su nombre cuando siente que algo no funciona. Los observa, sigue detenidamente sus apuntes, quiere ver volar a esos cuerpos que “no tienen espalda sino alas”. Espera que, como lo dijo durante el calentamiento, los cuerpos abandonen la cabeza y floten en el espacio.

Con él está Marie France Delieuvin, codirectora y cofundadora de El Colegio del Cuerpo, aunque en esta ocasión ella no intervino en el proceso creativo de la pieza. Se fija en cada detalle, le habla al oído a Restrepo, le aconseja y les dice a los jóvenes sus errores. “Ella es un apoyo extraordinario para mí y ha sido la columna vertebral de muchos de los procesos que he vivido”, dice Álvaro.

Al vestuario de los bailadores se suman unas telas con fotografías tomadas por el director: es su sombra, creada con objetos encontrados en la playa. Los cuerpos se cubren con estos y se mueven como ondas, los colores evocan manchas abstractas y paisajes. En la presentación en el Teatro Colón se proyectará en pantallas a Aimé Césaire, poeta de Martinica y uno de los padres del movimiento de la negritud. En el ensayo solo se escucha el texto seleccionado: Cuaderno de un retorno al país. Algunos de los jóvenes recitan apartes de éste.

La obra, que también se nutre del poema coreográfico Me llamaron negra, de Victoria Santa Cruz, une en una sola voz la expresión ¡Negra, negra, negra! A medida que avanza la danza, los movimientos de los cuerpos se transforman en liberadores, los gritos son fortaleza, el miedo se ha ido y la euforia ha llegado. Las telas que en su momento los arroparon, vuelan.

Después de esta transición, Nina Simone ha vuelto libre. La danza la ha liberado. Así como lo hizo con Restrepo hace 36 años. Él, que desde niño tuvo relación con las artes, la música y la literatura, descubrió que su lucha consigo mismo terminó cuando le permitió a su cuerpo expresarse. Ese fue su vehículo de liberación.

Veinte años de El Colegio del Cuerpo

En 1997, Álvaro Restrepo volvió a Colombia después de haber estudiado en Nueva York y haberse presentado en distintos escenarios del mundo. Volvió para retribuir todo lo aprendido entre quienes tienen menos recursos. Así creó con Marie France Delieuvin El Colegio del Cuerpo, una academia en Cartagena que ha formado a cientos de jóvenes en danza contemporánea.

“Estamos en un momento de nuestra historia, desarrollo, trayectoria y reconocimiento en donde ya no estamos para pedir ayuda, estamos para ofrecer ayuda. Tenemos una metodología, una filosofía, un pensamiento y unos resultados palpables. El deseo que tengo ahora es construir la sede de El Colegio en el terreno que tenemos en Cartagena y consolidarlo como un centro piloto de educación para la paz”.

Restrepo aprendió a reconocer y controlar su cuerpo, ese que para él está muy cercano al tiempo. Aprendió de su maestra, Marta Graham, que el cuerpo nunca miente. Aprendió que la danza es buena o mala, eso sí, exige muchísimo rigor, investigación y curiosidad. Aprendió que si volviera a nacer le gustaría poder empezar a bailar desde más temprano.

“Ahora ya no estoy mucho en el escenario, pero mis estudiantes llevan mi amor y pasión por estar ahí, así como el riesgo de estar frente al público. Ahora estos muchachos bailan por mí”.

La pieza, que se ha presentado en Cali, Cartagena y Nueva York, llega al Teatro Colón hoy, para los invitados a la Cumbre de Premios Nobel de Paz. Mañana y el 4 de febrero la obra estará abierta al público.

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