Necesitamos, santo padre, que nos reconozca y defienda: movimientos sociales

Ese fue el llamado de más de 100 organizaciones convocantes de la Semana por la Paz, que coincidió con la visita del papa a Colombia.

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Carta de los Movimientos Sociales de Colombia al papa Francisco: ¡Que la Paz no nos cueste la Vida¡. / El Espectador.

El peregrino de la paz, así se llama Jorge Mario Bergoglio, mejor conocido como el papa Francisco, de visita por estos días en nuestro país. Y no es para menos, porque se ha referido, como ningún otro papa, a la importancia de acabar los conflictos armados y violentos en el mundo. Colombia, en esa dirección, no ha sido la excepción y el papa Francisco ha usado sus santos oficios para apoyar y dinamizar los acuerdo de paz alcanzados y por venir.  Por esa razón, los movimientos sociales, preocupados ante el asesinato de líderes sociales en todo el país (solo el primer semestre de 2017 han matado 52, según el informe de Somos Defensores) le han escrito esta carta y le han pedido que los reconozca como actores sociales legítimos “cuyo papel es positivo en la sociedad y cuyas acciones en lugar de estigmatizadas y reprimidas deben ser protegidas por las autoridades”.

Esta es la carta:

Admirado y amado papa Francisco

Hemos escuchado y visto su mensaje pocos días antes de estar entre nosotros y nosotras. A las organizaciones de sociedad civil y movimientos sociales nos llena de esperanza el encuentro que se va a producir entre el papa amigo de la Paz y el Pueblo colombiano amigo de la Paz. Un paso de millones que hemos de dar por la reconciliación y la paz. 

En este país que usted visita hay una sociedad compleja que ciertamente está transitando de la guerra a la paz, pero no lo está haciendo de manera gozosa sino atormentada, polarizada y con gran incertidumbre. Su visita es un alivio y puede ser el comienzo de un clima social totalmente distinto. 

Nos alienta mucho ver y oír que usted se refiere con alarma a la depredación salvaje de la naturaleza. Los movimientos queremos decirle, santo padre, que también se está produciendo una destrucción inmisericorde del tejido social. Desde 2010 en promedio se asesina un líder o lidereza social cada semana. “Este año ya se contabiliza un incremento del 30% en los homicidios en  comparación al mismo período de 2016”, según el más reciente Informe del Programa Somos Defensores que tiene experiencia de 10 años siguiendo la situación de los líderes en materia de seguridad y garantías para su accionar.

“Este año, reconoce un  organismo oficial como la Defensoría del Pueblo, son 52 homicidios y más o menos 500 amenazados… Este panorama de homicidios y amenazas lleva a la Defensoría del Pueblo a definir la situación como de “violencia generalizada”.  

La racha de victimización incluye a los reclamantes de tierras, defensores de derechos humanos, activistas por la paz, líderes comunales, líderes ambientalistas, activistas de las consultas sobre explotación minera, religiosas y religiosos activos en la pastoral social, y ahora afecta también a exintegrantes de guerrillas que firmaron la paz y sus familiares. Están afectadas las comunidades de indígenas y afrodescendientes, y colectivos sociales del campo y de la ciudad.   

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Por ello, santo padre, desde distintos espacios geográficos y sociales se está levantando un clamor que crece:  ¡Que la Paz no nos cueste la Vida!

No puede ser que accedamos a la política sin armas, pero lo que llega sea una democracia sin garantías para la vida y para las libertades más elementales de todos y todas. No puede ser, así no será posible construir con protagonismo ciudadano una paz estable y duradera.

En Colombia, como lo reseña en sus estudios el Centro de Investigación y Educación Popular, CINEP, de la Compañía de Jesús, que con seguridad usted conoce bien, existe un auge de protestas, luchas y movimientos sociales que no es otra cosa que el esfuerzo de la gente del común por superar condiciones estructurales de marginalidad, exclusión y pobreza, en una palabra, de injusticia social.

Los movimientos sociales hemos mantenido en alto durante décadas la bandera de una salida dialogada del conflicto armado interno. Lo hemos hecho en el entendido de que si las armas salen de la política, tanto las de las guerrillas como las de los grupos paramilitares o sus herederos, y las fuerzas armadas y de policía respetan y protegen los movimientos como es su deber constitucional, se consolidará la posibilidad de ejercer sin riesgo de violencia las libertades propias de una sociedad democrática, viva y en expansión como la colombiana. Entre tales libertades la de la legítima protesta social. Pero este supuesto no se está dando en la práctica.     

Esa es la razón, santo padre, por la que liderazgos de todos los territorios, hayamos planteado encontrarnos con usted y finalmente decidido dirigirle esta carta para que en su sabiduría nos reconozca como lo hizo  en Bolivia, y varias veces lo ha hecho en el Vaticano, nuestra condición de actores sociales legítimos cuyo papel es positivo en la sociedad y cuyas acciones en lugar de estigmatizadas y reprimidas deben ser protegidas por las autoridades.

Necesitamos, santo padre, que nos reconozca y defienda porque si este nefasto curso de los acontecimientos no cambia, puede verse frustrada la epifanía de la paz. Necesitamos la paz estructural pero también la paz cotidiana. Tanto la paz interior como la paz exterior. La paz negativa, ya materializada en el silenciamiento de los fusiles (bilateral y definitivo con las Farc, bilateral pero aun parcial y transitorio con el Eln), pero también y ante todo la paz positiva como dignidad, derechos, equidad, participación, transparencia, relación amigable con la naturaleza.

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Papa Francisco, estamos seguros que usted escuchará nuestra voz, reavivará nuestra esperanza, ayudará a impedir que siga esta campaña de extermino. Usted es para nosotros un recurso supremo por su altísima investidura y reconocido magisterio moral.

Su intervención la pedimos encarecidamente líderes y liderezas de todas las condiciones, católicos y no católicos, creyentes y no creyentes. Confiamos en el pontífice de Roma pero también en el humanista sensible y comprometido con la  vida en todas sus manifestaciones que usted ha demostrado ser.

Los firmantes de esta carta somos organizaciones de sociedad civil y movimientos sociales de Colombia comprometidos con la construcción de paz integral y convocantes de la 30 Semana por la Paz, 3 al 10 de septiembre, en la cual estamos y que para fortuna nuestra coincide con su visita pastoral a nuestro país.

Gracias, Santo Padre, por su atención a nuestro clamor. ¡Que la Paz no nos cueste la Vida¡