Los retos ambientales para el posconflicto

La experta francesa, una de las artífices del Acuerdo de París sobre cambio climático, cree que el nuevo gobierno de EE. UU. va a tener un impacto negativo a nivel mundial y que el principal desafío  de la Misión de Crecimiento Verde es invertir en infraestrcutura.

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Laurence Tubiana es la fundadora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales.
/ Mauricio Alvarado

A través de Twitter, Donald Trump definió el calentamiento global como un “concepto creado por y para los chinos con el fin de reducir la competitividad del sector industrial de Norteamérica”. A menos de un mes de su posesión, el 45º presidente de los EE. UU. ha sacudido las esperanzas medioambientales del planeta. Gracias al republicano, el director de la gubernamental EPA (Agencia de Protección Ambiental), encargada de proteger la salud humana y los recursos naturales, es Scott Pruitt, un fiscal famoso por no creer en el cambio climático.

Mientras los grupos ecologistas resisten el mandato, Trump no sólo resucita proyectos como oleoductos sino que además censura la información sobre el tema. Incluso ha insinuado abandonar el Acuerdo de París, ratificado por 195 países en el 2015 para reducir la emisión de gases de efecto invernadero en la Tierra.

Laurence Tubiana es una de los principales artífices de ese histórico pacto acordado durante la Cumbre del Clima hace dos años. En esa ocasión, Colombia prometió luchar contra el “cuento chino” de Trump, junto a un centenar de países en desarrollo y mercados emergentes. El compromiso, ideado por esta economista francesa y otros expertos, es evitar un aumento de 2 °C en la temperatura del planeta. Sobrepasarlos significaría una alerta roja para los ecosistemas y la supervivencia de las especies.

Entre las iniciativas nacionales para ratificar el acuerdo está la Misión de Crecimiento Verde, un proyecto liderado por el Departamento Nacional de Planeación para crear políticas de desarrollo sostenible en el territorio. Como presidenta de la junta directiva de la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD), Tubiana fue una de las invitadas internacionales para el lanzamiento de la misión. El Espectador habló con ella sobre la incertidumbre internacional, los planes de Colombia contra el cambio climático y los retos que el posconflicto impone.

La tensión internacional preocupa a los expertos ambientales. ¿Cuál es su radiografía tras la posesión del presidente de los Estados Unidos?

Creo que habrá que juntar fuerzas. China, India, Europa y América Latina, que es muy progresista, están trabajando en consonancia con lo acordado en París. La administración de Trump va a tener un impacto terrible, pero creo que se puede resistir porque ahora las acciones profundas apuntan a la transformación. Además, aunque me disgusta, vivimos en una economía mundial integrada y los automóviles norteamericanos en 15 años no podrán ser muy distintos a los que hoy tiene China.

¿Cuáles son los principales desafíos de los sectores productivos y financieros para alcanzar una economía sostenible, como propone la Misión de Crecimiento Verde?

El reto principal, después de precisar bien las metas, son los problemas que deja la guerra. Ahora con la paz se puede pensar todo el territorio, pero hacerlo implica mucha inversión en infraestructura. El crecimiento verde debe desarrollarse a lo largo del país, es decir, se necesita una movilización inmensa de recursos humanos, técnicos y financieros. Hay zonas que se deben cubrir con servicios, escuelas, hospitales, centros de salud, lo cual no es un trabajo fácil. Es momento de conectar los territorios que han estado aislados por el conflicto armado y luego será el momento de reconquistar esas zonas desde el desarrollo sostenible.

¿Conoce ejemplos internacionales que nos puedan servir para lograr un crecimiento verde?

Hay países que son pioneros en cada sector. Por ejemplo, Chile, que está cerca, es un ejemplo increíble en energía renovable. Pero también Brasil en cuanto al uso de la biomasa. O Dinamarca por la producción de energía eólica. Sin embargo, no hay un país que lo sepa hacer todo, dado que el crecimiento verde como modelo no existe: es una cosa del futuro. En el caso de las reformas tributarias verdes, habría que replicar la de Suecia, que es la mejor, pero en Francia no podemos, no somos capaces de hacer una tan grande ahora. También es una cuestión de posibilidades.

En países como El Salvador, Nicaragua y el Congo, se incrementó la degradación ambiental al terminar la guerra. ¿Cuál sería su recomendación para empezar el posconflicto?

El primer paso es identificar las tierras del país y aprender a manejarlas. Desarrollar actividades que puedan usar el suelo de una forma más productiva para la frontera agrícola. Parece ser que la minería ilegal es su mayor problema. Desde 2004, la deforestación en la Amazonia brasileña mermó en 70 %, gracias a una negociación con los agricultores y ganaderos, que protegieron el territorio de la tala de árboles y delimitaron la ganadería extensiva. De manera que hay que confiar a las comunidades la capacidad de controlar sus tierras. Sin embargo, las acciones ilícitas comprenden una gran problemática. Nosotros aún no sabemos cómo manejar este asunto en la Guyana Francesa; incluso, la situación allí se torna muy violenta.

¿Cómo podría alcanzar Colombia una resiliencia climática dentro de los sistemas sociales, naturales y económicos?

Con respecto a la resiliencia ambiental, hay que considerar la destrucción de capital físico y vidas, la afectación del capital financiero, y habría que pensar en las precauciones que el país debe asumir para conservar los recursos. Mantener una capacidad de inversión incluso cuando hay esos eventos dramáticos. Pero hay que ir más allá, porque este cambio toma muchas formas y lo han enfrentado aquí: las sequías, las lluvias y una evolución lenta de los ecosistemas.
Con base en eso debe pensarse qué equipo de agricultura se puede desarrollar entendiendo que los recursos de agua van a ser más escasos, y reflexionar sobre la infraestructura apta contra las lluvias y las inundaciones. Más por las enfermedades, que exigen una inversión de salud, lo cual requiere investigación científica amplia. Y todavía no estamos ahí, ningún país.

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