Literatura para salvarnos de la guerra

Gloria Stella Nupán hace parte del grupo de 19 bibliotecarios que viajarán a quince zonas veredales y cinco puntos transitorios de normalización donde están los miembros de las Farc. Esto como parte del proyecto que llevará los servicios bibliotecarios a las zonas rurales del país

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La bibliotecaria Gloria Stella Nupán, ganadora del Premio Nacional de Bibliotecas Públicas Daniel Samper Ortega 2014.
Gustavo Torrijos

Cuando Gloria Stella Nupán tenía 14 años, decidió irse de la finca de sus padres. No soportaba la presión del Ejército. No aguantaba que en el trayecto de ocho horas desde su vereda al centro del pueblo –en el Valle de Guamuez, Putumayo– la pararan y le dijeran que era colaboradora de la guerrilla. No soportaba que quisieran que se quedara con ellos, los del Ejército, a los que les respondió una y otra vez: “Me quedo, pero únicamente muerta. Pueden disparar”.

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Se fue con las botas que todos los campesinos usan para trabajar, las de caucho, las mismas por las que la juzgaban. Se fue cansada del asedio que le producía estar en medio de la guerrilla, los paramilitares y el ejército. Se fue del campo al colegio.

A los 16 años entró a estudiar bachillerato de noche, en el día le ayudaba en los oficios de la casa a la esposa de un amigo de su papá. Amigo que se convirtió en alcalde del municipio Valle de Guamuez y le dio a Nupán la llave de un salón en donde estaba una supuesta biblioteca. La designó para que la manejara, a pesar de que ella nunca había visto una; confió en su amor por los libros, por la literatura.

“Antes de entrar allí, los libros que había leído era porque el profesor o el señor que vivía al lado me los prestaban. No conocía una biblioteca. Cuando llegué a ese salón, había unos siete estantes de puros textos escolares y pocos cuentos. Le saqué el sabor a cada uno, porque me gusta muchísimo leer”.

Entre los treinta libros de literatura que había encontró una colección de Libros para soñar, eran delgaditos y rojos. La primera historia que leyó fue la de Blanca Nieves. Después siguieron todos los cuentos de los Hermanos Grimm. “Esos los conocíamos porque cuando estábamos en la finca nos sentábamos en la tarde alrededor del fuego a escuchar los relatos que nos narraban mi papá y mi mamá”.

Eso fue hace 24 años, cuando a la Biblioteca Luis Carlos Galán Sarmiento —ubicada en la vereda Las Malvinas, en Valle del Guamuez— entraban diez personas y Stella Nupán se quedaba sola en medio de ese arrume de libros y de polvo. Esa habitación diáfana se convirtió en su hogar. 

En poco tiempo, Nupán logró hacer de ese salón una verdadera biblioteca, en donde los estudiantes podían ir a repasar las materias que iban perdiendo en el colegio y tener su asesoría. Así pasó de recibir diez niños a doscientos. Ante el aumento de público, los contenidos editoriales se hicieron escasos. Sin embargo, su ímpetu la llevó a crear un puente con los docentes, quienes compartían sus libros y entre todos se retroalimentaban. 

“Yo era la única que conocía los libros y sabía dónde estaban, no tenía ni idea de cómo se clasificaban y para ese momento eso era suficiente. Hasta que en 1997 la biblioteca se inscribió a la Red Nacional de Bibliotecas Públicas de Colombia y recibí el primer taller de clasificación decimal de obra. Aprendí a irles colocando números”.

A medida que Nupán se capacitaba resurgía la biblioteca, además de recibir una dotación de 2.300 libros. Logró que esas miradas perdidas de las víctimas del conflicto armado en la zona encontraran en ese espacio una nueva forma de entender el mundo. Su labor no solo ha sido la de clasificar libros o facilitar la consulta de los mismos: en estos 24 años de servicio, ella, que ha vivido de cerca la guerra y les ha dado voz a los habitantes del municipio a través de la revista literaria Katharsis, les ha permitido que exorcicen los demonios que trae consigo la violencia.

Hace doce años se publicó en una imprenta del pueblo la primera edición de esa revista. Fueron 60 páginas que recogían relatos, poemas e historias de las familias que tenían a un ser querido desaparecido. La publicación anual ahora tiene 99 páginas: hay más cuentos, narraciones y una sección dedicada a recoger el dolor o la denuncia a la violación de los derechos humanos. Su labor ha sido incansable por crear una memoria a través de la escritura.

En compañía del grupo de voluntarios Amigos de la Biblioteca ha liderado un programa radial, donde anima a que la gente lea y asista a la biblioteca, además de llegar a los lugares más lejanos del casco urbano.

“Desde 2013 trabajo con la biblioteca en zonas rurales. Armo mi maleta con 25 o 30 libros, en especial infantiles, y me voy a las veredas. Como me crie en el campo, sé que los que están allá no tienen las herramientas de una biblioteca”.

Nupán –ganadora del Premio Nacional de Bibliotecas Públicas Daniel Samper Ortega 2014– ha viajado casi diez horas para poder acercar los libros a todos los habitantes de su región. Se arriesgó a quedar en medio de un enfrentamiento o a que un oleoducto estallara cerca de donde estaba trabajando. Hoy agradece la ejecución del proceso de paz con las Farc, se siente tranquila de poder salir y recorrer su pueblo.

“El primer cese al fuego para nosotros en Valle de Guamuez fue tranquilidad. Podía salir a las veredas con más confianza y cargarme mi maleta de libros. No me daba tanto miedo ir caminando y que me pararan a preguntarme hacia dónde iba”.

Bibliotecas Públicas Móviles para la paz

Esta vez Gloria Stella Nupán no llevará consigo solamente una maleta, la acompañarán en un viaje de dos horas, desde el Valle del Guamuez a Puerto Asís, Putumayo, los cuatro módulos que componen las Bibliotecas Públicas Móviles que se instalarán desde el 1 de marzo en las zonas veredales y puntos transitorias de normalización, en el marco del proceso de desarme con las Farc.

En este proyecto, coordinado por el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia, en asocio con la ONG francesa Bibliotecas Sin Fronteras, llevará, en este caso, a la vereda Carmelita 380 libros físicos y más de 200 digitales, con títulos que incluyen textos académicos y literarios para todas las edades. Además, películas, juegos de mesa y una amplia oferta de contenidos digitales.

“Después de haber estado en las veredas, sé lo importante que va a ser para estos niños conocer una tableta o tener libros. Espero encontrar entre los títulos Cosita linda, de Anthony Browne, porque a los niños les gustan mucho las imágenes y la historia. Con los jóvenes me gustaría compartir Tokio blues, de Haruki Murakami. Y tener literatura colombiana. Para cada grupo vamos a tener libros y voy a ver qué gustos tienen”, afirma Nupán.

Stella Nupán hace parte del grupo de 20 bibliotecarios que se irán por seis meses a estas veredas a compartir con la comunidad y los desmovilizados. Dejarán sus casas para reintegrar a otros a la vida civil, buscarán a través de las lecturas en voz alta esos espacios de debate e integración. Harán que la literatura nos salve a todos de los vestigios que dejó la guerra.