“Les puse la cara a la justicia y a la sociedad”: Carlos Arturo Velandia

Luego de ser designado gestor de paz para recobrar su libertad, hace una reflexión sobre los retos de la justicia en el posconflicto con las Farc.

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Carlos Velandia estuvo preso 30 días por orden de la Fiscalía, hoy se encuentra en libertad por su designación como gestor de paz.
Óscar Pérez

Hace ocho días, Carlos Arturo Velandia fue puesto en libertad gracias a su designación, junto a Francisco Galán, como gestores de paz por parte de la Oficina del alto comisionado para la Paz. Velandia había sido capturado por la Fiscalía el pasado 20 de junio pese a que pagó diez años de prisión por sus actividades como comandante del Eln. Desde la sala de su casa, donde se ha refugiado desde que recobró su libertad, asegura que no ha salido mucho porque le retiraron el esquema de seguridad y se siente vulnerable, pero también porque ha vuelto a sentir la condena social que signa a quienes dejaron las armas. Con preocupación por su futuro pero con el empeño de ayudar a sellar la reconciliación, Velandia le ofreció al El Espectador sus reflexiones sobre lo que vivió desde el día en que volvió a prisión

¿Qué significó volver a ser capturado?

Es algo que nunca me pasó por la cabeza. Tenía la certeza de haber saldado todas mis deudas con el Estado y con la sociedad, había creído que la justicia me ofrecía garantías, pero no ocurrió. La sorpresa empezó cuando en el avión me llamaron a presentarme a la puerta y allí habían montado un estudio de televisión para capturarme. Cuando me identifiqué encendieron luces y cámaras, como si se tratará de un reality.

¿Cuál fue su reacción?

Una vez me leyeron los cargos, les dije: “Este es un vulgar montaje”. Es un proceso montado a mis espaldas, violando mi derecho a conocer proceso. En el 2015 realicé 70 conferencias en distintas partes, salí más de 30 veces en medios de comunicación, participé en la coedición de dos libros sobre paz, me reuní con el presidente de la República en una ocasión, todo el tiempo estuve protegido por la Unidad Nacional de Protección. Me he reunido con parlamentarios, alcaldes, periodistas. Sin embargo, se me declaró reo ausente y no se me dio la oportunidad de presentar descargos. La orden de captura decía ser del 16 de mayo y sin ningún tipo de beneficio, así que me sometieron a una fuerte enclaustramiento en un calabozo de 1,50 por 2,25. Allí estuve 30 días y se me permitía salir una sola hora a tomar el sol.

¿Qué pensó en ese momento?

Se me derrumbó el mundo. No sólo por el impacto personal, sino por mi familia. Me preocupaba mi esposa, que estaba en España firmando un contrato laboral porque en Colombia no tenemos trabajo. Esto ha significado un dolor familiar muy grande, el desconcierto de los amigos, el miedo de los vecinos. Me presentan como un terrorista, un jefe guerrillero activo.

¿Cree que su captura buscaba presionar al Eln?

No creo que hayan tenido ese propósito, porque a todas luces se saben que no tengo vínculos orgánicos con esta guerrilla. Si esa era la idea, están totalmente equivocados. Yo no significo nada para el Eln.

¿Qué se buscaba entonces?

Por un lado, estrenar el nuevo método de macroimputaciones. Una metodología traída de los cabellos que desconoce la responsabilidad individual. Se definió que, como en el momento en que ocurrió un secuestro yo era vocero del Eln para los diálogos, desde la cárcel, entonces era responsable por todo lo que pasaba. Lo que equivaldría a pensar que todas las conductas cometidas por la Fuerza Pública deberían tener la corresponsabilidad, por ejemplo, del presidente de la República como máximo comandante. Entonces Uribe tendría que pasar por el mismo calabozo en el que estuve, por los falsos positivos.

Entonces, ¿por qué cree que lo capturaron?

No es gratuito que mi captura hubiera sido el 20 de junio, tres días antes de que se anunciara el acuerdo sobre el fin del conflicto en La Habana. Y es que si la captura estaba pedida desde mayo, y yo salí del país el 3 de junio, ¿por qué no se hizo efectiva?, ¿por qué me permitieron salir? Eso no lo entiendo, pero sí sé que mi captura tuvo efecto en la mesa de diálogos, tanto que en el discurso de Timochenko se me menciona, pidiéndole al presidente, delante del secretario general de Naciones Unidas, que revise mi situación.

¿Qué lecciones dejó este episodio para el proceso de paz?

Lo ocurrido conmigo sembró muchas preocupaciones, porque la guerrilla se veía reflejada en ese espejo. Imagino que las Farc se están preguntando si después de saldar sus deudas les puede ocurrir lo mismo que a mí. El problema es la seguridad jurídica de los acuerdos de paz. Por eso las Farc siguen pensando que el único blindaje es una Asamblea Nacional Constituyente. Con esta situación queda la incertidumbre sobre la justicia colombiana, que funciona al capricho de sus funcionarios, con intereses protervos, orientados por la venganza o interés políticos.

¿Por qué lo dejaron en libertad?

Primero, por la enorme solidaridad que recibí, por lo cual estoy muy agradecido con mucha gente. Me liberaron en razón a la decisión que tomó el presidente Juan Manuel Santos de darme la libertad que no me concedió el fiscal, que no me concede la justicia, porque él estima que se está cometiendo una arbitrariedad.

¿Se siente tranquilo?

No, estoy agradecido con el presidente Santos, con el ministro de Justicia y del Interior, con Sergio Jaramillo, quienes han intercedido por mí. Me alivia un poco ver la solidaridad que recibí de tanta gente, de mi familia, pero no me siento tranquilo. Tengo que afrontar un proceso injusto, porque yo estuve diez años en prisión y desde ese momento he estado trabajando por la paz. Si se puede hablar de diálogos de paz, es también por mi contribución a los diálogos, yo he estado en mesas de negociación con tres gobiernos, incluyendo el de Uribe. Todos ellos podrían ser testigos de mi comportamiento a favor de la paz. Desde prisión nunca alenté la guerra, antes fui crítico de lo que ocurría en los campos de batalla, hasta estos secuestros ocurridos en el Valle del Cauca por los que se me juzga. Es más, hay una filtración de una comunicación de 1999 en la que se puede observar que expresé mi preocupación por esos secuestros.

¿Cómo está su seguridad?

Hoy estoy muy vulnerable. Desde que regresé a Colombia había conseguido andar un poco tranquilo, lograba pasar desapercibido, sin ser señalado, pero desde la detención, nuevamente he sentido la estigmatización. Se me ha mostrado con perfiles que no corresponden a lo que soy. En redes sociales me señalan con frases muy fuertes, amenazantes. A eso hay que sumarle las dificultades laborales, y es que ganarse la vida siendo es exguerrillero no es fácil. No es cierto que esta sociedad nos reciba con los brazos abiertos.

¿Qué papel va a cumplir como gestor de paz?

Las tareas habrá que definirlas con la oficina del alto comisionado para la Paz, pero lo que sí sabemos es que tanto Francisco Galán como yo, tenemos una experiencia acumulada a lo largo de los años en procesos de negociación, podemos aportar mucho a la pedagogía de paz, a la divulgación de los acuerdos, pero sobre todo a la reconciliación. Al encuentro de excombatientes con la sociedad.

¿Y en el proceso de paz con el Eln podrían jugar algún papel?

Tanto Galán como yo tenemos toda la voluntad. Nos genera enorme preocupación que no haya una mesa instalada con el Eln, y podríamos ayudar, pero solamente si las partes nos lo piden.

¿Cómo fue volver a una celda después de trece años en libertad?

Fue una sensación terrible. Verme encerrado en unas condiciones inhumanas fue dramático. Ojalá la Fiscalía revise esos calabozos. Esas no son condiciones para tener a una persona. Estuve 30 días aislado del mundo, únicamente con un radiecito que me permitieron tener, pero no podía entrar ni una seda dental para mi higiene. Fue doloroso sentir que no tenía derechos y desandar unos pasos que creí que nunca iba a repetir. Yo encaré los retos de la guerra, la muerte, la prisión. Le puse el pecho a la brisa, la cara a la justicia y a la sociedad. El Estado me impuso una pena, no me rebajó ni un segundo, y yo les pagué y ahora se vuelve a presentar esto. Esto me ratifica que en verdad los exguerrilleros no tenemos garantías jurídicas, ni nos espera una sociedad con los brazos abiertos.

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