La Ruta Pacífica de las Mujeres, 20 años de aprendizaje en medio de la guerra

Marina Gallego, coordinadora de la Ruta Pacífica, cuenta la historia y logros de esta organización, que durante dos décadas ha visibilizado la violencia contra la mujer en medio del conflicto armado y ha impulsado la inclusión de las mujeres en el Acuerdo de Paz con las Farc. 

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Marina Gallego, coordinadora nacional de la Ruta Pacífica.
Óscar Pérez

Marina Gallego es la coordinadora nacional de la Ruta Pacífica, organización que cumple dos décadas movilizando a miles de mujeres a lo largo del país, denunciando la afectación particular que ha provocado el conflicto armado en el cuerpo de ellas, realizando investigaciones y haciendo incidencia para que en el proceso de paz entre el gobierno y las Farc se tomaran en serio la inclusión de las mujeres y el problema de la violencia sexual.

-¿Cómo celebran estos 20 años en la Ruta? 

Se cumplieron el 25 de noviembre pero se celebran este miércoles. Vamos a hacer un seminario internacional con dos invitadas que han investigado procesos de conflicto y poscfonflicto en países como Bosnia, El Salvador, Guatemala. Han visto qué ha pasado con las mujeres en esos procesos. También vamos a analizar desde los territorios qué esperamos en términos de la implementación del Acuerdo de Paz, esto lo traen las mujeres de los territorios que también pertenecen a la Ruta. El informe final lo entregaremos a entidades del gobierno. Por la noche, celebraremos los 20 años y también la firma del Nuevo Acuerdo de Paz.

-¿Cómo nació la Ruta? ¿Cuál ha sido el proceso durante estas dos décadas?

En 1995 empezamos a hablar de la necesidad de empezar a manifestarnos, porque ya eran muy evidentes los impactos en las mujeres en los años 90, que eran años muy fuertes en masacres, despojos y desplazamientos. También estábamos conscientes de que en la guerra suceden situaciones en el cuerpo de las mujeres, como la violencia sexual, que tampoco estaba siendo suficientemente documentada ni denunciada. La subsecretaria de la mujer de la Gobernación de Antioquia nos dijo en una reunión que en un pueblito de Pueblo Nuevo, en el Urabá antioqueño, el 70% de las mujeres habían sido violadas por algún actor armado. Decidimos hacer una movilización nacional de acompañamiento a las mujeres del Urabá. Nos fue bien, fue muy visible nacional e internacionalmente. Así que decidimos continuar. La movilización se llamó Ruta por la Vida, y llamamos a nuestra organización Ruta Pacífica, por el papel pacífico que juegan muchas mujeres en medio del conflicto. 

Ya hemos hecho 20 movilizaciones nacionales, hemos movilizado más de 100 mil mujeres, hacemos movilizaciones territoriales constantemente. Tenemos un plantón cada mes de mujeres de negro contra la guerra. Esto ha sido una parte de lo que hemos hecho. También hicimos una Comisión de la Verdad en 2013, que fue un aporte para la mesa de negociación entre el gobierno y las Farc y seguirá siendo un aporte para los procesos de esclarecimiento de la verdad que vendrán. Allí, mil mujeres nos dieron sus testimonios, que muestran los graves impactos del conflicto en ellas. Además, hemos hecho varias investigaciones sobre las mujeres como conctructoras de paz y como víctimas del conflicto armado.

-¿Cómo está organizada la Ruta Pacífica en Colombia?

Somos 300 organizaciones de mujeres. Estamos en nueve departamentos pero incidimos en otros dos. Tenemos una estructura regional, en la que en cada regional hay 20 o 30 organizaciones de mujeres. Son tanto de las zonas urbanas como rurales o semirurales. Hay mujeres afrodescendientes, indígenas, amas de casa, artistas, estudiantes, jóvenes, adultas, adultas mayores, profesionales, académicas, activistas… es un movimiento muy plural y diverso. Esa es nuestra riqueza. Estamos aproximadamente en 142 municipios. Hacemos incidencia permanente; la Ruta es conocida en esos territorios, tiene fortaleza para la construcción de la paz y lo que viene en la implementación del acuerdo.

-¿Cómo incidieron en todo el proceso de paz con las Farc?

La Ruta y otras organizaciones empezaron a cuestionar la situación que se estaba dando en la mesa: no había mujeres plenipotenciarias, el acuerdo agrario no tenía perspectiva sobre las mujeres campesinas ni beneficios concretos para ellas. Eso nos llevó a cuestionar que en el acuerdo íbamos a quedar las mujeres por fuera, siendo una población muy afectada por el conflicto armado, pero que también ha sido constructora de paz en medio de circunstancias muy graves. Eso nos llevó a hacer una cumbre con alrededor de 500 mujeres, donde expresamos qué esperábamos de un acuerdo de paz y de la impementación. El documento que salió de ahí sirvió de insumo para enviar a la mesa de negociación, nombraron dos plenipotenciarias del gobierno. Esto coincidió con que las mujeres de las Farc también estaban preguntándose por la perspectiva de género y los derechos de la mujer. Todo eso se conjugó para que crearan la Subcomisión de Género en la mesa de La Habana. Dimos insumos a esa Subcomisión para lo que quedó en el acuerdo, tanto en el primero como en el segundo.

-¿Qué papel van a jugar en la implementación?

Tenemos músculo organizativo y propuestas en términos de construcción de paz por parte de las mujeres. Nuestra disposición es poner al servicio de Colombia el aprendizaje de 20 años en medio de la guerra. Aprendizaje para la construcción de paz. Ese es nuestro aporte a lo que viene. También demandamos que en la implementación del acuerdo se incorporen a las mujeres en la toma de decisiones y en todos los espacios de participación. Vamos a ser veedoras y vamos a monitorear que el acuerdo se implemente con inclusión. Creemos que este acuerdo es lo mejor que se ha logrado y que el país tiene que pasar la página de la guerra.